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16 agosto 2016 2 16 /08 /agosto /2016 23:00

Si no nos defendemos contra el plan de estudios impuesto en las escuelas, los periódicos, la radio y la televisión, nuestros pensamientos seguirán siendo nuestros enemigos, por ser los pensamientos del enemigo

Vicente Romano (“La formación de la mentalidad sumisa”)

En el último número de esta serie ya estuvimos planteando toda la parafernalia en cuanto a lo que se refiere a la predominancia que el llamado "espíritu emprendedor" está tomando en nuestra sociedad actual, y los planteamientos que el pensamiento dominante nos hace al respecto. Como vimos, es muy fácil desmontar sus auténticas motivaciones. Y por otra parte, si siguiéramos ese paradigma dominante hasta sus últimas consecuencias...¿tendría que haber tantas empresas como personas habitamos el planeta? ¿Tendría sentido un mundo donde todos compiten contra todos? Evidentemente, no se llegaría nunca a dicha situación porque los grandes irían absorbiendo a los pequeños...pero entonces...¿qué les pasaría a éstos? ¿Quedarían abandonados a su suerte? En una sociedad donde imperaran únicamente los valores del individualismo, de la competencia, del egoísmo y de la insolidaridad, es decir, donde se destruyeran totalmente los valores de comunidad (altruísmo, cooperación, solidaridad, bien común, etc.)...¿qué nos depararía en el futuro? ¿Es ese el modelo de sociedad que queremos? ¿Cuál es la explicación política de fondo para la difusión de este perverso paradigma? ¿Qué fines persiguen los oscuros intereses que lo mueven?

 

Pues veamos: ante el progresivo desmontaje del empleo público (que según el paradigma "emprendedor" debería quedar relegado a un porcentaje residual), la deslegitimación de los sindicatos y las campañas de acoso y derribo destinadas a los funcionarios y a los empleados públicos en general, el mensaje final no puede ser otro que el famoso "¡Hágaselo usted mismo!", es decir, la terrible moraleja se podría expresar del siguiente modo: "Si tu sociedad no te ofrece un puesto de trabajo, créatelo tú mismo". La precariedad y la explotación se convertirían así en autoprecariedad y autoexplotación, y se difundirían aún más por esta vía los valores inherentes al capitalismo, tales como la competitividad, el egoísmo, la avaricia y el individualismo. El fin perseguido por los adalides de este pensamiento es una sociedad absolutamente salvaje, desregulada, donde el poder y la influencia fueran directamente proporcionales a las cantidades de los balances de sus empresas, y donde la desigualdad fuera el tótem característico. Es la sociedad donde se legitiman dichas desigualdades, un modelo de sociedad cruel y despiadado, en último término fascista, pues se adoran los valores que permiten que mientras existan personas nadando en piscinas de oro, una élite privilegiada, cada vez más minoritaria, la inmensa mayoría social no sólo quede abandonada a su suerte, sino cada vez con menos protección social, más desempleo, más precariedad, más exclusión, más pobreza, más miseria, más barbarie. El retrato final, que no dista mucho de la sociedad que tenemos hoy día, permite observar que mientras una élite social se ahoga en la abundancia, la inmensa mayoría se ahoga en la desesperación y en la miseria. 

 

Bien, continuando con los nocivos efectos de la influencia del pensamiento dominante, que como vemos rayan en la injusticia, la insolidaridad, la crueldad, el egoísmo, el beneficio insaciable...podemos también poner otros ejemplos que rayan, simplemente, en la idiotez social, en la alienación y en la imbecilidad colectiva. Bastantes ejemplos de ello fueron tratados en nuestra serie de artículos "Retrato de una sociedad alienante", que recomiendo a los lectores que aún no la hayan seguido. Aquí les voy a dejar a mis lectores sólo un ejemplo más del nivel de estupidez social al que el pensamiento dominante nos conduce, como es el que pudiéramos llamar "Ciudadanismo". Me voy a basar para explicarlo en los planteamientos de una carta que Jimmy Muelles envió recientemente al medio Rebelion.org (contando su experiencia personal), y que los lectores pueden buscar allí en su formato original. El autor tituló su fantástica carta: "El ciudadanismo como forma de sumisión". Muelles enfrenta el concepto de "civismo", lógicamente de una carga positiva como valor comunitario, en cuanto al conjunto de las normas que nos permiten convivir en una comunidad, frente al concepto de "ciudadanismo", que él define de la siguiente forma: "El ciudadanismo no es moral, es un revoltijo de ideas que mezcla los valores cívicos de la tradición republicana con cualquier ley, ya sea la ,Constitución o una ordenanza municipal". Y como tal revoltijo, el ciudadanismo impone una serie de normas que el pensamiento dominante contempla, y las lleva a típicas conductas ciudadanas, muchas de las cuales, llevadas al extremo, pueden rayar la más supina estupidez. 

 

 

Y así, por ejemplo, nos encontramos con ciudades que, en vez de convertirse en verdaderas ciudades animalistas, creando parques y jardines habilitados para ellos, plazas públicas y playas preparadas para la convivencia con los animales, lo que preparan son (bajo su obsesión de que las normas ciudadanas de limpieza tienen primacía sobre cualesquiera otras) sofisticados sistemas de identificación de excrementos de perro, para poder multar a los dueños que no recojan los excrementos de sus canes. Este ridículo "ciudadanismo", como explica Muelles, pretende crear la conciencia colectiva para fabricar un tipo de ciudadano/a que no conciba más libertad que la supervisada por el poder. Se confunden estas absurdas "normas de convivencia" con el respeto al prójimo, y con un más absurdo aún "respeto a las tradiciones", aunque las tradiciones consistan en auténticas salvajadas, como sacar toros y vacas a las calles del pueblo, por las fiestas populares veraniegas. "Su razón de ser se explica por la degeneración (inducida) del sentido de justicia de los individuos, y dicha degeneración provocada sirve a unos intereses determinados, en concreto, al status quo del sistema político que sustenta unas relaciones sociales que son injustas", asegura Jimmy Muelles. Pero el autor nos pone aún más ejemplos: "Que una persona migrante y pobre sea despojada de su dignidad y sus derechos más básicos por no tener papeles, es cívico. Que esa misma persona intente ganarse el pan vendiéndote baratijas mientras te emborrachas en un bar, no lo es, y será deportada por buscarse la vida". Podemos asimilar muchas más situaciones como éstas. 

 

El "ciudadanismo" confunde la idea de justicia con el derecho, que no es sino el lenguaje con el que nos habla el Estado, lo cual es muy perjudicial para el pensamiento crítico. Asumir con total naturalidad que lo que los legisladores piensan y dictan es la verdad sin más es un absoluto y completo ejercicio de imbecilidad colectiva. De esta forma, la sustitución de la ética por la ley, venga ésta de donde venga, puede provocar situaciones realmente absurdas e intolerables como las que hemos descrito más arriba. El "ciudadanismo" crea individuos obedientes al orden dominante, fabrica "amigos" de la ley y el orden, pero perjudica al espíritu y al pensamiento crítico de las personas. Jimmy Muelles se interroga: "¿De qué sirve que el niño no tire las cáscaras de pipas al suelo, mientras  se obvian los procesos que hacen posible que ese mismo niño se pase horas frente a la pantalla de su consola, y sus consecuencias?". Nosotros podríamos añadir muchos ejemplos más: se obliga a los vehículos a circular a no más de 30 Km/h en el entorno urbano (lo ideal sería que los coches no circularan siquiera por los entornos urbanos), mientras se permite que los transeúntes vayan por la calle absortos escuchando música (los cual les inhibe de los posibles ruidos, incluso peligrosos, que puedan darse a su alrededor), o consultando los mensajes de sus teléfonos móviles, o la última moda juvenil: ¡cazando pokémons! Como vemos, muchos ejemplos podemos poner sobre la absurda y estúpida relación del "sentido común" con las normas de este ridículo "ciudadanismo". El pensamiento  dominante, como vemos, posee mil flecos, y todos ellos peligrosos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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