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12 mayo 2020 2 12 /05 /mayo /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (I)

Los españoles no saben en realidad quiénes son, pues ignoran quiénes fueron

Juan Goytisolo

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos, que como su nombre indica, tratará de exponer el falso relato que sobre el supuesto "Descubrimiento" del continente americano realizaron nuestros conquistadores españoles. Nos proponemos desmontar dicho relato dominante desde hace siglos en nuestro imaginario popular, para situarlo en sus justos términos. No es la primera vez que en nuestro Blog abordamos este asunto. Que yo recuerde, en al menos dos ocasiones anteriores lo hemos hecho: este artículo denunciaba el anacronismo y la manipulación en torno a la celebración del 12 de Octubre, mientras que este otro artículo se posicionaba a favor de que nuestro país pidiese perdón a América Latina, después de cierta polémica que hubo tras unas declaraciones del actual Presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Además de en estas dos ocasiones concretas, hemos abordado el asunto de pasada en otros muchos artículos, pero esta vez lo abordaremos de forma integral, intentando exponer las falacias del relato dominante, y la veracidad de los hechos ocurridos. A través de diversas fuentes y diferentes autores, iremos dando cuerpo al verdadero relato, para intentar acabar de una vez por todas con esa imagen procedente del imperialismo rancio que aún habita en nuestras mentes, debido, evidentemente, a la educación que hemos sufrido en este asunto. Nuestro objetivo se verá cumplido cuando, esperemos que en un tiempo no muy lejano, nuestros escolares dejen de estudiar las "hazañas épicas" de nuestros conquistadores del Imperio "donde nunca se ponía el sol", y cuenten los hechos bajo el prisma de la justicia y de la realidad objetiva. Existe un chiste gráfico popularizado dentro de la Campaña Continental "500 Años de Resistencia Indígena y Popular" bastante ilustrativo, en el que un indígena risueño traducía a su pueblo las palabras de un Cristóbal Colón recién llegado a su territorio de la siguiente forma: "...dice que se llama Colón y que viene a descubrirnos". Como puede verse, pone de relieve toda la idiotez del relato dominante. Porque en efecto, si nos paramos a pensarlo, primero causa mucha risa, y luego mucha pena. Debemos preguntarnos, en primer lugar, qué fue lo que encontraron los "descubridores" españoles a su llegada a aquellas tierras.

 

Tomemos para ello las palabras de François Houtart, quien en su artículo "El concepto de Sumak Kawsay (Buen Vivir) y su correspondencia con el Bien Común de la Humanidad", nos cuenta lo siguiente: "En la época pre-colonial, eran pueblos autónomos los que vivían en el Continente, con sus cosmovisiones, sus saberes, sus representaciones, su racionalidad; todos en correspondencia con su situación material y su modo de relacionarse con la naturaleza. "Desde tiempos inmemoriales --dice el mismo David Choquehuanca--, acostumbramos a hablar con nuestras aguas y respetarlas, con nuestro sol y nuestra luna, con los vientos, los puntos cardinales y todos los animales y plantas de nuestras tierras que nos acompañan" (D. Choquehuanca, 2010). Los ritos, los cultos, correspondían a la necesidad de actuar simbólicamente en una realidad difícilmente controlable y eran muy racionales. Se inscribían dentro de un pensamiento que podemos llamar simbólico (que identifica el símbolo con la realidad). La función social de éste último consistía por una parte, en expresar el carácter holístico del mundo y así crear una fuerte convicción de la necesaria armonía entre la naturaleza y los seres humanos, y por otra parte, en manifestar la fuerza de las representaciones y los ritos de la acción humana en su entorno natural y social. Los pueblos eran diferentes entre sí, con expresiones también variadas, pero con la misma cosmovisión fundamental. La colonización destruyó las bases materiales de estas sociedades y luchó contra sus culturas y visiones del mundo, sobre todo con argumentos y símbolos religiosos. Se trató de un genocidio combinado con un etnocidio. Dice Rodolfo Pocop Coroxon, de la CONIC (Coordinadora Nacional Indígena y Campesina) de Guatemala, a propósito de los Mayas en la época pre-colonial: "Lo que los españoles encontraron aquí fue un profundo respeto y reconocimiento del espacio, del universo, y del ser humano; todos éramos un mismo elemento: la vida" (2008). Es finalmente el discurso colonial el que ha creado la categoría socio-cultural "indígena" (José Sánchez Parga, 2009) como expresión de una relación desigual entre un colonizador superior y unos colonizados despreciados. Durante siglos, las visiones del mundo de los pueblos conquistados se transmitieron en la clandestinidad, por la vía de la tradición oral. Las mismas relaciones sociales establecidas por el colonialismo entre indígenas, blancos y mestizos, se reprodujeron después de las independencias, la autonomía siendo exclusivamente definida en referencia al poder metropolitano, dejando en el poder a las clases descendientes de los colonos". 

 

Y continúa: "Con el tiempo se produjeron cambios lingüísticos. Según José Sánchez Parga, el 30% de la población indígena del Ecuador ya no habla la lengua nativa (2009), como fruto de migraciones internas y de la urbanización. Sin embargo, la ola de emancipación indígena que arrastró a muchos de los pueblos orginarios de América Latina a una nueva dinámica y que, en algunos países, se tradujo incluso en cambios constitucionales, llevó a los movimientos indígenas a retomar sus referencias tradicionales. Algunas de éstas habían atravesado el tiempo, como la "pachamama"; otras, recibieron nuevas funciones políticas como el "Sumak Kawsay" (Ecuador) o el "Suma Qamaña" (Bolivia). Esto comprueba la dinámica de la cultura indígena de que los pueblos no se dejan transformar en objeto de museo, y que, como escribe Eduardo Gudynas (2011), entran en un proceso de "descolonización del saber". Con mucha razón Rodolfo Pocop Coroxon proclama: "Los pueblos de Abya Yala (América) no somos mitos, ni tampoco leyendas, somos una civilización y somos naciones" (2008)". Por su parte, Atawallpa Oviedo, en su artículo "El Buen Vivir postmoderno y el Sumak Kawsay ancestral" (2011), texto incluido en su libro "Qué es el Sumak Kawsay. Más allá del socialismo y el capitalismo" (Sumak Ediciones, Quito, págs. 174-205), afirma lo siguiente, citando a Josef Estermann: "Cuando llegaron los invasores españoles a Amaruka, contaron a sus reyes sus versiones de lo que ellos creían haber visto de los pueblos ancestrales. Las versiones eran tan disímiles, en algunos casos, que se acusaban mutuamente de mentirosos o de fantasiosos. Así, por ejemplo, los curas Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas, cuando fueron invitados a dar clases en la Universidad de Salamanca, mutuamente se acusaban de fabuladores. Ginés de Sepúlveda en su célebre libro "Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios", se dio el lujo de escribir toda una serie de justificaciones y razones para perseguirlos y matarlos, después de "haber descubierto a un indio salvaje, sin ley ni régimen político, errante por la selva y más próximo a las bestias y a los monos que a los hombres". Esto dio pie para que Bartolomé de las Casas le acusara de escribir "inmensas mentiras", en su obra "Brevísima relación de la destrucción de las Indias"

 

Y concluye: "Y ese ha sido el proceso repetitivo en estos 500 años y lo sigue siendo actualmente, aunque más sutilmente. En el fondo no ha habido ningún cambio entre los antiguos colonizadores y extirpadores de idolatrías y los modernos políticos y teóricos de hoy. Los antropólogos, historiadores, economistas de la "sociedad civilizada, moderna y desarrollada" siguen interpretando y contando la cultura de Amaruka desde sus antojos ideológicos y sus visiones egocéntricas. "Desde las palabras de Ginés de Sepúlveda hasta el día de hoy, el discurso principal no ha cambiado de fondo, sino solo gradualmente" (Josef Estermann, 1998). Nos cuenta Manuel Ruiz Robles en su primer artículo de la serie "España, un reino en descomposición" lo siguiente, que bien puede servir para contextualizar nuestro relato: "La historia de España está vinculada a un pasado de opresión sobre otros pueblos, jalonado de sangrientas batallas de liberación nacional que dieron lugar a nuevos Estados. Su forma de dominación ha sido seriamente documentada desde el siglo XVII. En 1620 se publicaba el volumen "Espejo de la cruel y horrible tiranía española perpetrada en los Países Bajos por el tirano, el duque de Alba, y otros comandantes del rey Felipe II". Dicho volumen contenía dos obras publicadas anteriormente, la primera es una versión abreviada de "Origen y evolución de los disturbios en los Países Bajos", de Johannes  Gysius y la otra, "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", del fraile dominico Fray Bartolomé de las Casas. Ambas obras relatan en detalle los crímenes y las atrocidades cometidos por España tanto en Europa como en el Nuevo Mundo". Sin embargo, estas referencias escritas, las que cuentan la verdad del "descubrimiento", han sido sistemáticamente ignoradas por los estamentos educativos durante los últimos siglos. El resultado ha sido un montón de generaciones de españoles y españolas educadas en un falso relato, un relato de grandeza y de heroísmo, cuando lo cierto es que se trata de un relato de muerte y destrucción. Y los libros de texto que se estudian en las escuelas son un primer escalón en dicha cadena del falso relato. Veamos un simple ejemplo: en su obra "Arqueología de lo jondo" (uno de los mejores ensayos que muestran la relación de nuestro arte flamenco con la cultura árabe-andalusí), su autor, Antonio Manuel, relata en primera persona una experiencia muy singular, que voy a rescatar a continuación.

 

Se sitúa al comienzo de la narración, y explica: "Hace unos años, mi hijo me pidió que le preguntase sobre un tema de historia del que se examinaba a la mañana siguiente. Estudiaba cuarto de primaria, y la lección versaba sobre la Edad Media en España. Tomé el libro en mis manos, asentimos con la cabeza en señal de estar preparados, y se puso a recitarlo con precisión milimétrica: "La Edad Media comienza con la caía del Imperio Romano y termina con el descubrimiento de América. Durante la Edad Media la sociedad se dividía en tres estamentos: la nobleza, compuesta por Reyes y caballeros; el clero, integrado por las órdenes y cargos de la Iglesia; y el pueblo llano, por campesinos y artesanos". El texto se ilustraba con un castillo, un monasterio y una plaza con una cruz rodeada de casas de piedra, más una representación de los personajes citados. Concluyó feliz y me preguntó: "¿Lo he hecho bien?". No contesté al pronto. Permanecí en silencio los segundos que separan la respuesta correcta de la oportuna. El dilema parecía sostenerse eternamente en la comisura de sus labios. Hasta que el pobre mudó la sonrisa por un gesto de preocupación y no tuve más escapatoria que contestarle compasivamente: "Tú sí, pero el libro no". No sé quién dijo eso del que busca la verdad merece el castigo de encontrarla. Mi hijo no la estaba buscando, pero yo no podía cometer el doble castigo de ocultársela. Le comenté que América no fue descubierta sino conquistada. Que ya existía antes de la colonización. Y aunque era muy pequeño, entendió lo perverso que puede llegar a ser el uso de las palabras para llamar a la verdad con otros nombres. Después lo senté en la ribera de la cama, como si estuviera a punto de zambullirse en unas aguas limpias que solo nosotros queríamos ver. Y le expliqué que esa Edad Media de la que habla un libro editado para niños y niñas en Andalucía, no fue nuestra Edad Media. Podría ser la de París o Londres, pero no la de Córdoba o Granada. Aquí, donde vivimos, además de nobles había emires, califas, cadíes...junto al clero mozárabe, coexistían rabinos judíos con ulemas musulmanes, todos andalusíes; que también eran pueblo los científicos, los médicos, los poetas, los arquitectos, los músicos...y que en todos los estamentos, siempre, debía nombrar a las mujeres de luz". El relato continúa, pero sirva este breve extracto como ejemplo de que lo queremos afirmar: es la educación, es el sustrato educativo, desde el más elemental nivel, quien nos ha conformado un relato falso, injusto y equivocado. Y ese relato llevamos cinco siglos reproduciéndolo. Ya basta, pues, de falsedades. Ese relato, evidentemente, es apoyado desde un sustrato superior, que es el sustrato político, verdadero responsable de emitirlo y de apoyarlo, con su educación, su conciencia y sus fiestas populares. Continuaremos en siguientes entregas.

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