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11 diciembre 2020 5 11 /12 /diciembre /2020 00:00
Sáhara Occidental: el Régimen del Terror y del Silencio (I)

Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor

Desmond Tutu

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos en la que, como su nombre indica, vamos a tratar de exponer la problemática del Sáhara Occidental, el origen del conflicto, su historia y situación actual. De entrada es un conflicto en el cual, como nos recuerda la cita de entradilla del gran líder sudafricano, la comunidad internacional viene siendo sorda y muda desde hace unas cuantas décadas, y por lo tanto, viene poniéndose del lado del opresor. Bien, hagamos siquiera un pequeño retrato histórico para poder ponernos en situación, y analizar en posteriores artículos los hechos con más calma. ¿Qué es el Sáhara Occidental? Situado en el noroeste del África, estamos hablando de uno de los lugares más hostiles e inhóspitos del planeta. Es por tanto un lugar sin interés geoestratégico para el resto del planeta, pero es objeto, como vamos a ver, de uno de los conflictos más largos y olvidados de la política internacional. Situado al sureste de Marruecos, estamos hablando de un territorio de una extensión comparable a la del Reino Unido, que cuenta con poco más de medio millón de habitantes. Se trata del pueblo saharaui, un pueblo nómada al que la dureza de su hábitat le obliga a moverse casi continuamente. Podríamos considerarlo como uno de los últimos grandes pueblos sin Estado que existen en el mundo. Como nos explica este interesante y didáctico vídeo de VisualPolitik que tomamos como referencia, el Sáhara fue durante siglos un simple lugar de tránsito entre Marruecos y Mali, por donde pasaban las caravanas dedicadas al comercio de la región. Cuando las rutas comerciales entre ambos países entraron en crisis, el Sáhara comenzó a ser una especie de tierra de nadie. A principios del siglo XVIII, el Imperio Español (todavía en auge en dicha época) comenzó a poner interés en este territorio por dos motivos principales: los caladeros de pesca de su costa, y la posibilidad de establecer puertos atlánticos más próximos al continente americano. En el año 1884 nuestro país reclamó como propio una parte mayor de dicho territorio, y años más tarde acordó con Francia el reparto del Sáhara, así como una nueva extensión de su área de influencia. Durante los años 30 del siglo XX, el Sáhara Occidental se convirtió de hecho en la última colonia española, y lo fue de facto hasta 1975, año de la muerte del dictador, y de la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España. 

 

El régimen franquista estuvo interesado en mantener el Sáhara como colonia porque estaba convencido de que más tarde o más temprano iban a descubrir allí enormes riquezas ocultas. De hecho, tras el descubrimiento de algunos yacimientos de petróleo y fosfatos durante la década de los años 40, el régimen estableció una cooperación con algunas empresas de cara a su previsible explotación. Pero se trataba de recursos de muy difícil extracción, y la empresa quedó olvidada. Las minas de fosfato sí que supusieron un buen proyecto, y fueron explotadas durante las décadas de los 60 y los 70. Por aquél entonces, el Frente Polisario (movimiento de emancipación del pueblo saharaui) ya luchaba contra España por su autodeterminación. Las minas de fosfato fueron atacadas por este movimiento de liberación, por lo cual el proyecto también quedó torpedeado. En noviembre de 1975, el gobierno de Marruecos aprovechó la coyuntura: un convoy civil marroquí conocido como "La Marcha Verde", formado por unas 350.000 personas avanzó y ocupó el Sáhara Occidental. En nuestro país, con Franco muy grave y el proceso de la Transición en marcha, el Sáhara no era precisamente la mayor preocupación. El resultado fue que España abandonó a toda marcha todas nuestras posiciones en el Sáhara, que pasó a tener un nuevo ocupante. Marruecos no solo ocupó el Sáhara sino que se hizo con el control de la mina, que actualmente produce unas 30 millones de toneladas de fosfatos. Cada año, esta mina le proporciona a las arcas públicas marroquíes más de mil millones de dólares. A ello se suman los enormes caladeros de pesca saharauis. Desde entonces, el pueblo saharaui ha reclamado su independencia. La ocupación marroquí es una ocupación ilegal: a ojos de todos los tratados y convenios internacionales, incluso a ojos de las Naciones Unidas, el Sáhara no pertenece a Marruecos, pero al ser un territorio oficialmente no descolonizado, España sigue siendo a todos los efectos la potencia ocupante, y se la tilda de "potencia administradora". Bajo estos moldes, la independencia saharaui ni está ni se la espera. 

 

El Sáhara está realmente en un limbo legal, puesto que no es independiente, ni es marroquí, ni es español. He aquí la terrible paradoja, y el motivo por el que lleva luchando durante décadas el pueblo saharaui. La zona oeste del Sáhara está prácticamente controlada por Marruecos, pero una pequeña franja al este, más pobre en recursos, está controlada por el Frente Polisario. En 1976, el Frente Polisario estableció en Argelia una especie de gobierno en el exilio, el Gobierno de la (autoproclamada) República Árabe Saharaui Democrática. Hoy día, más de 50 países a nivel internacional reconocen a este Gobierno en el exilio, pero Marruecos, la potencia ocupante de facto, en vez de replegarse, ha ido desde los años 80 controlando cada vez más territorio saharaui. A medida que ha ido extendiendo su control, Rabat ha ido construyendo hasta un total de seis muros para intentar contener el avance del Frente Polisario. En 1975 nuestro país firmó los llamados Acuerdos de Madrid con Marruecos y Mauritania. Según estos acuerdos, España transfería la labor administrativa del territorio saharaui a Marruecos y Mauritania, pero estos actores se desentendieron de dicha tarea. La ONU no reconoce como válidos estos acuerdos, porque no está permitido transferir el control de una metrópoli a otra de un territorio considerado colonizado, sin contar además con la voz y la opinión de su población. La ONU tiene encargado a España el proceso de descolonización del Sáhara, que ha de llevarse a cabo a través de un referéndum. Y aunque Marruecos es quien posee todo el control de facto, la ONU no puede reconocer la ocupación marroquí como legal porque eso sería sentar un peligroso precedente internacional. Por otra parte, Marruecos tiene como objetivo la plena anexión del territorio saharaui, algo a lo que evidentemente el Frente Polisario se opone. La situación lleva décadas empantanada, pues ningún actor del conflicto da ningún paso decisivo que pueda desbloquearla, y el pueblo saharaui no cesa en su empeño de reclamar el referéndum de autodeterminación. 

 

La ocupación marroquí ha propiciado el establecimiento de colonos, que ya suponen prácticamente la mitad de la población del Sáhara. Y con mano de hierro, la monarquía marroquí siempre ha reprimido violentamente cualquier intento o conato de rebelión por parte del pueblo saharaui, así como impedir la más mínima libertad de expresión. La ONG Amnistía Internacional viene denunciando sistemáticamente la continua violación de los Derechos Humanos que se produce en esta pequeña franja del mundo. Y España, como venimos contando, que es quien de verdad debería haber tomado cartas en el asunto de una forma valiente y decidida, ni está ni se le espera. En aras a mantener su amistad con el vecino marroquí, nuestro país siempre ha mostrado una cobardía y una tibieza indignas en este asunto. En resumidas cuentas, el pueblo saharaui lleva 40 años de lucha y exilio. Bien, hasta aquí el relato rápido, para poder hacernos una composición de lugar. Pero comenzaremos a contar la historia con detalle. Tomamos a continuación como referencia este artículo de Pablo A. de la Vega, publicado en el medio digital Rebelion. El Sáhara Occidental está situado en el noroeste del continente africano, con una superficie de 284.000 km2. Limita al norte con Marruecos, al oeste con el Océano Atlántico, al sur y sureste con Mauritania, y al noroeste con Argelia. Su población, cuyos idiomas son el árabe y el castellano, bordea el millón de personas. De acuerdo a las múltiples Resoluciones de las Naciones Unidas y el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, España, como potencia colonizadora, tenía la responsabilidad internacional de conducir el territorio saharaui a la descolonización, pero en vez de ello, lo abandonó en 1975 y lo entregó a Marruecos y a Mauritania, mediante los ilegales Acuerdos Tripartitos de Madrid. Entonces, una parte de la población saharaui se desplazó, bajo los bombardeos de la aviación marroquí, a la frontera con Argelia, estableciendo allí los Campamentos de Refugiados Saharauis, bajo la dirección del Frente Polisario, donde sobreviven hasta la fecha gracias a la ayuda humanitaria internacional. La otra parte del pueblo saharaui permanece bajo la violenta, injusta e ilegal ocupación marroquí, sufriendo sistemáticas violaciones a sus derechos humanos, por parte de las autoridades marroquíes y sus fuerzas represivas. 

 

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) fue proclamada el 27 de febrero de 1976, coincidiendo con el anuncio oficial del Reino de España de su retirada del territorio, sin atender a sus tareas de descolonización. Y ahí comenzó el calvario para el pueblo saharaui. Dos años más tarde, en 1978, Mauritania se retiró del conflicto armado; sin embargo, el Frente Polisario continuó su lucha armada durante los siguientes 16 años contra el Reino de Marruecos, que había extendido su ocupación sobre la parte del territorio que estaba anteriormente bajo dominio mauritano. A partir de ese momento, y como siempre ocurre en estos casos, comenzó una lucha diplomática para que terceros países reconocieran a la República Saharaui. La RASD, que goza del reconocimiento de alrededor de 85 países, es un Estado democrático que ejerce su plena soberanía sobre los territorios liberados. Es miembro constituyente de la Unión Africana (UA) y mantiene relaciones diplomáticas al más alto nivel con la mayoría de los países de África y América Latina. Por su parte, la potencia ocupante de facto, el Reino de Marruecos, se encuentra fuera de la Unión Africana desde 1984, debido precisamente a su ocupación del territorio saharaui. Marruecos y España no hacen nada por acabar con el conflicto, por lo visto su opción es eternizarlo, abandonando a su suerte al pueblo saharaui, y mientras todo ello ocurre, el resto de la comunidad internacional (como en tantos otros asuntos, véase sin ir más lejos el conflicto palestino-israelí, que ya desarrollamos en otra serie de artículos de nuestro Blog) ni se moja en el asunto, ni insta a que se mojen otros de forma tajante. El Derecho Internacional y los Derechos Humanos, una vez más, vilmente pisoteados por los intereses unilaterales de unos cuantos países. En el año 1991 se firmó y declaró el Alto el Fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, y la ONU arrancó el compromiso mayoritario de celebrar un referéndum de autodeterminación para el pueblo saharaui. Pero desde entonces, la monarquía marroquí ha obstaculizado este proceso por intereses exclusivamente particulares, con la complicidad de España (que es quien hemos dicho que tiene de verdad la responsabilidad legítima originaria), en contra de toda legitimidad y legalidad internacionales. El Sáhara Occidental representa el último vestigio del colonialismo en África, así que solo una acción decidida y valiente de las Naciones Unidas podrá alcanzar una solución justa y definitiva para el conflicto de esta región del planeta, tantas veces ignorada, relegada y postergada, y siempre negada de facto. Continuaremos en siguientes entregas.

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