Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
El único modo de que las cosas cambien de verdad es que construyamos una sociedad sin clases, donde el trabajo y sus frutos se repartan entre todos, donde la tecnología sirva para reducir la jornada laboral y donde la democracia no sea una extraña que nos visita una vez cada cuatro años. Ese futuro se llama socialismo y lo sepamos o no, lo construimos desde las luchas del presente, como los esclavos o los siervos rebeldes construyeron lo mejor de nuestra sociedad con sus esfuerzos del pasado
Y una primera gran conclusión del proceso de adaptación del Socialismo a nuestros días, es que éste, lejos de ser un dogma cerrado, hay que adaptarlo a la realidad de cada país, de cada territorio, de cada nación, de cada continente. Es el Socialismo el que ha de ser sensible a cada realidad de cada pueblo, y no a la inversa. Hay que retomar la base de la filosofía socialista, y engrandecer y adaptar el proyecto a cada realidad social que nos toca vivir. Quedarnos con lo que nos parece válido, y engrandecerlo y renovarlo con las diferentes corrientes de pensamiento que contribuyen a una mayor justicia social, aportando ideas del feminismo, del pacifismo, del ecologismo, del animalismo, del buen vivir. Vamos a seguir a continuación la exposición de Jon Illescas ("Jon Juanma", el mismo autor de nuestra cita original de entradilla), tomada de su obra colectiva titulada "Sembrando utopía: crisis del capitalismo y refundación de la Humanidad", cuando a este respecto reflexiona en los siguientes términos, los cuales suscribimos en su totalidad:
"El Marxismo es un instrumento científico de análisis de la realidad. Es un acervo teórico incompleto, perpetuamente abierto, como el resto de disciplinas científicas, que nos brinda una serie de conceptos (herramientas) con los que aproximarnos a nuestro lugar en el mapa de lo inconmensurable que significa ese vasto y mayoritariamente ignoto terreno conocido bajo el nombre de "realidad". Como la "realidad" no es mensurable por completo, ya que se basa en el desarrollo históricamente concreto y determinado de nuestros instrumentos y técnicas de medición, debemos estar abiertos a admitir errores, como el resto de las ciencias hacen. Debemos admitir la extensa posibilidad de estar equivocándonos en el presente. No debemos seguir adelante como si nada hubiera pasado. No podemos continuar como si no tuviéramos constatadas varias pruebas que nos dijeran lo contrario sobre el fracaso de la Dictadura del Partido Único (criminalización de la disidencia, ortodoxia del pensamiento, dogmas ideológicos, etc.); del mismo modo que la medicina contemporánea rechazó la validez de las sangrías como método de curación para las enfermedades infecciosas, debemos desechar las características que siguieron los revolucionarios del pasado en los procesos socialistas fracasados". Como podemos comprobar, Jon intenta transmitirnos el mensaje de que no todo el contenido inicial, los postulados científicos emitidos en un momento dado de la Historia, incluso aunque ese momento sea el momento fundacional, han de continuar vigentes en el futuro, sino que debemos recurrir siempre a la revisión, a la continua adaptación e influencia de las corrientes de pensamiento que puedan aportar ideas nuevas que vengan a refrescar el imaginario inicial.
Y continúa: "Tampoco se puede pretender hacer del Marxismo un dogma religioso, porque no es dogma ni fe sino teoría, ciencia por seguir construyendo basándonos en la razón y en la experiencia empírica. En las ciencias nunca nada está completamente cerrado, y las leyes científicas lo son como explicaciones teóricas que en ese momento son las mejores, pero que serán modificadas por los descubrimientos posteriores en mayor o menor medida. Ocurre como cuando Maxwell en 1873 dijo que el átomo era un cuerpo que no podía dividirse en dos. En su momento esto era una verdad científica porque en su tiempo era cierto, pero no era una verdad transhistórica, debido a que más tarde se descubrió que sí podíamos dividir el átomo. O incluso recientemente que se ha cambiado el peso atómico de diversos elementos de la tabla periódica, porque los anteriores se consideraban poco precisos. Lo que puede ser verdad histórica en un cierto momento no será la verdad del mañana, y por tanto, no es la Verdad en mayúsculas. Es por eso que el Marxismo no puede ser dogmático. Siempre debe permanecer abierto y cuestionarse sus propios conocimientos, ya que el desarrollo histórico de la materia y en particular, el desarrollo histórico de su expresión superior conocida, el género humano, podrá brindarnos algún día nuevos hallazgos que si se hubieran esbozado en épocas históricas anteriores, hubieran sido tachados de sueños, alucinaciones extraterrestres o en definitiva, cualquier otro tipo de afirmación acientífica. Por todo ello, el Marxismo no puede ser dogma ni imponerse por la extorsión de las armas, sino que para penetrar en la Humanidad y ayudarla a avanzar hacia la felicidad, únicamente puede hacerlo mediante el conocimiento, el estudio, el debate, el ejemplo y el amor".
Pensamos que efectivamente es éste el mejor criterio que podemos tener frente al Socialismo y el Marxismo. El criterio que nos impone la revisión crítica, la constante adaptación, aún sin abandonar los enfoques que inspiraron las ideas originales. Es decir, debemos partir del sustrato original, de la filosofía primigenia que inspiró a Marx, Engels y el resto de autores marxistas, para a partir de ella, configurar un corpus científico, político, social y económico (ideológico, en una palabra) que, manteniendo el germen inicial, se inspire en las nuevas aportaciones que las diferentes corrientes de pensamiento puedan aportar a la causa socialista. E igualmente, debemos revisar algunos preceptos e ideas originales que pudieran ser hoy día abandonadas, por obsoletas o inadecuadas. Todo ello nos conducirá al Socialismo y al Marxismo del siglo actual, no del siglo XIX, cuando dio sus primeros atisbos de asomarse a la realidad de su tiempo. Y sólo esta actitud, respetuosa con la visión metódica y científica de la idea original marxista, pero revisada y remodelada con sus aportaciones actuales, nos permitirá seguir abogando por un Socialismo y un Marxismo como verdaderas alternativas al sistema capitalista actual.
Y por su parte, José López lo explica en los siguientes términos, añadiendo la vertiente republicana al contexto donde libremente se elija el sistema económico que vayamos a seguir: "El Socialismo debe construirlo el propio pueblo, y esto nunca será posible hacerlo por encima de él, desde una élite "iluminada" que lo imponga. Y la "infraestructura" política que realmente posibilitaría el Socialismo o cualquier sistema que elija el pueblo no puede ser otra que la auténtica democracia. Una democracia en la que exista verdadera libertad de prensa, de expresión, en la que las ideas (todas, de derechas o de izquierdas) fluyan libremente por la sociedad y puedan ser conocidas y probadas en igualdad de condiciones. Una democracia en la que el pueblo pueda reconsiderar sus decisiones, en la que aún habiendo elegido el Socialismo o cualquier otro sistema económico en algún momento, pueda echar marcha atrás y descartarlo. Y esto no es posible en una República donde se impone una de las posibles opciones políticas en su Ley de Leyes. [Se está refiriendo al caso español, a la Constitución actual y a una posible República que no cambiara dichas bases] La República debe posibilitar, nada más y nada menos, que TODAS las opciones políticas, de todos los signos, tengan las mismas oportunidades. Y esto no es posible en las Repúblicas actuales (en nuestro caso Monarquía) declaradas imparciales pero con un contenido de derechas porque se impone en sus Constituciones el Capitalismo, pero tampoco en Repúblicas que impongan el Socialismo (ya se declaren explícitamente como socialistas o no). La República debe establecer las reglas del juego pero no el propio juego. Debe establecer la Democracia pero no debe imponer ninguna de las posibles opciones políticas que puedan surgir durante el juego democrático. Hay que trabajar por unas reglas del juego limpias, justas y eficaces que posibiliten el juego, que no lo restrinjan, que no lo coarten". Continuaremos en siguientes entregas con las opiniones y puntos de vista de otros autores.