Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Aceptando que el capitalismo no puede existir sin guerra, cuyos perjuicios recaen sobre las masas trabajadoras del planeta y de cada país, sobre los pueblos, la alternativa a la guerra no puede ser otra que superar el capitalismo
Guerras y capitalismo. Capitalismo y guerras. Dos caras de una misma moneda. Dos dimensiones de una misma realidad. Dos manifestaciones de un mismo mundo. La influencia del capitalismo globalizado es tal que justifica las guerras hasta en los mayores foros internacionales, y en las más prestigiosas convenciones. Sin ir más lejos, los mayores exportadores de armas se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU, tal como nos cuenta Lyndal Rowlands en este artículo para el medio internacional IPS, traducido por Verónica Firme para el medio digital Rebelion.org. Y nosotros nos preguntamos: ¿podemos imaginar una desfachatez mayor? Seguimos a continuación datos e informaciones del artículo de referencia. En efecto, y hasta mediados del presente año 2018, 9 de los 10 mayores exportadores de armas a nivel mundial ocupan un asiento en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Entre los nueve, hay cuatro que son miembros rotativos europeos del máximo órgano de seguridad de la ONU, como son España, Holanda, Italia y Ucrania, además de los cinco países permanentes con derecho a veto, como son China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia. Y como decimos, basándonos en datos del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo), dichos nueve países son los mayores exportadores de armas del mundo. Alemania, que figura en el lugar número 5 de la lista, es el único de los 10 que no ha integrado en el pasado reciente el Consejo de Seguridad de 15 miembros, ni está previsto que lo haga en el futuro inmediato.
El panorama es, por tanto, absolutamente catastrófico. Hablar de pacifismo bajo esta surrealista situación, siquiera intentarlo, es algo absolutamente utópico, mientras no cambiemos esa nefasta realidad. Que sean las potencias militares más fuertes las que integren el mayor foro internacional sobre seguridad es como poner al zorro a cuidar de las gallinas. Sólo dos de ellos, Estados Unidos (con el 33%) y Rusia (con el 25%) fueron responsables del 58% de las exportaciones mundiales de armas en el año 2015, según el citado organismo sueco. China y Francia se ubican en tercero y cuarto lugar, pero con una participación bastante menor que las otras dos grandes potencias. Los actuales conflictos en Yemen y Siria son ejemplos vivos y evidentes de la influencia que poseen estos exportadores de armas que integran el Consejo de Seguridad. La situación es tan paradójica como absurda, ya que las crisis mundiales que aborda el Consejo están precisamente provocadas por las irresponsables actitudes de los países que se sientan a su mesa. Pero aún llega a más el contrasentido, ya que precisamente son los integrantes del Consejo de Seguridad los que tienen la responsabilidad especial de mantener la paz y la seguridad mundial. Si no fuera porque es un asunto tan grave, nos podríamos desternillar de la risa con tan magnífico chiste. ¿Queremos más absurdos aún? Pues tomemos como referencia este estupendo artículo de Enric Llopis, donde denuncia y recoge cómo la Unión Europea pide indecentemente "responsabilidad" a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's), mientras suministra y exporta armas a los mismos países en conflicto de donde luego vienen las avalanchas de refugiados.
Son palpables las ventas de armamento europeo a estos países, los mismos de los cuales se denuncia su "presión migratoria", y frente a los cuales la UE practica un cierre de fronteras, desatendiendo al derecho internacional humanitario. Podríamos indicar muchos más absurdos, muchas más situaciones surrealistas que atentan contra el sentido común más elemental, y contra la más primigenia lógica. ¿Cómo es posible explicar estas situaciones? Pues insistiendo en la idea que venimos exponiendo en este bloque temático: es precisamente la globalización del capitalismo neoliberal impulsada por Occidente la que está llevando a provocar nuevas guerras en las periferias de este sistema, tal como afirma Darío Azzellini en su texto "El negocio de la guerra", algunos de cuyos pasajes seguiremos a continuación. Este texto puede descargarse libremente en formato PDF desde este enlace. Bajo esta perspectiva, formas de transformación de la conducción de guerras en una parte de la economía de mercado, pero también el creciente surgimiento de facciones paramilitares, ejércitos de mercenarios y de compañías militares privadas, representan hoy día una consecuencia directa de la gigantesca y peligrosa dimensión del capitalismo globalizado neoliberal. Los autores finalizan el prólogo del libro con los siguientes términos: "En realidad lo que hoy se expande por regiones cada vez más amplias del globo es un estado de guerra permanente de diferente intensidad que necesita respuestas mucho más complejas que la simple demanda de un cese a los bombardeos. Lo que requiere la situación actual es una crítica estructural a la "guerra", como un nuevo orden de expresión de las tendencias actuales de desarrollo del capitalismo".
El objetivo principal de la guerra como negocio es promover la industria militar, una fuente de excelentes beneficios para unas pocas empresas, accionistas, bancos y fondos de inversión que participan en esta ingente actividad. Veamos el caso español. Según la organización antimilitarista Utopía Contagiosa, responsable de este artículo para el medio "El Salmón Contracorriente", España se sitúa entre los puestos 6º y 7º del ránking mundial de ventas de armas (según el año) y mantiene una febril labor exterior de nuestra diplomacia (del Rey hacia abajo) en la promoción de la industria militar española y en la plasmación de grandes contratos armamentistas en el exterior. En este sentido, la acción de guerra del Ejército es un escaparate necesario para la venta de armas españolas. Según nuestros políticos, la venta de armas es un desarrollo necesario para poder disponer de una industria fuerte que nos permita su sostenibilidad, y dotarnos de las armas que necesitamos de forma autónoma, sin depender de terceros. Por ello (siguiendo siempre el razonamiento dominante) debemos participar en operaciones y misiones exteriores de guerra, para tener un ejército bien entrenado por si se necesita, y para impulsar la industria militar como una opción estratégica para nuestra autonomía militar y por su impacto positivo en el desarrollo industrial del país. Pero la verdad es que la industria militar no contribuye al desarrollo ni al avance científico ni social, es una tecnología muy parasitaria de los avances científicos desarrollados fuera del campo militar, y a pesar de proporcionar grandes beneficios a sus propietarios, sólo ofrece 20.000 puestos de trabajo reales, muy por debajo del desarrollo potencial de otros sectores de mayor calidad de desarrollo humano, o que proporcionen un mayor valor añadido.
Estamos pensando por ejemplo en los campos de las energías renovables, la educación o la sanidad, todas ellas centradas en resolver problemas humanos esenciales, y por tanto, en contribuir a avances sociales importantes y valiosos. Frente a todo ello, el gasto militar nos endeuda de forma insostenible con las empresas fabricantes, nos obliga a dedicar un porcentaje cada vez mayor del PIB para defensa (por nuestra pertenencia a la OTAN), mientras que dejamos abandonados (con recortes y presupuestos cada vez menores) otros muchísimos aspectos que sí contribuyen a mejorar la vida de las personas, tales como la vivienda, el empleo, la salud, la educación, un medio ambiente sano, etc. Hemos entrado en una especie de círculo vicioso, ya que hemos diseñado un dispositivo militar aberrante, con un sobredimensionamiento incluso desde el punto de vista del Ejército, con un mando por cada 2 soldados y soportando un gasto del que dependen dos millones y medio de personas. Los Planes Especiales de Armamento (PEA) generan además una deuda insostenible, que nuestros gobernantes disfrazan en otras partidas presupuestarias ocultas o agregadas a otros Ministerios, por la compra de armas que no se necesitan, que han sido adquiridas de forma opaca por personajes implicados en el intrincado sistema de intereses de las empresas militares y de la política, donde también se da el fenómeno de las puertas giratorias (véase el caso del ex Ministro de Defensa Pedro Morenés, auténtico paradigma de lo que decimos). En última instancia se mantiene siempre para estos asuntos la opacidad, pues en materia de política de defensa, el conjunto de la ciudadanía no tenemos opinión, ya que todo se decide de forma casi secreta, y no existe un verdadero control sobre tales proyectos ni decisiones. Continuaremos en siguientes entregas.