Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la Bomba Atómica, yo sugerí la mejor de todas: LA PAZ
Hemos hablado del histórico tratado de la ONU firmado en julio del pasado año, pero el hecho es que existen unas 15.000 ojivas nucleares en el mundo, más del 90% de las cuales están controladas por Estados Unidos y Rusia. La pregunta por tanto sería más bien: ¿Es suficiente con la prohibición de las propias armas nucleares? Porque a día de hoy, la inmensa mayoría de los países continúan legitimándolas como parte de su enfoque en materia de seguridad. Lo que hay que conseguir de hecho es el desprestigio del armamento nuclear, haciéndolo inaceptable en el contexto del Derecho Internacional. Si conseguimos esto habremos dado un paso de gigante, pero aún nos quedaría otro mayor: las grandes potencias siguen haciendo caso omiso de las resoluciones y dictámenes de la ONU, precisamente porque no es una organización realmente democrática, ni de hecho ni de derecho. Pero al asunto de la Organización de las Naciones Unidas nos dedicaremos en el bloque temático siguiente, así que de momento, continuaremos con el tema de las armas nucleares. Bajo el falaz argumento de que "Hay que ser realistas", lo que esconden las grandes potencias es, como siempre, el clásico argumento de los bandos, es decir, de los "buenos" y los "malos". La senda del Pacifismo nos enseña que hay que desterrar estos planteamientos de nuestras mentes, y en su lugar, dedicarse a una efectiva política de desarme nuclear y pacificación internacional. Dicho en otras palabras: toda prohibición de las armas nucleares que no resuelva el problema de la seguridad (este problema es el que fomenta las estrategias de disuasión) no nos conducirá a la eliminación de facto de todo el arsenal nuclear mundial, ni mejorará la seguridad y la paz internacionales.
La posesión de armas nucleares se asocia al poder político, económico, militar y geoestratégico, y renunciar a ellas implica rebajar algunos peldaños en dichas escalas del poder. El caso de la OTAN y sus países miembro es paradigmático, pues como hemos contado en anteriores entregas, su pertenencia a dicha macabra organización les "obliga" a albergar armamento nuclear procedente de los Estados Unidos, con lo cual se pondrían en entredicho algunas cláusulas y puntos del tratado firmado en julio del pasado año. Votaron en contra de dicho tratado todos los Estados de la OTAN. También lo hicieron todos los países que pretenden entrar a dicha organización, así como en la Unión Europea. Ello deja a esta Europa del Capital, a este mundo "libre, democrático y civilizado" como nuestros gobernantes lo tildan, en una muy mala posición a la hora de declararse como paladines de los valores, principios y libertades que dicen proclamar. Frente a dicha falacia, lo que sigue teniendo primacía es la consigna de la OTAN que, en su Cumbre del año 2010, declaró que su capacidad nuclear sigue siendo uno de los ejes principales de su estrategia de defensa. Por tanto, no nos engañemos: la voluntad política para acabar con las armas nucleares es nula, y mientras existan organizaciones siniestras como la OTAN e imperialismos belicistas como el de los Estados Unidos, proyectar y conseguir el desarme nuclear mundial será una tarea ardua y difícil, por no decir imposible. Observemos la radiografía: En el seno de la ONU, hubo 38 votos en contra del tratado para la prohibición y eliminación de las armas nucleares. Pues bien, 27 de ellos corresponden a Estados miembros de la OTAN, 25 de los cuales son países europeos. ¿Somos el continente de la paz, más libre y evolucionado, paradigma de las libertades y de los derechos humanos? Más bien parece que somos el continente de la vergüenza, del horror, de la guerra y del servil seguidismo al imperialismo estadounidense.
¿Qué ocurrió con el resto de países que dieron voto negativo al tratado? Se trata de países con fuertes vínculos e intereses (militares o económicos) con Estados Unidos, tales como Japón, Corea del Sur, Australia, etc. Podemos concluir que la OTAN representa un frente común en contra del deseo fuertemente compartido de erradicar el peligroso arsenal nuclear. Pero entendamos y recalquemos esto bien: cuando hablamos de "países" en realidad queremos hablar de "gobernantes". Cuando decimos que "España" votó en contra del tratado de la ONU, lo que queremos decir es que nuestros actuales representantes en dicha organización, obedeciendo consignas políticas de nuestros gobernantes, votaron en contra, no que la población española (o francesa, italiana, alemana, etc.) lo hiciera. De hecho, como destacan Xavier Bohigas y Teresa de Fortuny, del Centre D'elas, en este artículo para eldiario.es: "Nuestros gobernantes toman decisiones completamente alejadas de la voluntad de la ciudadanía (en el año 2008, el 76% de la población mundial estaba a favor de un tratado de prohibición de las armas nucleares). Nuestros gobernantes, pues, han elegido la consigna de la OTAN en lugar de la recomendación del Parlamento Europeo y de la opinión de los ciudadanos. Han elegido la alternativa equivocada y debemos denunciarlo". Estamos bajo la órbita de decisiones de gobernantes absolutamente irresponsables, que no quieren darse cuenta de que, sin ir más lejos, sólo el arsenal nuclear de Estados Unidos sigue siendo lo suficientemente grande como para destruir varios planetas del tamaño de la Tierra. Pero no quieren ver esta evidencia. Es mejor dejarse llevar por la "responsabilidad" en la obediencia a peligrosas organizaciones mundiales, lo que en realidad constituye una temeridad.
Y aunque existen más actores mundiales, desde aquí queremos volver a hacer mención en el papel principal que los Estados Unidos poseen en toda esta escalada nuclear, y en la necesidad de su cese. El Partido Demócrata, pero sobre todo el Partido Republicano, son los dos agentes políticos que tienen secuestrada al conjunto de la humanidad a la hora de tomar decisiones de este calado. En opinión del gran intelectual Noam Chomsky, el Partido Republicano se está convirtiendo ya en un peligro real para la supervivencia humana decente. Chomsky lo califica como una de las organizaciones más peligrosas a nivel mundial. En efecto, el Partido Republicano estadounidense es un irracional nido de incultos y fanáticos ultraconservadores, y máximos responsables de que las dos grandes amenazas que más nos acechan en la actualidad (el cambio climático y la guerra nuclear) continúen en su infernal escalada. Y es que en Estados Unidos, todos los candidatos republicanos que se presentaban a las elecciones presidenciales en 2016 cuestionaban o negaban el carácter científico del cambio climático, y ninguno de ellos planteó de forma abierta y decidida la necesidad de detener la escalada armamentística nuclear y conseguir un desarme nuclear mundial. Ninguno. Más bien al contrario, todos alardeaban de la potencia nuclear de su país, y de la necesidad del "liderazgo" de USA en estos cruciales asuntos. Absolutamente bochornoso y deleznable. Y lo peor de todo, es que ha llegado a Presidente justamente el más radical, conservador, peligroso, demencial y aberrante de los candidatos, como es el magnate Donald Trump.
Por su parte, como hemos indicado, el liderazgo de Estados Unidos al frente de la OTAN la convierte igualmente en una peligrosa organización, hoy día sin sentido real, más que el dominar y amenazar. Su expansión hacia el Este y su presión hacia Rusia, mediante continuos hostigamientos y campañas de desprestigio, hace que la OTAN sea una pieza fundamental en la perversa escalada de guerra que sufrimos. Continuas amenazas y provocaciones perturban los estados de ánimo, e influyen poderosamente en las decisiones al más alto nivel. La senda del Pacifismo aboga por la eliminación de esta organización, instrumento fundamental del más agresivo imperialismo. Como indica un destacado experto británico, la OTAN existe para manejar los riesgos creados por su propia existencia. Nos hablan de un mundo inestable, peligroso, competitivo, convulso, amenazante, pero no nos cuentan que son precisamente ellos los que crean este mundo. Las convulsiones y amenazas son creadas por nuestros gobernantes, y por las organizaciones que ellos dirigen y a las que los países pertenecen. Y mientras tanto, las poblaciones de dichos países no aprueban sus decisiones, pero a ellos les da igual. No les importan las opiniones populares. Pasan por encima de ellas. Llevamos desde hace más de 70 años viviendo bajo una tensión permanente, pues sabemos perfectamente que en caso de ataque nuclear, las perspectivas de supervivencia serían mínimas. Pero la seguridad de la población no es precisamente lo que más preocupa a nuestros políticos. Así nos va. Que tengamos capacidad para erradicar las armas nucleares no está del todo claro, pero no puede haber duda de que cuanto más nos demoremos en ello, más terrible será el desastre. Con esta entrega finalizamos el presente bloque temático, dedicado a la imperiosa necesidad del desarme nuclear, y a partir del próximo artículo comenzaremos nuestro último bloque temático de la serie, dedicado a la refundación de la ONU.