Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Los Estados reinan y los mercados gobiernan
El hecho es que los mercados gobiernan. Los mercados y el capital. Y la banca, como el sector más poderoso de ellos. Pero el hecho es que los mercados y el gran capital son los que realmente nos gobiernan. Y de ahí que gran parte de la verdad no se conozca, y que aquélla que se conoce sea una verdad absolutamente desequilibrada, desigual. Y siempre a favor de los empresarios. Pongamos otro ejemplo en esta línea. No sé si algunos/as de mis lectores/as conocerán que las empresas que lo soliciten (que cumplan determinados requisitos que después comentaremos) pueden verse "exentas" de la cotización a la Seguridad Social por contingencias comunes. La dinámica es muy simple, pero muy injusta de cara al sistema. Porque resulta que estas empresas mantienen lo que ellas llaman eufemísticamente un régimen de "colaboración" con la Seguridad Social, que les permite disponer de una especie de modalidad de "autoseguro", por medio de la cual el abono de las (posibles) prestaciones económicas al personal pasa a ser de su responsabilidad, en las situaciones derivadas de la incapacidad temporal de sus trabajadores (accidentes, enfermedades, etc.). Lo explicamos basándonos en este artículo de Sergio P. Páramo para el medio digital El Captor. Parece que no han entendido (lo perverso es que todo esto es legal) que la idea de la Seguridad Social es una idea para la justicia social, y de ahí que las empresas deban cotizar TODAS Y POR TODOS los conceptos, una idea que va encaminada precisamente a hacer más fuerte al sistema que protege laboralmente a todos los trabajadores y trabajadoras, y que además permite que los ingresos por cotización a este Organismo público puedan, sin ir más lejos, mantener y hacer viable y sostenible al Sistema Público de Pensiones.
La normativa de la Seguridad Social no lo denomina "autoseguro", sino "colaboración de las empresas en la gestión del Régimen General de la Seguridad Social", barnizando la Administración con dicha terminología lo que en la práctica supone una posibilidad de contribución que libera a la empresa de su obligación legal (y justa) de cotizar por sus trabajadores/as, para velar por la sostenibilidad del sistema. Las empresas que pueden acogerse a esta "modalidad" son las que cumplan los siguientes requisitos: superar los 250 trabajadores/as, tener disponible un fondo destinado a la cobertura de las contingencias, y solicitar a la autoridad laboral competente su inclusión en el régimen. Es curioso que precisamente las empresas con mayor número de trabajadores/as (que por consiguiente pueden hacer una mayor contribución a las arcas públicas), sean las que dispongan de la posibilidad de renunciar a contribuir solidariamente con el sostenimiento de la asistencia sanitaria, o la cobertura de prestaciones sociales. La pregunta es: ¿cuántos millones de euros dejan de aportar anualmente al sistema las empresas que se acogen a esta modalidad? Pero hay más preguntas: ¿cómo es posible que la Administración contemple y conceda este tipo de concesiones, dado el catastrófico y deficitario estado que cada nuevo año caracteriza a los presupuestos de la Seguridad Social? Y una última: ¿No será en realidad que lo que se pretende es fomentar precisamente que las empresas puedan dejar de contribuir, para de este modo debilitar las arcas públicas de la Seguridad Social, para de este modo presentar un sistema insostenible que ha de ser modificado (siempre para favorecer al sector privado, por supuesto)? Reflexionen los lectores y lectoras sobre estas preguntas, a ver a qué conclusiones llegan.
El caso es que no nos extrañan todas estas estrategias empresariales, y todas estas argucias legales que lo único que pretenden es debilitar el sistema público y fortalecer el privado, es decir, extender y potenciar la arquitectura de la desigualdad. Una demostración fehaciente de ello la tenemos en que los beneficios empresariales a nivel global son cada vez más elevados, diríase demasiado elevados, tal como los cataloga Marc Vandepitte en este artículo para el medio Investig'Action, traducido para el medio digital Rebelion.org por Beatriz Morales Bastos. Seguiremos a continuación algunos de sus datos e informaciones. De entrada, un dato muy interesante: entre 1980 y 2013, los beneficios de las 28.000 corporaciones principales pasaron de representar el 7,6% a casi el 10% del PIB mundial. Hoy día de 5 a 10 empresas controlan más de la mitad del mercado mundial en sectores clave como la industria aeronáutica, la industria del automóvil, la informática, el equipamiento eléctrico, etc. Pero el sistema monopolístico también ha aumentado enormemente en otros sectores donde antes el panorama estaba más diluido. Por tanto, no somos nosotros (las clases populares) ni las Administraciones Públicas (con su gasto público social) las que viven "por encima de sus posibilidades", como intentaron inculcarnos, sino los ultrarricos y las empresas que dirigen. Generar los megabeneficios de las grandes corporaciones es algo que no es sostenible, ni social, ni económica, ni medioambientalmente. Pero el hecho es que ocurre. Hemos dejado que los gobernantes, asesorados por estos personajes, diseñen y proyecten un sistema que para conseguir tales cantidades de beneficios, tienen que basarse en una perversa arquitectura de la desigualdad. Es lo que estamos intentando demostrar a lo largo de esta serie.
A los datos nos remitimos. Las empresas nunca han tenido tantos beneficios como hoy día. Durante el último cuarto de siglo la tasa de ganancia de las empresas en Estados Unidos pasó del 9% al 16%. En ese mismo período de tiempo se duplicó su parte de riqueza nacional. La tendencia es similar en Europa y Japón. En el año 2015 el conjunto de las empresas estadounidenses obtuvieron unos beneficios récord de más de 1.600.000 milones de dólares, mientras que sólo invirtieron 500.000 millones de dólares. Por consiguiente, sólo en Estados Unidos durante ese año hubo un excedente de capital de más de 1.000.000 millones de dólares. A escala mundial, se calcula que este excedente de capital es de 7.000.000 millones de dólares. Y las empresas no saben qué hacer con ellos. Para que nos hagamos una idea, esta cantidad equivale a los ingresos anuales totales de América del Sur y de África, o a 50 veces el importe total mundial de la Ayuda al Desarrollo. Este excedente de capital, junto con el dinero negro, y el procedente de los diversos fraudes, es el que se oculta en los famosos "paraísos fiscales", a los cuales le hemos dedicado ya su bloque temático correspondiente. ¿Qué podríamos hacer con estas cantidades si las usáramos decentemente? Pues ahí van algunas ideas: crear decenas de millones de puestos de trabajo, introducir la semana de 30 horas semanales sin reducir el salario, aumentar y perpetuar los subsidios a las personas desempleadas por encima del nivel de pobreza que poseen actualmente, implementar Planes Públicos de Trabajo Garantizado, etc. Marc Vandepitte intrapola dicho excedente de capital a nuestro país, y asegura que en España equivaldría a unos 260.000 millones de euros, lo que supone un importe cuatro veces mayor que el plan de austeridad que llevó a cabo el Gobierno del ex Presidente Mariano Rajoy durante el año 2012.
Marc Vandepitte afirma textualmente: "Por una parte cada vez se exprime más a las personas corrientes, mientras que en el otro extremo la oligarquía acumula unas fortunas a las que no da ningún uso, ¡es surrealista! ¿No hay dinero para las pensiones, la Seguridad Social, la enseñanza o la sanidad? La verdad es lo contrario, hay dinero a punta pala, pero se le quita a la población trabajadora y lo acapara la capa de los ultrarricos". Básicamente, estos megabeneficios empresariales se llegan a conseguir por tres motivos, a saber: en primer lugar, la presión fiscal injusta. Como ya hemos expuesto en otras entregas de esta serie, la tasa impositiva de las empresas se revisa sistemáticamente a la baja, a lo que hay que añadir unos regímenes fiscales preferenciales para las mayores corporaciones. En 1990 la tasa impositiva en Estados Unidos se elevaba al 35%, hoy es sólo del 20%. En Europa y Japón el descenso es aún más importante. Y en todas partes se alzan voces para bajar aún más estas tasas impositivas. Y junto a ello, tenemos la evasión y el fraude fiscal masivos, y que han saltado a la opinión pública a través de los famosos casos de los Offshore Leaks, Luxleaks, SwissLeaks, Papeles de Panamá, Papeles de la Castellana, Papeles del Paraíso, etc. El segundo motivo es la moderación salarial. En los últimos 15 años los ingresos medios de los hogares estadounidenses han bajado un 7%. En Europa, la parte de los salarios en el PNB pasaba en ese mismo período del 62% al 58%. Salarios y beneficios son vasos comunicantes, lo que implica que cuanto más bajos sean los primeros, más elevados serán los segundos, y viceversa. Más que moderación salarial, habría que practicar por tanto la moderación empresarial. Y el tercer motivo es la creación de los monopolios. Actualmente, 147 superempresas controlan el 40% de la economía mundial, y algo más de 700 controlan hasta el 80% de ella. Las empresas dominantes poseen una marca propia, controlan la investigación y el desarrollo en sus respectivos campos, e imponen a las demás sus precios (o acuerdan con ellas si se trata de oligopolios). Muchas ramas sectoriales y nichos de negocio evolucionan cada vez más hacia estos tipos de mercado, que aumentan más el grado de concentración de beneficios y de poder. Continuaremos en siguientes entregas.