Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
El Consejo de Seguridad [de Naciones Unidas] no representa la realidad actual del mundo, su incapacidad legitima acciones contra la humanidad emprendidas por las potencias económicas y militares en contra de los pueblos que luchan por dignidad y soberanía y que les resultan fáciles y baratos para sus experimentos de muerte o de despojo
La ONU necesita, por tanto, a tenor de todo lo que estamos contando, sumergirse en un profundo proceso de democratización real de la organización, mediante la incorporación a sus trabajos de actores internacionales distintos a los propios Estados miembros. Y ello porque un organismo que pretende ser sede de la comunidad internacional debe alojar también todo tipo de representantes de la sociedad civil, y no sólo los dirigentes políticos de los diversos países implicados en los acuerdos, convenios y negociaciones. Dichos otros terceros actores son absolutamente imprescindibles si se pretende crear un mundo más pacífico, próspero y democrático. La ONU necesita aportar soluciones multilaterales a los problemas de las siguientes cuatro esferas: desarrollo, paz y seguridad colectiva, derechos humanos e imperio de la ley y fortalecimiento de las Naciones Unidas. Pero hasta ahora, los propios intereses de las grandes potencias, unidos a la burocracia interna de este organismo, y a su débil funcionamiento interno, han propiciado que estos objetivos no sólo no se hayan conseguido, sino que nos hayamos separado de ellos aún más. La ONU debe mitigar el número de excluidos sociales en situación de extrema pobreza que padecen hambre, no tienen acceso al agua potable, a saneamiento, a la educación básica, a la salud o a una vivienda digna. Sólo con una mínima parte de las inversiones que se dedican a otros objetivos, los puntos anteriores podrían ser satisfechos. Ello redundaría en un mínimo colchón de bienestar para la población de los países menos desarrollados, lo que a su vez influiría en el número de población migrante que intenta escapar desesperada de sus países de origen, dando lugar a masivos flujos migratorios que aprovechan las mafias.
Pero la refundación de la ONU no debe girar únicamente sobre sus aspectos organizativos, sino que debe involucrar también la garantía sobre la propia consecución de sus objetivos. En este sentido, esa ONU refundada que propugnamos debe avanzar resuelta y decididamente en la realización del derecho al desarrollo. En palabras de Carlos Villán: "El desarrollo es el fundamento indispensable de un sistema de seguridad colectiva en el que la prevención ocupe un lugar primordial, porque ayuda a luchar contra la pobreza, las enfermedades infecciosas y la degradación ambiental, que matan a millones de seres humanos y son una amenaza para la seguridad". Deben superarse las reticencias insolidarias de la mayoría de los Estados desarrollados a la hora de aceptar obligaciones en materia de Ayuda Internacional al Desarrollo. Igualmente, se debe incentivar la cooperación internacional mediante la transferencia de recursos a los países pobres del Sur, aumentando significativamente los montantes de estas ayudas, hasta alcanzar el tan deseado 0,7% del PIB de los países ricos. La deuda externa de los países ha de ser condonada, tras procesos de auditoría pública de la misma, destinándose los recursos así liberados a incrementar los servicios básicos que los Estados deben poner a disposición de la población (alimentación, agua potable, saneamiento, educación, productos farmacéuticos de primera necesidad, etc.). ¿Tiene todo ello algo que ver con la senda del Pacifismo? Si hay algún lector o lectora que no lo relacione todavía, le remito a los artículos anteriores de la serie, donde explicamos desde múltiples puntos de vista la relación de las guerras, los conflictos armados y el terrorismo internacional con la ausencia de todas estas garantías para la población mundial.
Gran parte de los anteriores artículos de la serie se han dedicado a intentar explicar que efectivamente, muchas de las amenazas de nuestro mundo globalizado están interrelacionadas, y que el desarrollo, la paz, la seguridad, los derechos humanos y las garantías sobre unos mínimos accesos vitales a los recursos naturales se refuerzan mutuamente, y la suma de todos esos factores es la que determina la paz social de un determinado territorio, comunidad, país o nación. Y el Consejo de Seguridad, como máximo órgano dentro de la ONU que vela por la paz y la seguridad internacionales, debe sufrir, como hemos asegurado, una profunda transformación, sobre todo para que albergue una representatividad más amplia y sea más eficiente, democrático y transparente, de modo que aumente la legitimidad de sus decisiones. En este sentido, se deben igualmente revisar sus métodos de trabajo para que aumente la participación en el mismo de los Estados que no son miembros del Consejo, así como que éste mejore sus procesos de rendición de cuentas a los miembros, y se acreciente la transparencia de su labor. La ONU debe también proteger a las poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad, ofreciendo las máximas garantías de no repetición a toda la comunidad internacional. La historia nos ha enseñado que la democracia sola no basta para proteger a las poblaciones de estos riesgos, sino que además, la comunidad internacional y sus medios de gobernanza mundiales deben velar por el estricto cumplimiento de los derechos humanos en todas partes del planeta. En última instancia, la ONU debe consagrar el Derecho a la Paz como derecho humano fundamental, y asegurar su respeto a nivel internacional.
La refundación de la ONU debe tener como horizonte principal y objetivo fundamental la exigencia ética que debiera presidir todas las relaciones internacionales, que no es otra que la construcción entre todos y todas de una paz justa, duradera y sostenible. Una paz perdurable que, mediante un sistema de gobernanza mundial absolutamente democrático, garantice que todo el Sistema de las Naciones Unidas se pone en marcha ante cualquier intento de violar el derecho humano fundamental a la paz, en cualquier sitio del planeta. La construcción de dicha paz necesita de un nuevo Orden Económico Internacional que erradique (o al menos disminuya significativamente) las desigualdades, la exclusión social y la pobreza, porque todo ello genera una situación de violencia estructural que es el caldo de cultivo principal para todo tipo de conflictos, y es incompatible con la consecución de la paz tanto a nivel interno (de cada país) como externo (de la propia comunidad internacional). Hoy es más necesaria que nunca la existencia de una organización mundial que defienda los valores del multilateralismo, y que sea reconocida por los pueblos del mundo como su sede internacional. Pero si la ONU no es capaz de refundarse según los principios adecuados, y continúa estando presa de su propia burocracia y de los intereses cruzados de las grandes potencias, se irán desarrollando (ya lo están haciendo, de hecho) otros Foros Sociales Alternativos (el Foro Social Mundial es el mejor ejemplo de ellos), y la ONU involucionará hacia un papel absolutamente irrelevante. La ONU debe ser refundada sobre los mismos valores y principios que inspiraron la Carta de las Naciones Unidas: la paz, el desarrollo y los derechos humanos. Pero la organización mundial en el siglo XXI deberá ser pensada de otra manera.
Un mundo justo e igualitario, descansando sobre un planeta sostenible y humanitario, ha de ser la base donde se asiente la senda del Pacifismo. Ello puede conseguirse a nivel de cada país, de forma aislada, pero es una tarea enormemente complicada, si tenemos en cuenta el acoso internacional que le plantea el capitalismo globalizado. La ONU debe cumplir la tarea de protección y de autonomía de cada país en la defensa de su propio modelo económico y social, en vez de erigirse en marioneta de los intereses de las grandes potencias capitalistas. Vivimos en un mundo multipolar, de economías emergentes, de algunos gobiernos progresistas, que han dado a sus pueblos el justo protagonismo que les fue arrebatado por dictaduras disfrazadas de "democracia representativa", que son prácticamente todas las que surgen durante la segunda mitad del siglo XX y principios del actual siglo. Las Naciones Unidas deben adecuarse a este sistema y dejar atrás las anacrónicas y excluyentes estructuras creadas allá por 1945, tras la segunda gran guerra. La senda del Pacifismo, de la sostenibilidad medioambiental, de las propuestas económicas decrecentistas, y de la plena satisfacción de los derechos humanos, deben inspirar la labor de esta organización, desde los parámetros de su refundación. La ONU debe propiciar el respeto a la soberanía y al desarrollo independiente de todos los pueblos y naciones del mundo, sin hegemonías ni imperialismos de ningún tipo. La globalización neoliberal debe detenerse y replegarse, o el mundo lo acusará negativamente. Ya lo está haciendo. Y la ONU, como sede internacional de los pueblos del mundo, debe ser la última garante y refugio de la paz, el desarme, la seguridad y los derechos humanos. Continuaremos en siguientes entregas.