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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por la senda del Pacifismo (y 114)

Fuente Viñeta: http://diariodelsur.com.co

Fuente Viñeta: http://diariodelsur.com.co

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...puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz

Fragmento del Preámbulo fundacional de la UNESCO

La Paz debe por tanto ser enfocada, trabajada y conseguida como un derecho humano fundamental, de tal forma que pueda ser reivindicada bajo todo contexto legal en cualquier parte del mundo, tal y como nos proponía la Declaración de Luarca, examinada en la entrega anterior. Pero desgraciadamente, uno de los objetivos del capitalismo globalizado es legitimar las guerras y los conflictos armados, y un medio fundamental para ello es insensibilizar a la población hacia la violencia. El asesor filosófico y escritor Vicente Berenguer, en una Carta publicada en el medio digital Rebelion.org, en la cual vamos a basarnos, dejó un estupendo planteamiento de este fenómeno de insensibilización de la población ante la violencia, caldo de cultivo principal para poder después legitimar los conflictos armados. Berenguer asegura, y estamos de acuerdo con él, que uno de los proyectos globales de las élites para la población consiste en deshumanizar a la gente, arrebatarles su sensibilidad y convertirlos en seres insensibles, incapaces de empatizar con los sentimientos de los demás. Los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental en esta tarea. Se trata como decimos de que las personas se deshumanicen, y que no sientan nada ante el dolor y el sufrimiento de los demás. Se trata de que impere la indiferencia y la frialdad ante los hechos violentos. Es fundamental para los planes de las élites que llevan implantando la globalización capitalista desde hace décadas poder conseguir sujetos indiferentes ante el dolor y la desgracia de otros, y esto se consigue a través de los medios y a través de una herramienta infalible que no es otra que el suministro, o mejor dicho el bombardeo continuo de violencia en sus diferentes grados, tipología y manifestaciones. 

 

Cada vez nos impresionamos menos ante las desgracias ajenas, ante las grandes catástrofes, ante las guerras, ante las crueldades humanas. Este bombardeo de violencia también se vehicula a través del cine, ya que en muchas películas se ofrece pura violencia explícita y gratuita (más allá de la argumentación, y por tanto, innecesaria). Lo importante es mostrar violencia en estado puro. Los héroes suelen ser personas violentas, y nunca pacíficas o cultas. Estereotipan de esta forma modelos de conducta, patrones a seguir, actitudes a reproducir. Otro campo de acción son los programas informativos. En ellos se mostrará tanta violencia como sea posible, expresada de mil manifestaciones distintas. No queremos decir con ello que haya que ocultar la realidad del mundo que nos rodea, sino que estos actos violentos deberían mostrarse de otra forma, es decir, su tratamiento informativo debería ser distinto. Nuestros niños y niñas crecen en un ambiente social violento, una sociedad que en lugar de ofrecerles verdaderos héroes y modelos de conducta apropiados para ellos/as les ofrecen modelos de conducta nefastos. La enseñanza de una Cultura de Paz es inexistente, y nuestros escolares son educados en la violencia y no en la empatía, en la solidaridad, en la tolerancia y en el respeto. De ahí que abunde el bullying escolar, la agresión injustificada y la violencia hacia patrones físicos o de comportamiento distintos a los estándares, marcados por el pensamiento dominante. Vicente Berenguer se pregunta entonces: "¿Estos niños serían personas adultas distintas si en lugar de "alimentarles" constantemente con violencia se les alimentara con valores positivos para ellos mismos y para los demás como por ejemplo el "placer" de ayudar a sus compañeros o a quien fuere? La respuesta parece obvia". 

 

Mediante todo este bombardeo y exposición a la violencia masiva, a través de todos los medios y canales, desde el sistema educativo hasta los programas informativos, desde Internet o los videojuegos hasta las películas y series, se va modelando un arquetipo insensible e incapaz de sentir nada por nadie, indiferente ante el sufrimiento de los demás. Este es el objetivo, y el objetivo lo están cumpliendo. Ello concuerda también con los propios valores sociales que se difunden por el sistema, tales como el materialismo, la banalidad, el consumismo, la superficialidad, el egoísmo, el individualismo extremo...Y así, poco a poco, la sensibilidad humana va desapareciendo y va reinando la insensibilidad y la deshumanización. Y de esta forma, se legitiman guerras, nos mantenemos inermes ante las noticias que nos hablan de miles de muertos diarios, de bombardeos a ciudades enteras, de ataques terroristas, de ciudadanos muertos a manos de la policía, de vejaciones crueles y tratos degradantes, de refugiados que se ahogan en el mar, etc. Nos quieren insensibles para que sus proyectos de guerras geopolíticas no sean atendidos más de la cuenta. Más bien al contrario, sean comprendidas y justificadas, y sus efectos sean minimizados. Gracias a todo ello, hoy día, la autodenominada "Comunidad Internacional", con la OTAN a su servicio, se ha convertido en una peligrosa banda criminal, que maneja los medios de comunicación (hoy convertidos en medios de propaganda), invade, expolia, asesina, proyecta todo tipo de Golpes de Estado, destruye, saquea y se reparte el botín. No podemos consentirlo. Una educación en una cultura de paz debe abordar toda esta problemática, e intentar recuperar unos medios de comunicación que realicen un tratamiento muy diferente de la información. Necesitamos una educación en el Pacifismo, así como recuperar la sensibilidad ante los sucesos violentos que puedan acontecer.

 

Hay que educar en los temas de paz, en la resolución pacífica de los conflictos, en la tolerancia y en el respeto, en la cooperación y en la participación, en la solidaridad, en la democracia, en los derechos humanos, en la No Violencia, en el antimilitarismo, en el civismo, en el asamblearismo, y en cualesquiera otros asuntos que nos sensibilicen ante nuestros semejantes. Necesitamos una educación en el multiculturalismo, en el multilateralismo y en las soluciones negociadas a los conflictos de todo tipo. Debemos aspirar a un modelo de sociedad no violenta y desmilitarizada, renovando los conjuntos de valores y principios en los que formamos a nuestros escolares y a nuestros jóvenes. Sólo así conseguiremos nuevas generaciones que sean capaces de enfrentar los posibles conflictos desde otras ópticas y puntos de vista, y siempre desde la paz y la no violencia. Así mismo, hemos de educar en la desobediencia, enfrentándolo sobre cómo nos educan bajo un espíritu acrítico, dirigido a la obediencia, a seguir la corriente, sin plantearnos la naturaleza y las consecuencias de las decisiones que se adoptan. El Pacifismo requiere siempre una actitud crítica, enfrentando las consecuencias de las distintas decisiones que se pueden tomar, pero sin renunciar jamás a los principios de la no violencia y del antimilitarismo. Hay que hacer hincapié en la importancia de la moderación, el diálogo, la cooperación, la solidaridad, la educación, la tolerancia, la diversidad cultural, la protección de las minorías, la lucha contra el racismo, contra la discriminación racial de cualquier tipo, la lucha contra la xenofobia y todas las demás formas conexas de intolerancia. Todo ello delimita un abanico donde no caben las formas violentas, las guerras ni los conflictos armados. Todo ello sienta las bases de sociedades cohesionadas y pacíficas, tanto en el fondo como en sus formas. 

 

La Cultura de Paz, por fin, ha de asentarse en la seguridad humana, en las amenazas que se ciernen sobre los pueblos, en la erradicación de la pobreza, en el desarme total y sin fisuras, en la educación, en las Ayudas al Desarrollo, en la defensa del medio ambiente y la protección de los grupos vulnerables, las mujeres, los niños, los refugiados y los migrantes. Por último, el Derecho Humano a la Paz no es susceptible de consulta popular. Es un Derecho Fundamental. Los derechos fundamentales y su aplicación no pueden depender de la opinión que cada persona tenga en cada momento, o por los muchos factores que puedan incidir en la opinión general de la ciudadanía. Los Derechos Fundamentales se protegen, en todo momento y en todo lugar. Cualquier otra interpretación podría dar lugar a una peligrosa regresión en sus conquistas. Finalizamos aquí. Para mí personalmente ha sido una de las series de artículos más ilustrativas y emocionantes que he escrito. Agradezco a todos los autores que directa o indirectamente han ilustrado mis razonamientos, y en los cuales me he apoyado para exponer mis ideas y argumentaciones. La lista es interminable. Creo haber expuesto durante esta ya extensa serie de artículos los asuntos fundamentales que conciernen a la paz, tales como el terrorismo internacional, la renovación de las Fuerzas Armadas, el negocio de la guerra y el complejo militar-industrial, el imperialismo y la OTAN, o la refundación de la ONU, entre otros múltiples temas. Hemos querido finalizar, durante estas últimas entregas, con reflexiones en torno a la consideración de la Paz como un Derecho Humano Fundamental, para incidir en la necesaria consecución de un pacifismo exigible para la convivencia y supervivencia humana. Terminamos como empezamos: la Paz es el camino. La senda del Pacifismo nos lleva esperando mucho tiempo. No continuemos ignorándola ¡¡Gracias a todos!!

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