Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Los españoles también fuimos refugiados. Muchos de nuestros abuelos huyeron en barcos como el 'Aquarius' durante la Guerra Civil, huyendo del fascismo, y traspasaron fronteras como está pasando ahora mismo en toda Europa con personas que vienen de África u Oriente Medio. La memoria es importante. Sobre todo, para aquellos que ahora no entienden qué significa huir de la guerra de tu propio país y dejar toda tu vida atrás durante estos últimos años, aquellos que critican a los que abren las fronteras a miles de personas en la crisis migratoria, sin acordarse de lo que pasó aquí hace menos de un siglo
Y en vez de esta comprensión a la que alude Carlota Ramírez en su cita de entradilla, lo que estamos haciendo es verter cada día discursos y soflamas de carácter fascista, excluyente, racista y xenófobo. Tomemos sin ir más lejos el discurso de uno de los jóvenes líderes de la (extrema) derecha en nuestro país, como es el flamante Presidente del PP, Pablo Casado. El inefable Ignacio Escolar, en este artículo para su propio medio que vamos a tomar como referencia, nos expone de forma completa y clarificadora todos los bulos de su discurso anti-inmigrantes (inmigrantes con los cuales, dicho sea de paso, se fotografía en un puerto andaluz a los pocos días de soltar toda su basura discursiva). De entrada, tenemos que decir que el discurso es el mismo, a grandes rasgos, que el que utiliza el resto de la extrema derecha nacional (Ciudadanos, Vox...), europea (Marine Le Pen, Mateo Salvini...) e internacional (Donald Trump...). Un discurso que por otra parte parece que ofrece bastantes réditos electorales, a tenor del avance parlamentario de la ultraderecha en muchos países de nuestro entorno. Pues bien, nos dice Pablo Casado: "No es posible que haya papeles para todos y que España pueda absorber millones de africanos". Bulo. Nadie ha afirmado conceder "papeles para todos" ni de estar ante una avalancha de millones de personas. En lo que va de año, han llegado a España por mar o por las fronteras con Marruecos unas 25.000 personas. Si todas estas personas se quedaran en España (que no se quedan, pues muchas de ellas toman nuestro país únicamente de paso), estaríamos soportando un ratio de un migrante por cada 2.000 españoles/as. Escolar pone un ejemplo muy significativo: en Teruel, ciudad de unos 35.000 habitantes, esta "invasión" sería de 17 personas. Y a dicho ritmo, para que pusiéramos la medalla de honor al migrante número UN MILLÓN habrían de transcurrir 25 años.
Pero es que ni siquiera si contamos el flujo total de inmigrantes desde África y Oriente Medio hacia Europa se alcanza a sumar los "millones" de la invasión referida por Pablo Casado. En lo que va de 2018 han entrado en toda Europa unos 50.000 inmigrantes por su frontera sur, gran parte de ellos huyendo de la guerra, y son muchos menos de los que llegaban en años anteriores. Y considerando el total de la Unión Europea, un continente con 508 millones de personas, constituye la ridícula cifra de un migrante por cada 10.000 europeos. No hay por tanto argumento que sostenga la necesidad del cierre imperioso de las fronteras. Sólo desde la ignorancia, la demagogia y el racismo se pueden afirmar tales barbaridades. Es, simplemente, mentira. Y el bulo va en aumento, porque a continuación afirma: "Hay estudios policiales que dicen que hay un millón de inmigrantes en las costas libias que están planteándose una nueva ruta a través de España", o "Hay ONG's que calculan que hay 50 millones de africanos que están recabando dinero para poder hacer esas rutas". Bulo. Ni existen esos informes policiales, ni existen esas ONG`s que afirmen tal cosa. Los datos se exageran y se descontextualizan. Y cuando no, simplemente se inventan. No cuesta nada inventar. Sale gratis. De ahí el interés por hacerlo por parte de estas fuerzas políticas de la derecha. Ignacio Escolar, brillantemente, nos pone un símil muy ilustrativo: en España viven alrededor de 5 millones de extranjeros, la inmensa mayoría legales (son casi un millón menos de los que había hace 8 años). Pues bien, deducir de este dato que 5 millones de migrantes están esperando en Los Pirineos para entrar en Francia sería tan falso y manipulador como los bulos que lanza gratuitamente Pablo Casado. Y aún se atreve a afirmar que "Nosotros somos solidarios con quien lo necesita". La pregunta que se nos ocurre es: ¿Quién lo necesitará, para el señor Casado?
Continuemos. Otra falacia puesta sobre la mesa por el joven líder de la derecha es la siguiente: "No es sostenible un Estado de Bienestar que pueda absorber a los millones de africanos que quieren venir a Europa". Bulo. Es justo al contrario, ya que el impacto económico de la inmigración sobre los países europeos es positivo. Porque el hecho es que los inmigrantes perciben por prestaciones sociales menos de lo que aportan en impuestos a nuestras arcas públicas, según demuestran varios estudios al respecto. En el caso de España, con nuestra actual tendencia envejecida en la pirámide poblacional, la inmigración no sólo es positiva, sino incluso imprescindible. Según el FMI, España necesitará 5,5 millones de migrantes durante los próximos 30 años para poder mantener las pensiones, y ello, entre otros factores, porque se ha generado un mercado laboral tan sumamente precario que son precisamente los migrantes los que se quedan con cierto tipo de actividades laborales. Así que por mucho que les cueste a algunas personas asumir este hecho, es una realidad, al menos mientras no revolucionemos nuestro mercado laboral, o diseñemos un sistema impositivo más justo para poder sufragar nuestro Sistema Público de Pensiones. El señor Casado y el resto de líderes de la derecha se escudan en la supuesta "incorrección" política para afirmar tales barbaridades, pero es curioso que no lo hagan para denunciar el catastrófico crecimiento económico que destruye la naturaleza, y nuestra necesidad de decrecer si pretendemos que nuestra civilización sea mínimamente sostenible. Sólo aplican la incorrección política a los discursos que les convienen, porque lo cierto, como señala Ignacio Escolar, es que cada vez que alguien dice ser "políticamente incorrecto" hay altas posibilidades de que vaya a lanzar un discurso racista, xenófobo, machista, reaccionario, fascista o de ultraderecha. El hecho es que todas las fuerzas políticas del populismo reaccionario utilizan el discurso migratorio como baza electoral, dada su ignorancia, incompetencia y afinidad con los sectores más radicales de la extrema derecha. En Europa se está demostrando desgraciadamente que, ante la inmadurez política del electorado, estas fuerzas xenófobas atraen el voto.
La crisis no será, por tanto, como asegura Pablo Casado, del Estado del Bienestar, sino que será una crisis humanitaria, dado el denigrante estado de colapso en el que se encuentran la inmensa mayoría de los centros de acogida. Ello no supone un problema nuevo ni difícil de gestionar, basta con dedicar más recursos humanos y materiales dedicados a la recepción, alojamiento y distribución de estas personas, a la vez que dedicamos menos recursos a hacerles la vida imposible en sus países de origen. Sólo hace falta cambiar de prisma, cambiar de enfoque, y dedicar los fondos y las prioridades en otros sitios, y para otras tareas. La otra pata en la que descansa el discurso de Casado es la llamada a la "responsabilidad". Nos advierte: "En estos temas tenemos que ser responsables y no populistas". Muy bien, seamos responsables entonces, y cumplamos por responsabilidad con el extenso catálogo de tratados, convenios y marcos normativos de carácter internacional que nuestro país (como todos los de nuestro entorno) tiene suscritos, que nos obligan a dar cumplida atención, recepción y en su caso asilo a estas personas, que vienen huyendo del hambre y de las guerras. ¿Es eso responsabilidad? ¿O acaso es más responsabilidad escabullirse de esos tratados, incluso de los propios de la Unión (como el Protocolo de Dublín), alegando que no podemos hacernos cargo de dicha "invasión"? ¿Dónde sitúa el señor Casado la responsabilidad de un Estado de Derecho? ¿Acaso el derecho internacional ha de cumplirse a la carta para el señor Pablo Casado? ¿Acaso es más responsable escurrir el bulto, mentir como un vellaco y saltarse los tratados internacionales de derechos humanos a conveniencia? La desvergüenza de muchos de nuestros gobernantes es absolutamente pasmosa.
Nos habla también Pablo Casado del "efecto llamada provocado por el buenismo", según sus propias palabras. Pero también nos miente. Primero porque como llevamos explicando desde las primeras entregas de esta serie, el efecto llamada, simplemente, no existe. Existe un "efecto necesidad": necesidad de que les dejemos vivir, necesidad de que dejemos de explotarlos, de humillarlos, necesidad de que respetemos su soberanía, necesidad de que dejemos que se organicen como quieran a nivel social y político, necesidad de que dejemos de bombardear sus países, de fomentar sus guerras, necesidad de que contribuyamos, en fin, a su bienestar en vez de a su destrucción. Ese "efecto llamada provocado por el buenismo" se enfrente quizá a lo que él y sus secuaces políticos representan, que es el "efecto huida del mal", huida de la barbarie, del horror, del hambre, de la destrucción, del odio, de la devastación, de la explotación, de la barbarie, de la sinrazón y de la irracionalidad. Pablo Casado y su partido, y todos los que piensan como él, representan el mal, y del mal siempre se huye. Un mal fomentado por las semillas del fascismo, de la intolerancia, de la falta de empatía, de la inhumanidad, de la hipocresía, de la banalidad, de la mentira, de la provocación, de la falsedad. Un mal que está provocando las guerras en los países de origen de los migrantes, así como el hambre y la falta de expectativas vitales para estas gentes. Es el mismo mal que aquí en nuestro país ha llevado a la ruina a cientos de miles de personas y de familias, por mor de una falsa "austeridad" que nos han impuesto, y que ha destruido nuestras vidas. Es el mismo mal que apoya a los señores de la guerra y del capital, que en el fondo son los mismos, y persiguen los mismos objetivos. Es el mismo mal que aboga por la desigualdad, la discriminación, la esclavitud, el racismo y la xenofobia. No permitamos que nos inoculen la semilla de ese mal. Continuaremos en siguientes entregas.