Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
El error consistió en creer que la Tierra era nuestra, cuando la verdad es que nosotros somos de la Tierra
Continuando con el rápido repaso a los gravísimos efectos, causas y consecuencias del caos climático que se nos avecina (que ya comenzamos en la entrega anterior, basándonos en este magnífico artículo de Robert Hunziker), hemos de hablar también de los océanos. Desde 1850, los océanos han absorbido 130.000 millones de de toneladas de CO2 de procedencia humana. En la actualidad se han saturado y acidificado. Incluso con el tiempo podrían transformarse en emisores de dióxido de carbono. Pero hablando de los mares y de los océanos, no podemos dejar de pasar por alto la extraordinaria contaminación por plásticos que estos ecosistemas marinos llevan soportando durante décadas. La acción del ser humano está convirtiendo los mares y océanos en auténticos vertederos de todo tipo de plásticos, y llegará un momento, si no frenamos esta escalada, en el que las cantidades de plástico superarán a las de las especies de peces y mamíferos que albergan. El vertido masivo de plástico degenera en inmensas redes que atrapan a los animales marinos, impiden su movilidad, y contaminan los ecosistemas oceánicos. Las diversas ONG's ya se han puesto desde hace años a desarrollar múltiples campañas de concienciación popular para evitar el uso del plástico en las cadenas de envasado y transporte, sobre todo de las grandes corporaciones alimentarias. Por último, el artículo de referencia finaliza con las consecuencias descritas por el Informe Stern (encargado por el gobierno británico y que describe el peor escenario potencial), que se centran en un aumento del nivel del mar entre 5 y 7 metros en unas pocas décadas, grandes ciudades que quedarían sumergidas por las aguas (el informe cita por ejemplo Florida, Monterrey o Tokio), unas 1.000 millones de personas se verían obligadas a desplazarse, enfermarían o morirían, se produciría una gran escasez de agua y comida, las pérdidas económicas mundiales se estimarían en unos 20 billones de dólares, y se producirían guerras, revueltas y conflictos armados por el agua y el alimento.
Un escenario, como vemos, absolutamente caótico y preocupante, que debemos evitar a toda costa. Pues bien, uno de los factores más agresivos que el capitalismo está llevando a cabo en esta peligrosa deriva de ataque al medio ambiente no se dirige precisamente hacia el medio ambiente, sino a las personas, mejor dicho, a los pueblos, a los indígenas. De entrada, desde este Blog siempre hemos reivindicado a los pueblos en todos los sentidos (puede verse, por ejemplo, en este artículo). Pero en el caso que nos ocupa, es que tenemos que resaltar que los pueblos y los territorios indígenas reúnen el 80% de toda la biodiversidad que existe en el planeta, tal como nos cuenta Baher Kamal en este artículo para la agencia de noticias IPS, traducido por Verónica Firme para el digital Rebelion.org, que tomaremos como referencia a continuación. En la actualidad, resulta que hay más de 370 millones de personas en el mundo que se reconocen como indígenas en 70 países, y sus territorios ancestrales concentran más del 80% de la diversidad biológica del planeta. Sólo en América Latina existen más de 400 pueblos, aunque la mayor concentración se da en la región de Asia-Pacífico, donde un 70% de su población se declara como indígena. Y como decimos, los ataques del capitalismo globalizado a estos pueblos, a sus culturas y a sus territorios, a sus modos de vida, a sus recursos y a sus modos de producción y consumo, están representando una seria amenaza para la protección y conservación de la biodiversidad de la Tierra, necesaria para nuestra supervivencia como especie. Los pueblos indígenas, por su antigüedad, poseen unas ricas y valiosas culturas ancestrales, que consideran sus sistemas sociales, económicos, ambientales y espirituales de forma interdependiente. Y gracias a sus conocimientos tradicionales y su comprensión de la gestión de los ecosistemas suponen un valioso aporte al patrimonio de la humanidad.
Pero debido al afán de conquista depredadora de la globalización capitalista, y mediante sus grandes corporaciones transnacionales, estos pueblos indígenas están entre los grupos más vulnerables, marginados y desfavorecidos. Por desgracia, a menudo estos pueblos indígenas pagan el precio de ser diferentes, de vivir de modo diferente, de no sumarse a la vorágine de la civilización industrial, y por ello, con demasiada frecuencia sufren discriminación y ataques desaforados de los grandes agentes capitalistas. Y así, desde hace siglos, las comunidades indígenas han sido despojadas de sus tierras, sus recursos han sido saqueados y expoliados, y han perdido el control sobre sus modos y estilos de vida. La agresión exterior civilizatoria ha sido de tal calibre que muchos de ellos han sido prácticamente exterminados, al despojarlos de sus medios de vida habituales, y ser destruidos sus recursos naturales de subsistencia. Los pueblos indígenas, según el FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola), representan sólo el 5% de la población mundial, pero también el 15% de los pobres del mundo. Con la fatal destrucción de los pueblos indígenas y la desaparición de sus culturas, no sólo es que la biodiversidad representada por ellos se pierde, sino que sus enseñanzas, sus estilos de vida, sus actitudes y comportamientos, sus modos de ser y de estar, sus maneras de vivir, más acordes con la naturaleza que las nuestras, se vierten también al pozo del olvido. Hoy día los pueblos indígenas están ciertamente protegidos de forma oficial, pero como decimos, el ritmo y la descarnada civilización capitalista los despoja de sus derechos y los condena a su extinción. La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, adoptada por la Asamblea General de la ONU en 2007, establece un marco normativo universal de estándares mínimos para garantizar su supervivencia, bienestar y el goce garantista de sus derechos.
Pues bien, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007 prohíbe expresamente su discriminación y promueve su total y efectiva participación en todos los asuntos que los conciernen. Sin embargo, como ya advertíamos allí, el contexto del capitalismo en su estadío transnacional no respeta a estos pueblos y a sus intereses, violentando sus territorios y sus modos de vida. Como podemos intuir, la tierra y sus recursos, el entorno natural, no sólo es fundamental para la supervivencia de los pueblos indígenas (como lo es para la mayoría de las poblaciones rurales), sino que es un factor absolutamente central para reforzar su identidad. Los pueblos indígenas poseen una profunda relación espiritual con sus territorios ancestrales, de ahí que las comunidades indígenas y sus sistemas de convivencia y de conocimiento puedan desempeñar un papel vital en la conservación y en la gestión sostenible de los recursos naturales. Sus procedimientos, sus técnicas y su sabiduría pueden ilustrarnos a todos para aprovechar mejor los recursos naturales, y para realizar un consumo sostenible sobre los mismos. Tenemos mucho que aprender, por tanto, de los pueblos indígenas. Para hacernos una idea de la importancia de estos pueblos, el FIDA (el Fondo de la ONU especializado en sus asuntos) nos ofrece algunos datos interesantes que reproducimos a continuación:
1.- Hay más de 370 millones de personas que se autodefinen como indígenas en por lo menos 70 países de la Tierra. Suelen abarcar un hábitat y una localización determinadas, y su interacción con los recursos naturales de sus territorios es constante.
2.- Asia concentra el mayor número de personas indígenas del planeta, seguida de América Latina. La inmensa mayoría son pueblos que han resistido el paso del tiempo, y han luchado contra viento y marea por conservar sus modos de vida desde lo que aprendieron de sus ancestros.
3.- Existen alrededor de unos 5.000 grupos indígenas que ocupan en torno al 20% de los territorios del planeta. Desgraciadamente, las invasiones, las guerras, las colonizaciones imperiales y otros factores han ido exterminando gran cantidad de pueblos indígenas que hace algunos siglos existían.
4.- Los pueblos indígenas representan menos del 6% de la población mundial, pero hablan más de 4.000 lenguas de las 7.000 existentes en la actualidad. Su riqueza patrimonial, folklórica y cultural es, por tanto, inmensa. Continuaremos en siguientes entregas.