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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Buen Vivir (39)

Viñeta: Jean-François Rochez

Viñeta: Jean-François Rochez

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Ya que las raíces del problema ecológico son sistémicas, el ambientalismo necesita desafiar al sistema capitalista prevaleciente, y eso significa tomarse en serio la síntesis del siglo veintiuno entre ecología y socialismo: ecosocialismo

Michael Löwy

En el artículo anterior (aquí vamos a seguir este breve texto de Antonio Elizalde) hicimos una primera visita rápida a los fundamentos del Desarrollo a Escala Humana, y pudimos ver que se centra en la existencia, en el tema de las necesidades, de un sistema conformado por tres subsistemas: el subsistema de las necesidades, el subsistema de los satisfactores, y el subsistema de los bienes. Dichos subsistemas se afectan mutuamente, conformando un sistema general, que intentaba insistir en la delimitación finita y concreta del conjunto de necesidades que los seres humanos demandamos, y que como ya hemos expuesto, se mantienen en el tiempo y en las sucesivas culturas y civilizaciones humanas. Las necesidades humanas fundamentales son universales, es decir, son y han sido siempre las mismas para todos los seres humanos a lo largo de la historia y de las culturas. En cambio, los satisfactores son precisamente las formas históricas y culturales mediante las cuales damos cuenta de nuestras necesidades. Constituyen las formas concretas mediante las cuales en cada cultura, en cada sociedad, en cada circunstancia histórica se buscan y diseñan las mejores formas de actualizar las necesidades de sus integrantes. Los satisfactores por una parte son inmateriales, y por otra parte constituyen la interfaz entre la exterioridad y la interioridad del ser humano, es decir, entre los bienes y las necesidades fundamentales. Por su parte, los bienes son los artefactos materiales de la cultura, y son fundamentalmente pura exterioridad, son objetos que potencian la capacidad de los satisfactores para poder dar cuenta de la necesidad. En nuestro mundo, vivimos rodeados de bienes. Bienes son todos los elementos producidos por nosotros que están fuera de nuestra propia piel. Los bienes poseen una existencia física, son materiales. Por definición, un bien es algo de tipo material, algo concreto, y consecuentemente posee un peso entrópico, de tal modo que grava al sistema mayor, que es el sistema de la vida, de la biosfera, y ésta es una cuestión bastante significativa, nada trivial. 

 

Las 9 necesidades fundamentales que el Desarrollo a Escala Humana define (Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Creación, Participación, Ocio, Identidad y Libertad) constituyen a su vez un subsistema del subsistema de necesidades, dentro del sistema de las necesidades humanas fundamentales. Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn afirman que esas 9 necesidades tienen un rango o estatuto ontológico similar. No hay ninguna necesidad de menor o mayor categoría que otras. Conforman un sistema y consecuentemente están profundamente implicadas unas con otras, constituyendo lo que podríamos llamar la naturaleza humana, en forma análoga a los sistemas y subsistemas que conforman nuestro organismo en cuanto a seres vivos. Por consiguiente, de la misma manera que sería muy difícil establecer si es más importante en nuestra biología el sistema respiratorio o el sistema digestivo, algo parecido ocurre con las necesidades. La visión dominante nos ha hecho creer que la necesidad de Subsistencia es la más importante de todas, pero estos autores no establecen jerarquías en cuanto a ellas. Todas tienen una importancia similar. Antonio Elizalde explica: "Al ser las necesidades humanas fundamentales iguales para todos e iguales en importancia, cambia el concepto de pobreza y también el de riqueza, porque en la visión tradicional, la pobreza está asociada exclusivamente a ausencia de subsistencia, vale decir de pan, techo y abrigo. Según nuestra concepción, para todas las necesidades existe un umbral presistémico. La deprivación en cualquiera de ellas más allá de un cierto nivel conduce al desmoronamiento del sistema de necesidades y consecuentemente de la vida. La gente se muere no solamente de hambre sino que se muere también por carencia de afecto o por carencia de identidad. De allí que sea necesario hablar de pobrezas y de riquezas". 

 

De esta forma, el retrato de las carencias de cualquier sociedad vendrá dado por los hechos fundamentales que acontecen en ella, ya que dichos acontecimientos serán típicamente consecuencia de la no satisfacción de determinadas necesidades. Por ejemplo, ¿qué carencias (pobrezas, insatisfacción) experimentan aquellos niños que asesinan a sus compañeros de curso en los colegios de Estados Unidos? Y esa es precisamente la sociedad que se ha constituido en el modelo cultural a imitar, y hacia la cual todos aparentemente transitamos mediante nuestro empeño y dedicación al crecimiento económico, a la inserción en la economía global, a la liberalización de los mercados, etc., es decir, a la implantación del neoliberalismo globalizador. En este sentido, además, el pensamiento y la cultura dominantes vienen experimentando la imposición de sus valores, que en el fondo también delimitan un conjunto de necesidades impuestas, o mejor dicho, creadas. Todo ello contribuye a nuestro empobrecimiento al abandonar ciertas potencialidades para cubrir otras necesidades que, éstas sí, son fundamentales. Por otra parte, la hegemonía de la visión cultural tradicional que establece una jerarquía de necesidades propia de otras culturas, ha terminado imponiéndonos concepciones de la realidad donde tendemos a desvalorizar nuestros propios recursos, nuestras riquezas, empobreciéndonos de esa manera al imponernos sus escalas de valores, de deseos y de consumo. En su obra marco publicada en 1986, estos tres autores explican: "Son los satisfactores los que definen la modalidad dominante que una cultura o una sociedad imprimen a las necesidades. Los satisfactores no son los bienes económicos disponibles, sino que están referidos a todo aquéllo que, por representar formas de ser, tener, hacer y estar, contribuye a la realización de necesidades humanas. Pueden incluir, entre otras, formas de organización, estructuras políticas, prácticas sociales, condiciones subjetivas, valores y normas, espacios, contextos, comportamientos y actitudes; todas en una tensión permanente entre consolidación y cambio". 

 

Y continúan: "La alimentación es un satisfactor, como también puede serlo una estructura familiar (de la necesidad de protección, por ejemplo) o un orden político (de la necesidad de participación, por ejemplo). Un mismo satisfactor puede realizar diferentes necesidades en culturas distintas, o vivirse de manera diversa en contextos diferentes a pesar de estar satisfaciendo las mismas necesidades". Y entonces, con gran brillantez, Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn realizan una clara crítica al explicar el origen de la actual sociedad consumista. Retomo de nuevo sus palabras: "Mientras un satisfactor es en sentido último el modo por el cual se expresa una necesidad, los bienes son en sentido estricto el medio por el cual el sujeto potencia los satisfactores para vivir sus necesidades. Cuando la forma de producción y consumo de bienes conduce a erigir los bienes en fines en sí mismos, entonces la presunta satisfacción de una necesidad empaña las potencialidades de vivirla en toda su amplitud. Queda allí abonado el terreno para la confirmación de una sociedad alienada que se embarca en una carrera productivista sin sentido. La vida se pone, entonces, al servicio de los artefactos en vez de los artefactos al servicio de la vida. La búsqueda de una mejor calidad de vida es suplantada por la obsesión de incrementar la productividad de los medios". Este es exactamente el modelo de sociedad que sufrimos hoy día. A la luz de las enseñanzas de estos autores podemos esbozar mucho más claramente cómo deberíamos actuar para reconducir nuestro modelo de sociedad. Porque en efecto, para construir una economía más humana debemos entender y desentrañar la dialéctica entre necesidades, satisfactores y bienes económicos. Todo ello con objeto de poder alumbrar formas de organización económica en las cuales los bienes potencien satisfactores para vivir las necesidades de manera coherente, sana y plena. El Buen Vivir toma estas recetas, y los pensamientos incorporados por el Desarrollo a Escala Humana como guías para conseguirlo. 

 

En su tratado de referencia, los creadores de la teoría del Desarrollo a Escala Humana defienden que los satisfactores no son neutros, y que pueden ser clasificados según determinadas características. Ellos proponen concretamente hasta 5 tipos distintos de satisfactores, atendiendo a determinadas propiedades, que vamos a presentar ahora de forma resumida, y a los cuales les dedicaremos mayor atención en la próxima entrega. Tenemos en primer lugar los satisfactores destructores o violadores (aquéllos que imposibilitan la satisfacción de otras necesidades), en segundo lugar los pseudosatisfactores (que estimulan una falsa sensación de satisfacción de una necesidad determinada), en tercer lugar los satisfactores inhibidores (que sobresatisfacen una necesidad determinada y con ello dificultan la posibilidad de satisfacer otras), en cuarto lugar los satisfactores singulares (que satisfacen en exclusiva una necesidad, pero son neutros frente a otras), y en quinto lugar los satisfactores sinérgicos (que además de satisfacer su necesidad concreta, estimulan y potencian otras). Una profunda reflexión nos puede conducir a entender de otra forma completamente distinta el clásico conceptor del bienestar humano, para desligarnos de los clásicos valores consumistas y agresivos con el medio ambiente, la naturaleza y los animales, y comenzar a concebir un bienestar ligado a otros comportamientos, otros valores, otras actitudes, otros objetivos, y otros planteamientos. El Buen Vivir nos ilustrará igualmente formas alternativas de alcanzar dicho bienestar, para reorientar nuestra vida de otro modo, para sacar provecho de otras fuentes de satisfacción personales y colectivas, y para conceder valor e importancia a asuntos que han podido ir perdiéndola bajo el predominio de la perversa sociedad consumista y de mercado capitalista en la cual estamos imbuidos. Continuaremos en siguientes entregas. 

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