Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Al capitalismo la Tierra se le ha quedado pequeña
En el artículo anterior presentamos la Matriz de Necesidades y Satisfactores al completo, explicamos su interpretación, y sobre todo, expresamos que dicha matriz no está cerrada, sino que puede ser ampliada y adaptada. Pero de entrada, asumimos que los lectores y lectoras que se hayan detenido en ella, en su inspección detallada, habrán comprobado cuánto nos alejamos en nuestras sociedades actuales de poder cumplir necesidades que tenemos como seres humanos, pero que nuestro actual sistema (político-social-económico) pervierte e impide en su realización plena. Pero sigamos adelante. Un desarrollo orientado hacia la satisfacción de las necesidades humanas no puede, por definición, estructurarse desde arriba hacia abajo. Esto es, no puede provenir de las propias estructuras del Estado a nivel general, ni puede imponerse mediante ninguna Ley ni Decreto. Sólo puede emanar directamente de las acciones de los individuos, del tejido asociativo, civil, social, ciudadano, organizativo, incluso instituciones u organismos oficiales, que fomenten dichas acciones. Aspiraciones y conciencia creativa y crítica de los propios actores sociales que, de ser tradicionalmente objetos de desarrollo, pasan a asumir su rol protagónico de sujetos. El carácter contrahegemónico que posee la teoría del Desarrollo a Escala Humana que estamos presentando en estas entregas no implica necesariamente agudizar el conflicto entre Estado y sociedad civil. Por el contrario, intenta demostrar, a través del método propuesto, que el Estado puede asumir un rol estimulador de procesos sinérgicos a partir de los espacios locales, pero con capacidad de abarcar todo el ámbito nacional, o bien de la comunidad de que se trate. En este sentido, la importancia de la diversidad es vital para este desarrollo. Diversidad de religiones, de razas, de culturas, de lenguas, de costumbres, de folklores...Diversidad de estilos de vida, en una palabra. De hecho, el rescate y el respeto a esta diversidad y pluralidad es el mejor camino para estimular los potenciales creativos y sinérgicos que existen en toda sociedad. El rechazo a la diversidad, es decir, la apuesta por la intolerancia y la uniformidad excluyente, no es buen consejero para el desarrollo.
De ahí que parezca aconsejable y coherente aceptar la coexistencia de distintos estilos de desarrollo regionales dentro de un mismo país, en vez de insistir en la prevalencia de "estilos nacionales" que han demostrado ser hasta ahora eficientes para el enriquecimiento de algunas regiones a costa del empobrecimiento de otras. Estos "estilos nacionales" están concebidos en su mayor parte con el propósito de reforzar o mantener la unidad nacional. No debe, sin embargo, olvidarse que la unidad no significa uniformidad. Determinados grupos políticos, económicos y sociales tienden a apostar por la "unidad nacional", pero no en beneficio de los pueblos, sino en beneficio de sus propios intereses, beneficios, poderes e influencias. Este no es el camino. Se ha demostrado que puede existir una base más sólida para la unidad real cuando un cúmulo de potenciales culturales afloran libre y creativamente, espontáneamente, contando con el respeto, con las oportunidades, el respaldo técnico y el estímulo para hacerlo. Si priman los "intereses nacionales" (en realidad de las corporaciones o grupos políticos y sociales que están detrás de ellos) sobre los intereses de los individuos, de su población, de la gente, de las personas, entonces el desarrollo a escala humana se verá seriamente mermado, en pro del desarrollo desde otros enfoques menos interesantes y más nocivos para el conjunto de la ciudadanía y de los pueblos. Por tanto, hemos siempre de poner el foco de atención en los individuos y en los pueblos, y entender el resto de entidades político-sociales como simples estructuras que se van creando históricamente, pero no contribuyen de hecho al desarrollo a escala humana de las personas que las habitan o constituyen. Valga nuestro ejemplo de la Unión Europea actual: ¿realmente los modelos de desarrollo implementados han incrementado el nivel de vida de los ciudadanos europeos, o más bien han supuesto un escollo para los mismos? ¿Qué tipo de indicadores se utilizan? ¿Son de verdad ilustrativos sobre el grado de satisfacción de las necesidades de las personas que viven en nuestro continente? ¿No deberíamos entonces situar el foco en otros indicadores, en otros procesos, en otras necesidades, en otros resultados? En efecto, la UE debería transformarse desde una Europa del Capital y de los mercados hacia una Europa de los pueblos.
Pero volvamos a centrarnos en las necesidades. Aunque todas ellas no funcionan en modo alguno en jerarquías, es preciso observar que existe un umbral por debajo del cual la urgencia por satisfacer una determinada necesidad llega a asumir características de urgencia absoluta. El caso de la subsistencia es quizá el ejemplo más claro. Es el instinto más básico que poseemos. Y por tanto, cuando esa necesidad está infrasatisfecha, cualquier otra necesidad queda bloqueada y prevalece un único impulso. Podemos tener la necesidad, por ejemplo, de leer un libro, pero si estamos hambrientos, nuestra capacidad de lectura permanecerá hibernada hasta que no saciemos nuestro apetito (ya los filósofos antiguos afirmaban que "con el estómago vacío no se puede filosofar"). Las necesidades del hombre por conocer, por reflexionar, por divertirse, etc., quedan supeditadas a que su subsistencia esté satisfecha. Pero este caso no es solo valido para la subsistencia, sino que es igualmente pertinente para otras necesidades. Por ejemplo, la ausencia total de afecto o la pérdida de la identidad de una persona, pueden conducir también a extremos de autoaniquilación. Quizá lo más difícil de todo sea alterar la concepción materialista de "desarrollo" que poseemos, donde por ejemplo consideramos que una persona "vive mejor" que otra si nos fijamos en que una posee un automóvil y otra no, o en que una posee una estupenda vivienda y la otra no, o en el sueldo mensual que poseen una y otra. Estas cuestiones deben ir desapareciendo de nuestro imaginario colectivo. Las concepciones materiales no aportan nada para el Desarrollo a Escala Humana. De hecho, el "desarrollo" consiste para muchos en alcanzar unos supuestos niveles materiales de vida (donde los países más industrializados constituyen el espejo donde hay que mirarse), para poder tener acceso a una gama creciente de bienes (artefactos) cada vez más potentes, inteligentes y diversificados. Pero como venimos afirmando, en esto no consiste el desarrollo. Todo esta visión no es más que la falsa visión hegemónica impuesta por el capitalismo, que nos ha conducido al terrible panorama actual, repleto de desigualdades y de injusticias.
No obstante, el Desarrollo a Escala Humana no excluye metas convencionales como crecimiento económico para que todas las personas puedan tener un acceso digno a bienes y servicios (su postura no es aún ecologista, sino plenamente humana). Sin embargo, la diferencia con respecto a los estilos de desarrollo dominantes radica en concentrar las metas del desarrollo en el proceso mismo del desarrollo. En otras palabras, que las necesidades humanas fundamentales pueden empezar a satisfacerse desde el comienzo y durante todo el proceso de desarrollo. O sea, que la propia realización de las necesidades, su satisfacción, no es la meta en sí, sino que el propio motor del desarrollo sea capaz de estimular permanentemente la generación de satisfactores sinérgicos. En palabras de los autores: "Integrar la realización armónica de necesidades humanas en el proceso de desarrollo significa la oportunidad de que las personas puedan vivir ese desarrollo desde sus comienzos, dando origen así a un desarrollo sano, autodependiente y participativo, capaz de crear los fundamentos para un orden en el que se puedan conciliar el crecimiento económico, la solidaridad social y el crecimiento de las personas". Como vemos, estos autores no critican el crecimiento económico en sí mismo (como hacemos las personas conscientes del colapso civilizatorio al que estamos asistiendo), quizá porque en las fechas en que su teoría fue elaborada (década de los 80), no existía aún la conciencia real del problema que supone un crecimiento ilimitado bajo un contexto de recursos finitos, como nuestro planeta. Hoy día sabemos no solo que este "crecimiento" económico es una falacia, sino que además es absolutamente incompatible con la solidaridad social y con el crecimiento de las personas como tales. Como venimos afirmando, otros indicadores para medir este crecimiento y este bienestar son necesarios, distintos a los que miden el crecimiento económico (PIB). De hecho, la satisfacción de necesidades tales como subsistencia, protección, participación, creación, identidad o libertad se ve inhibida por las exigencias que, de manera explícita o soterrada, los centros internacionales del poder e instituciones y organismos mundiales hacen en cuestión de modelos políticos, pautas de crecimiento económico, patrones culturales, incorporación de tecnologías, opciones de consumo, relaciones de intercambio y formas de resolver los conflictos sociales.
Todos esos cánones nos conducen a un mundo depredador de los recursos naturales, y en continua competencia, donde las necesidades humanas fundamentales quedan absolutamente relegadas e insatisfechas. Además, estos estilos dominantes de desarrollo han difundido una cosmovisión antropocéntrica, que sitúa al ser humano por encima de la naturaleza, legitimando la destrucción de los ecosistemas naturales y creando las graves consecuencias que todos conocemos, y ya hemos expuesto en entregas anteriores. En lugar de ello, el Desarrollo a Escala Humana fomenta un concepto de desarrollo eminentemente ecológico. Por tanto, una nueva gama de indicadores han de suplantar a los vigentes (la huella ecológica, el índice de bienestar, la encuesta de necesidades vitales...), y todas las tecnologías empleadas han de ser respetuosas con el medio ambiente y garantizar la sostenibilidad de los recursos naturales. Se trata, en fin, de sustituir esta lógica económica dominante por la lógica del bienestar, la ética de la acumulación por la ética del Buen Vivir, los objetivos capitalistas por la satisfacción de todas las necesidades. Al fetichismo de las cifras debe oponerse el desarrollo de las personas. Y al manejo vertical por parte del Estado y a la explotación de unos grupos por otros hay que oponer la gestación de voluntades sociales que aspiran a la participación, a la autonomía y a una utilización más equitativa de los recursos disponibles. Para finalizar, pongamos de nuevo el foco en el concepto adecuado de Trabajo que hemos de rescatar. Y así, hemos de renunciar al concepto exclusivo de trabajo que se reduce a una relación de salario y de subordinación al capital, y asumir que una perspectiva integral del desarrollo humano debe contar con un concepto más amplio del trabajo, entendiéndose también como factor de mejora de la calidad de vida, es decir, como satisfactor de necesidades humanas y como catalizador de energías sociales. Por supuesto, toda la filosofía subyacente a la teoría del Desarrollo a Escala Humana puede y debe ser soportada por programas de políticas públicas, a efecto de consolidar y reconocer su importancia y sus manifestaciones sociales y culturales. Continuaremos en siguientes entregas.