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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Hacia otra Política de Fronteras (56)

Hacia otra Política de Fronteras (56)
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Tienen razón en señalar la existencia de esas mafias, pero eso no cambia ni un ápice el valor ético de la acción de Carola Rackete. Se sabe que las mafias existen y operan. Una sola persona no puede destruir a una mafia, pero puede salvar vidas que han sido traficadas por ella. Eso es lo que ha hecho Carola. Si un barco lleno de personas está en alta mar a la deriva, sólo hay dos opciones: o dejarlas morir o llevarlas a tierra a un lugar seguro aunque para ello haya que entrar en un puerto sin consentimiento. No hay más. O tomamos una alternativa o tomamos la otra, porque en el momento en que unas personas están en riesgo de morir, ya no importa cómo han llegado a ese punto. Todo lo demás es escurrir el bulto de la decisión ética central: salvarlas o dejarlas morir

Andrés Huergo

Nuestra cita de entradilla de Andrés Huego nos viene de perlas, porque efectivamente, el recurso a "las mafias" (así, en sentido general, aunque evidentemente se refieren, y nos referimos, a las mafias de tráfico de personas) suponen un argumento recurrente y falaz para encubrir los crímenes que este capitalismo decadente y brutal perpetra contra la humanidad. Seguiremos este estupendo artículo de Cecilia Zamudio a continuación, pues incide especialmente en este asunto. En efecto, echarle la culpa a las supuestas "mafias de migrantes" es buscar encubrir a los verdaderos responsables. El verdadero culpable, ya lo hemos señalado, es el propio capitalismo y todas las aberrantes consecuencias que genera. Las verdaderas culpables son las guerras genocidas e imperialistas, que generan estos dantescos éxodos de población. El verdadero culpable es el ansia explotadora de las grandes potencias occidentales, que no tienen escrúpulos en someter a los países de ese llamado "Tercer Mundo" a la miseria, el hambre y la desolación más absolutas. Las grandes empresas multinacionales obtienen sus ganancias de esta explotación masiva, de este saqueo continuado. Toda una hecatombe planetaria es causada por estos grandes agentes del capitalismo, que también son los mismos que están causando las graves crisis climáticas que padecemos, que a su vez también son motivo de grandes éxodos de millones de personas en el mundo. Y las mafias son los chivos expiatorios perfectos, la coartada que arguyen todos los adalides del ideario racista, para encubrir todos estos procesos expoliadores, y seguir legitimando la criminal masacre del capital. Pero...¿quiénes son las mafias? ¿Cómo se han originado? ¿Son siempre grupos organizados? ¿Son responsables de esta situación? Es evidente que siempre han existido organizaciones mafiosas que viven de chupar la sangre ante cualquier dificultad de las personas, pero ¿no deberíamos colocar el foco de atención, antes que en las mafias, en las causas que han colocado en esta situación a las personas que migran? ¿No son estas causas y sus provocadores los auténticos responsables?

 

Cecilia Zamudio lo explica en los siguientes términos: "Se intenta ocultar que el saqueo y las mal llamadas "guerras humanitarias" perpetradas por la UE y Estados Unidos contra África, tienen como lógica consecuencia el éxodo masivo. Los grandes capitalistas imponen mediáticamente a unos chivos expiatorios para ocultar las verdaderas causas del éxodo. Responsabilizan de la continua tragedia del Mediterráneo y del Atlántico a las supuestas "mafias" de transporte de personas, cuando es bien sabido que en muchas ocasiones el supuesto "mafioso" no es otra cosa que un pescador que ya no puede sobrevivir de la pesca en un mar saqueado por el arrastre de las grandes transnacionales; un pescador reconvertido en conductor de embarcaciones que clandestinamente intentan pasar las fronteras de la Europa Fortaleza. Incluso, si bien puede ser cierto que muchos transportistas de estos viajes clandestinos se aprovechan de las personas en situación de éxodo, estos transportistas no pueden ser tenidos por los responsables de esta tragedia, de estos crímenes de Lesa Humanidad. A menos que se quiera encubrir a los verdaderos responsables". Entonces, nosotros nos preguntamos...¿No es el imperialismo esa mafia responsable? ¿No son las mafias de los gobernantes occidentales las verdaderas responsables? ¿No es la mafia del complejo militar-industrial-tecnológico el responsable último? ¿No son los gobernantes simples peones al servicio de estas mafias? ¿No son los organizadores de estas guerras geoestratégicas la verdadera mafia? ¿Quiénes si no? Estas mafias legales, las que dirigen los destinos de nuestros países (la UE, la OTAN...) no vacilan un instante en iniciar una guerra devastadora contra cualquier país que contenga un amplio arsenal de recursos naturales, o simplemente que intente emancipar a su pueblo de los designios de estas bárbaras organizaciones. Estas agresiones son disfrazadas de "operaciones humanitarias", "para restaurar la democracia y los derechos humanos", cuando en realidad persiguen desestabilizar el país, convertirlo en un Estado fallido, y controlar sus reservas naturales. Y para ello no les importa si millones de personas mueren, si destrozan ciudades enteras, si generan miles de migrantes forzosos. 

 

Acciones que van generando un caldo de cultivo propicio para la instalación de empresas transnacionales extranjeras, dedicadas a saquear y expoliar el país en su beneficio. Países antes ricos, que se convierten en pobres precisamente por los planes despiadados de multinacionales que saquean y explotan al amparo de regímenes mantenidos mediante la represión y el exterminio de los opositores políticos, cuando no de Golpes de Estado y genocidios impulsados directamente por los servicios secretos y militares de Estados Unidos y sus secuaces países de la Unión Europea. Empresas cuyos mayores accionistas, completando este perverso círculo, no son otros que esas grandes fortunas europeas y mundiales, cuyos titulares salen en las revistas especializadas, y muchas de las cuales se consolidaron gracias a la deportación y a la esclavización de africanos, gracias al saqueo colonial, gracias al genocidio capitalista. En el colmo de la crueldad y de la desfachatez, los gobernantes más racistas tildan a los migrantes y a las personas que los salvan de "delincuentes" y "criminales". Esto es lo que hace exactamente Donald Trump en Estados Unidos (que acaba de iniciar una serie de redadas racistas este pasado fin de semana, con objeto de deportar a miles de migrantes), o lo que hace Matteo Salvini en Italia, que llamaba "delincuente" a la Capitana del buque "Sea-Watch 3", Carola Rackete, por haber evitado la muerte de algunas decenas de personas en alta mar. La obscenidad ha superado ya límites insospechados. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Van a organizar misiones de asesinato de los migrantes que vean en pateras? ¿Van a levantar también muros en los puertos? Este asunto ha llegado ya a tal grado de perversión que es imposible predecir cómo acabará. Lo que está claro es que los éxodos masivos de personas no van a cesar: mientras este capitalismo globalizado y terminal no se detenga en su escalada criminal, las personas tendrán que continuar buscando refugio en algún lugar seguro, cueste lo que cueste. La lógica del capitalismo más descarnado es la que provoca este fenómeno, pero este hecho no se quiere ver, se prefiere ocultar, se prefiere ignorar. Y así nos va. 

 

No debemos, pues, engañarnos, ni caer en la equidistancia de discursos huecos, vacíos o irresponsables. No podemos seguir cayendo en la indiferencia, ni dejar de denunciar los devastadores crímenes de esta globalización neoliberal. Son las lógicas inherentes al capitalismo las que decretan leyes migratorias cínicas e inhumanas, las que promulgan terribles intervenciones, y las que generan también grupos criminales que se aprovechan de las personas que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad. En resumidas cuentas, el fenómeno de explotación de los migrantes es inherente al propio sistema. Hay grupos criminales que secuestran a migrantes en la ruta que pasa por América Central hacia Estados Unidos, para pedir recompensas a sus familias, para esclavizarlos sexualmente, o para extraerles los órganos para el tráfico de los mismos. Pero ahí no finaliza la criminalidad: de la misma forma abundan los explotadores "legales" una vez que llegan a los países de destino, que los explotan laboralmente, que los acosan en los medios de transporte, que les cobran alquileres inflados, que los persiguen en sus ventas ambulantes, y un largo etcétera de discriminación, odio y persecución. Éste es el mundo que hemos diseñado. Todo un edifico de barbarie, toda una cosmovisión que legaliza el crimen, el expolio, la explotación y la humillación, que legitima el racismo (por mucho que disfracen sus mensajes y actuaciones), que genera mafias, que justifica las guerras, que criminaliza a las personas que huyen de esos infiernos, y que divulga la obscenidad de invertir las causas y las consecuencias. Está claro, por tanto, que otra Política de Fronteras debiera estar en plena sintonía con el cambio de valores, de actitudes, y de comportamientos no solo del conjunto de la ciudadanía, sino también de nuestros gobernantes, y de las instituciones y organismos internacionales que diseñan estas políticas del gran capital. No será posible cambiar nuestra política de fronteras sin un giro integral en las políticas colaboradoras con ella, pues no pueden verse de una forma aislada, sino integradas. 

 

No es una cuestión de seguridad, sino de humanidad. No es una cuestión de fronteras, sino de integración. No es una cuestión de protección de nuestra cultura, sino de apertura a la interculturalidad. Según Frontex, el 80% de las personas que llegan a Europa por la puerta de la patera (no del avión, ni de la limusina) son potenciales beneficiarios de asilo, ya que huyen de la guerra, de la violencia o de la persecución. ¿Pero quiénes sino nosotros, las potencias occidentales, hemos creado las situaciones de las que ellos y ellas huyen? ¿Quiénes han propiciado sus condiciones de miseria y de violencia? ¿Quiénes han configurado estas situaciones de desigualdad económica y de desequilibrio demográfico? ¿Quiénes continúan explotando sus recursos naturales, y aceptando mano de obra nativa esclava para obtener mayores beneficios? ¿Quiénes han hostigado a los pocos gobiernos que han siquiera esbozado la posibilidad de emancipar a sus pueblos de la dependencia y sumisión al colonialismo? ¿Quiénes han provocado en sus países el derrocamiento de gobiernos y de líderes populares, enfrentado a sus grupos tribales, y fomentado las guerras y los conflictos armados? Pero insistimos una vez más: no es una cuestión de caridad ni de solidaridad (que también), sino una cuestión de obligación, de responsabilidad y de derecho internacional. ACNUR insiste en la habitual confusión en el lenguaje mediático, popular y político con respecto a la nomenclatura, y a las responsabilidades internacionales: según este organismo, un solicitante de asilo es una persona que dice ser un refugiado, pero cuya solicitud aún no ha sido evaluada. Y para poder retornar una persona a su país de origen, mediante expulsión, extradición o deportación, es imprescindible que un procedimiento adecuado determine previamente que no se trata de un refugiado (es decir, que no está sometido a violencia ni a persecución por ninguna causa en su propio país) y que tampoco necesita otro tipo de protección internacional. El incumplimiento de estas obligaciones jurídicas de los Estados supone una violación del Derecho Internacional Humanitario. Continuaremos en siguientes entregas.

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