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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Hacia otra Política de Fronteras (62)

Viñeta: Kalvellido

Viñeta: Kalvellido

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Desde su torre de marfil de puertas cerradas y de lugares exclusivos el continente europeo contempla, impávido, los tropiezos, los ahogos, los secuestros, los traumas que su insolidaridad genera. Y aguarda a los supervivientes para sortear entre ellos trabajo precario y semiesclavo. Escribió John Berger que aceptar la desigualdad como algo natural nos convierte en seres fragmentados. Los principios de la Europa nacida tras la segunda guerra mundial se caen a trozos, con los derechos humanos resquebrajados

Olga Rodríguez

Nos centrábamos al final del último artículo sobre el planteamiento estadounidense, recrudecido bajo este Trumpismo ultra que desde 2016 padecen. Desde entonces, los migrantes se han convertido para su sociedad en la plaga de todos los males, usados como "chivos expiatorios", especialmente los indocumentados, tachados de criminales, salvajes, corruptos, drogadictos, delincuentes, violadores, narcotraficantes.... Trump prometió expulsar y deportar a más de 11 millones de migrantes mexicanos, centroamericanos y latinos, y a ello se ha puesto con todo su fervor racista. Pretende construir un muro fronterizo de 3.145 km. financiado por el gobierno mexicano, y prohibir la entrada de migrantes musulmanes, alegando razones de terrorismo. Así mismo, su programa social y laboral es xenófobo, de limpieza étnica y alimentador de las discriminaciones y hostigamientos internos para las minorías de su país. Y como señala Miguel Ángel Adame Cerón en su artículo de referencia que seguimos, es también abono para las mafias y bandas criminales, a las cuales quiere trasladar a sus patios traseros, ya que con las repatriaciones masivas (2 ó 3 millones de "criminales", como los ha denominado con la agresiva verborrea que le caracteriza), los verdaderos delincuentes y narcotraficantes (no sólo de México sino de Centroamérica y de toda América Latina) se nutrirán de esos repatriados, expoliándolos y saqueándolos aún más, contribuyendo a la diabólica espiral que los conduce a migrar. Pero...¿qué se puede esperar de un personaje carente de la más mínima ética, insolente, ignorante, cruel y despiadado, que además no muestra respeto por el resto de países ni por los acuerdos internacionales que su propios país suscribe? Trump representa la avanzadilla del más agresivo proyecto capitalista de destrucción de la humanidad. Trump no sólo se ha revelado como el mejor aliado del sionismo del Estado israelí, sino que alienta y alimenta con apoyo logístico, político y diplomático la agresividad de dicho Estado contra todos los demás países y pueblos árabes de la región (en especial Palestina), fomentando la escalada de violencia en dicha zona geoestratégica. 

 

Ni qué decir tiene que el racismo y la xenofobia más profundos e intolerantes están también en la raíz de los diversos atentados y matanzas masivas que ocurren muy frecuentemente en USA. Los criminales atentan "contra la invasión de hispanos" (como dejó escrito en su manifiesto Patrick Crusius, asesino de El Paso, Texas), o de cualquier otra raza, y por supuesto, tienen como aliado una sociedad descompuesta, perversa y con gran tolerancia social hacia el fenómeno de la posesión privada de armas de fuego.  Crusius dejó dicho: "Estoy simplemente defendiendo a mi país contra el reemplazo cultural y étnico provocado por una invasión". No obstante, y por otra parte, razones laborales explican también la enorme presencia de mano de obra barata en USA, procedente de estos países de origen. Lo explica perfectamente Marcelo Colussi en este artículo para el digital Rebelion, del cual extraigo los siguientes párrafos: "La economía del imperio conoce a la perfección ese carácter "ilegal" (en términos administrativos) de buena parte de la masa trabajadora, y se aprovecha. Siempre ha habido persecución de los inmigrantes irregulares, con lo que se consuma un descarado chantaje: esos trabajadores, huyendo de sus países de origen por las precarias condiciones socio-económicas en que sobreviven, son aprovechados por el capital norteamericano para, chantaje mediante, pagarle sueldos muy bajos en relación a la media estadounidense. Pero pese a que esos ingresos son bajos en términos comparativos, para los latinoamericanos llegados a aquél país, tales salarios representan "una salvación". Aún viviendo en condiciones indignas, se permiten ahorrar y enviar remesas a sus familiares en América Latina y el Caribe, con lo que se atenúa un poco la grave situación en los países expulsores. Todo el mundo sabe esto: autoridades estadounidenses y latinoamericanas. Pero éstas últimas prefieren ignorar las condiciones paupérrimas y de sobreexplotación de esa masa de gente, y más aún, el calvario que deben atravesar para llegar a suelo norteamericano, por cuanto esos dólares enviados a su territorio ayudan a soportar mejor la pobreza local. De hecho, en muchos países de la región, las remesas representan entre un 15% y un 20% del PIB, llegando en algunos casos hasta un tercio de su economía global. Sin dudas, ningún gobierno de la zona desea perder esa suerte de subsisio; de ahí su silencio cómplice con la desdicha de sus conciudadanos". Bien, ¿cómo podríamos llamar entonces a esta política de fronteras? ¿Cínica, explotadora, perversa? ¿Política de fronteras por clases sociales? ¿Política de inmigración rentista? El caso es que todos los nombres que pensemos se quedarán insuficientes para definir tal desaguisado.

 

Además, por su baja formación y cualificación, los migrantes acceden a puestos laborales muy generalizados, tales como asistentes para cuidar a enfermos, preparadores de comida, asistentas del hogar, conserjes para edificios comerciales, etc., por lo que el aprovechamiento y explotación despiadada de inmigrantes hispanos está asegurado. Bien, pues a pesar de todo ello, aún se vierte el indecente discurso que versa sobre los "migrantes que roban puestos de trabajo". Mucho doble rasero, mucho cinismo y mucho oportunismo es lo que hay detrás de todas esas consignas. Pero no obstante todo ello, el racismo y la xenofobia extremos se dan especialmente en dicho país. El llamamiento a levantar muros en las fronteras se fundamenta en un racismo visceral que atraviesa buena parte de la cultura media estadounidense, de la cual Trump es un claro exponente. Un país fundado sobre los rescoldos del miedo no puede dejar de mostrar manifestaciones de este tipo. En última instancia, se cumple buena parte del discurso de Karl Marx, al hablar del "ejército de reserva industrial" (refiriéndose a los desempleados del mundo para el capital a nivel global). En efecto, una buena masa de desocupados/desesperados provenientes de países empobrecidos sirve de forma ideal para ser chantajeada en suelo norteamericano, amenazándola además con el fantasma de la deportación. Ellos, que levantaron sus fronteras con el aniquilamiento de millones de indios nativos americanos, ahora se aprovechan por una parte, y por otra parte tratan con la punta del pie a los migrantes que intentan alcanzar sus tierras para poder desarrollar un proyecto de vida digno. Estados Unidos viola en este sentido dos principios éticos de la sociedad mundial, tales como la hospitalidad y el respeto a los derechos humanos. Y ello en un país que casi es una teocracia, a tenor de las proclamas religiosas que alude, y del sentido de "nación predestinada" que ellos mismos afirman. La realidad es bien distinta: la violencia y la xenofobia son elementos fundacionales de los Estados Unidos, tal como afirma el periodista Fernando A. Torres en este artículo para el digital Rebelion, que seguimos a continuación

 

USA constituye un modelo de sociedad donde se glorifica y venera la violencia, la posesión de armas de fuego, y el rechazo y odio al inmigrante. Y lo que tenemos que hacer es denunciarlo desde todas las tribunas posibles, en vez de continuar siendo cómplices de tan malvado silencio. Diariamente la furia de la supremacía blanca se ceba contra miles de migrantes, incluso contra su propia población afroamericana, a la que por supuesto consideran inferiores. Toda una política de fronteras al servicio de la retórica del odio se manifiesta continuamente y en todas las instancias. Y es que la xenofobia racista y la violencia, como más arriba hemos afirmado, son los pilares fundamentales, los mimbres principales con los que se construyó dicho país. El robo, expolio, rapiña y saqueo de territorios, los engaños, el incumplimiento de tratados, la explotación ilegal de recursos naturales en tierras indígenas y las masacres contra las tribus indígenas de América del Norte continuaron hasta el presente siglo, desde las postrimerías del siglo XVII. Si esto es lo que han practicado desde su fundación, es lógico pensar que la violencia es parte integrante de su sociedad. Una sociedad que no solo guerrea en el exterior, sino que mantiene un clima de hostilidad y violencia en su interior. Una sociedad que bulle continuamente por buscar su supervivencia, desde los parámetros del terror, del hostigamiento y del uso de armas. La violencia es para USA folklore, cultura y entretenimiento. Las armas se regalan a los adolescentes para sus cumpleaños. Existen allí muchas personas que poseen auténticos arsenales. Pero a Trump sólo se le ocurre decir que "quien aprieta el gatillo es una persona", intentando disculpar esta enloquecida posesión privada de armas de fuego. En Estados Unidos existe violencia de todo tipo: verbal, física, doméstica, en los colegios, en las computadoras, en las carreteras, en los juicios, en el mercado, en los precios, en los discursos políticos, en la bolsa, en Wall Street, en los debates políticos...Violencia por todo y para todo, violencia en todas partes y para todas las circunstancias. ¿No se han dado cuenta de que los presidentes estadounidenses son los únicos que hablan a la presa vociferando? La violencia interna y externa es su sello de identidad, personal y social. Hoy día, son el pueblo que más y mejor se identifica con la violencia de todo el planeta. 

 

La violencia es parte de su propia cultura popular. Y además se trata de una violencia amnésica, una violencia que se olvida rápidamente, lo que da idea de la falta de responsabilidad de un modelo de sociedad como la estadounidense. Sus veteranos de guerra se estiman en casi 20 millones de ciudadanos, una cifra impensable en cualquier otro país del mundo. Muchos de ellos regresan de la violencia de las guerras donde han participado a insertarse en la violencia de la sociedad. Es decir, vuelven de una guerra y se encuentran con otra. Diversas películas han mostrado este escenario social. Con variados traumas mentales y viviendo en condiciones paupérrimas, estos veteranos representan también un foco en ebullición. Y lógicamente, todas estas violencias se trasladan a los refugiados, indocumentados, solicitantes de asilo, incluso inmigrantes legales. Y en el epicentro de todo este modelo social desquiciado, por supuesto, las armas. Armas en las viviendas, armas en las tiendas, en la calle, armas en las películas y en las series de televisión, armas en los videojuegos, y armas en los escenarios del crimen real. El poderoso lobby de las armas (Asociación Nacional del Rifle) no ha querido jamás reconocerlo, pero se está generando una adicción descontrolada. Se argumentan cosas tan aberrantes como que "sólo las armas pueden detener a las armas, que a un insano con pistola lo detiene un sano con pistola, que el arma de fuego no mata, que el que está detrás del gatillo es el matador, o que para detener las masacres en las escuelas hay que armar a los profesores y al resto del personal escolar" (Fernando A. Torres). Lo raro, dado este panorama, sería que este país que estamos dibujando a grandes rasgos, tratara y acogiera bien a sus refugiados. Lo extraño sería un comportamiento civilizado, correcto, amable y cordial a las personas necesitadas que vienen de otros países. Todo ello sería lo raro. Una sociedad violenta expande su carácter violento a todas las capas y esferas, a todas las instancias, a todas las instituciones, a todas las actividades. Cuando la violencia está a flor de piel, no se puede esperar otra cosa que violencia. La peligrosa industria de las armas de fuego, más poderosa en Estados Unidos que en ningún otro lugar del mundo, financia campañas basadas en el miedo, en una supuesta necesidad de protección, en la desconfianza, en el terror. Se inventan presuntos ataques al llamado "estilo de vida estadounidense", por parte de ciertos "envidiosos". Se infunde que el resto del planeta los quiere atacar, los quiere derrotar, los quiere exterminar, porque el resto del planeta quisiéramos tener lo que ellos tienen. Ilusión y fantasía al servicio de la violencia. Continuaremos en siguientes entregas.

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