Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
El dilema urgente en el que nos encontramos actualmente lanza un mensaje alto y claro para cualquiera que esté escuchando: Si queremos mantener un planeta medianamente sano para finales de este siglo, tenemos que cambiar los cimientos de nuestra civilización. Necesitamos cambiar de un sistema que está basado en la riqueza a uno que esté basado en la vida, una nueva forma de sociedad construida sobre principios que afirmen la vida, a menudo descrita como una Civilización Ecológica. Necesitamos un sistema mundial que devuelva el poder a las personas; que controle los excesos de las corporaciones globales y de la corrupción política; que sustituya la locura de un crecimiento económico infinito por una transición justa hacia una economía estable e igualitaria
En el artículo anterior ya avanzamos que nos ocuparíamos aquí de dos ejemplos muy ilustrativos sobre hacia dónde han ido evolucionando nuestra técnica y nuestra ciencia, aplicado en este caso a los medios de transporte y al turismo de masas, para comprobar hasta qué punto representan dos aberraciones de todo punto insostenibles. Dos opciones que representan dos buenos ejemplos de lo que NO debemos hacer, y si podemos, debemos revertir. Comenzaremos por el AVE, o Tren de Alta Velocidad (TAV). En el digital Rebelion publicó un artículo Mattin Hiriberri, tratando sobre este asunto, que vamos a tomar como referencia a continuación. En 1992, dentro del marco de la Exposición Universal de Sevilla, se inauguró el primer tramo de AVE entre Madrid y Sevilla. Una infraestructura absolutamente innecesaria y costosa, pensada no para los viajeros, sino para las élites empresariales, políticas y financieras, que son las únicas que se han beneficiado con ella. Hiriberri describe: "En estos 25 años se han desarrollado 3.240 km. de AVE y están en construcción otros 1.500 km. más, lo que coloca al Estado Español en el segundo lugar del mundo después de China en cuanto a número de kilómetros de TAV y el primero en km. de TAV por persona y km. cuadrados, a pesar de su escaso número de pasajeros. Eso sí, la factura ha sido cara: 51.775 millones de euros, y la hemorragia continúa". ¿Quién ha promovido todo este super tinglado del AVE? Las grandes empresas, y con ellas, inherente a ellas, la corrupción. La tupida red de sobornos del AVE en Castilla-León, Galicia, CAV, Asturias, Cataluña y Murcia por la que hay imputadas 14 personas, al igual que los famosos Papeles de Bárcenas, nos lo explican todo. La dinámica reflejada en estos documentos de la vergüenza ya fue tratada por nosotros en su momento en otro artículo, donde remito a los lectores y lectoras que deseen más información. Pero además de los propios mecanismos de corrupción, hay que destacar el determinante y poderoso papel del lobby de la construcción en nuestro país. Entre las empresas constructoras más potentes del mundo figuran varias españolas. Su origen debemos buscarlo en el franquismo, cuando algunas de ellas se hicieron ricas empleando mano de obra esclava republicana. Esto también explica que el Estado Español sea líder en km. construidos de autopistas y autovías (muchas de ellas sin apenas tráfico y rescatadas con dinero público), y el que más cemento exporta.
Este poderoso lobby de la construcción privada, como decimos, es el que determina la política de infraestructuras públicas y de transportes en el Estado Español, y en concreto y para el tema que nos ocupa, el desquiciado e irracional desarrollo de km. de vías de AVE. El AVE ha constituido uno de los fetiches favoritos para reflejarnos en un supuesto "progreso" o "modernidad" al más brutal estilo capitalista, que consiste en obtener pingües beneficios, destruyendo la naturaleza, aunque de hecho no vaya a tener mucha utilidad, y sin preguntarse siquiera si de verdad lo necesitamos. Como relata Mattin Hiriberri: "En esta alocada carrera hacia el abismo, ninguna capital de provincia se quería quedar sin su flamente estación de TAV para eliminar su complejo provinciano, creando al mismo tiempo una perversa competencia entre diferentes regiones. Además, en las capitales la llegada del TAV ha ido acompañada de importantes pelotazos urbanísticos que en algunos casos ha rayado en lo estrambótico como la estación de Guadalajara, situada a 10 km. de la capital, al lado de la cual se construyó en terrenos propiedad del marido de Esperanza Aguirre una urbanización de lujo para 34.000 personas en la que actualmente viven solo 2000, siendo utilizada la estación por unos 70 viajeros al día". ¿De verdad hacía falta este despliegue? ¿De verdad que no podía quedarse Guadalajara con un buen tren Talgo? ¿Había que favorecer de esa manera tan escandalosa los beneficios de los poderosos? Mientras todo ello ocurre, ahí tenemos a los extremeños, que han organizado ya un montón de marchas y movilizaciones porque su Comunidad no posee no ya un AVE, sino ni siquiera un tren medio decentito que les comunique con el resto de provincias del suelo patrio. Como estamos viendo, el desarrollo exponencial de nuestro AVE no ha respondido a necesidades reales de la población, sino a intereses de lucro personal de unos cuantos dueños y accionistas de algunas poderosas constructoras. ¿Es éste el progreso y el bienestar que nos hace falta? La chapucería, la corrupción y la improvisación han sido una constante en el desarrollo del AVE en nuestro país, y así nos va. El autor del artículo nos proporciona algunos otros ejemplos interesantes, cuya lectura recomiendo.
La conclusión está clara: las líneas del AVE no ofrecen la más mínima rentabilidad, ni económica ni social, incluso tomando las de mayor trayecto, o mayor afluencia de pasajeros. Inversiones irrecuperables, explotaciones comerciales deficitarias, elevado endeudamiento, destrucción del medio ambiente...¿realmente merecen la pena este tipo de proyectos? ¿Pueden ser considerados buenos proyectos para que la gente viva bien? ¿Son sostenibles este tipo de proyectos? ¿Son beneficiosos para la sociedad? Porque ya puestos, si le hacemos caso únicamente a la ciencia y la técnica, es posible que pronto podamos fabricar un tren que viaje a 500 km. por hora...¿También lo vamos a normalizar en las vías españolas? ¿Y cuando tengamos un tren que viaje a 1000 km./h? Esta alocada carrera no nos lleva a ningún sitio. Este tipo de infraestructuras son demoledoras para una sociedad que aspire a ser sostenible. Bien, y vamos con el argumento estrella: se dice que estos proyectos crean "riqueza" y "muchos puestos de trabajo". Veamos: las obras del AVE se llevan a cabo normalmente por subcontratas que se valen de mano de obra migrante, extremadamente precarizada, con contratos de trabajo en base a los convenios laborales de los países de origen, tras agotadoras jornadas de trabajo, que además están dejando un importante reguero de muertes. ¿Es ésta la calidad del empleo que buscamos? ¿Es éste un modelo laboral y de negocio a seguir? ¿Es coherente con lo que venimos contando en cuanto a los objetivos, filosofía y política del Buen Vivir? Parece que no. Veamos a continuación lo que se debería haber hecho, diametralmente opuesto a lo que se ha hecho: lo que una sociedad sostenible necesita es un tren para viajar, no para viajar rápidamente. En base a ello, se debería haber potenciado la línea regular de Trenes Talgo, de trenes convencionales y de trenes de cercanías, potenciando sus infraestructuras y dotándolas de mejores medios, a la par que extendiendo su alcance para los usuarios.
En el caso de mi ciudad, Málaga, las organizaciones de viajeros, usuarios y consumidores llevan años reclamando una línea de cercanías que cubra la parte de la costa oriental malagueña, ya que existen únicamente las que cubren el interior (muy limitada) y la costa occidental. No se ha hecho. Y las cifras cantan por sí mismas: a pesar de que sólo un 6% de los usuarios del tren viajan en AVE, casi el 70% del presupuesto para todo el ferrocarril va al AVE. Ha quedado demostrado que cada vez que se inaugura una nueva línea de TAV, disminuye drásticamente o se cierran definitivamente el resto de servicios de la línea. Durante estos más de 25 años desde el primer AVE Madrid-Sevilla, se han perdido unos 3.000 km. de tren convencional. A esto habría que añadir que el gasto de mantenimiento del TAV es un 70% superior al del tren convencional, como es lógico, supuesto que es una infraestructura más poderosa técnicamente. Hablamos de un coste de unos 100.000 euros por km./año. El AVE se convierte así en un importante factor de desvertebración del territorio (a pesar de que nos cuenten justo lo contrario), que empuja a muchos usuarios a la carretera y que además no transporta mercancías. Como asegura Hiriberri, el AVE es básicamente un instrumento de poder clasista. Se construye sin necesidad, se construye por pobres, con el dinero de los pobres para beneficiar a las élites económicas y empresariales, y por supuesto, políticas (luego vendrán las puertas giratorias). Y encima, solo lo utilizan los ricos, porque el precio del billete no es accesible a las mayorías sociales de este país, con el poder adquisitivo que manejan. Mientras, el tren convencional utilizado por los pobres es condenado al abandono y a la discriminación. El AVE es una infraestructura contaminante, cara e innecesaria, creada únicamente como fetiche del poder y como símbolo del mal progreso de los pueblos.
Quizá pudiéramos pensar, a efectos medioambientales, que es menos contaminante que los trenes convencionales. Pues no: como ha quedado demostrado fehacientemente en el reciente estudio de EKOPOL, el AVE en absoluto se puede justificar como garantía de ahorro energético y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sino todo lo contrario. Tengamos en cuenta también la profunda devastación del medio natural que la propia construcción del AVE requiere (montañas, ríos, bosques, llanuras, praderas, humedales...), y no solo por donde pasa, todo lo cual configura al TAV como una de las mayores agresiones al territorio que podamos imaginar. Como concluye el autor del artículo de referencia: "...nos conduce (...) a gran velocidad hacia el colapso civilizatorio del que cada vez más voces nos advierten". Hemos querido traer a esta entrega número 60 de nuestra serie sobre el Buen Vivir un claro ejemplo de infraestructura peligrosa, inconveniente, indeseable, que va en contra de todos los criterios y parámetros que deben regir y guiar una buena planificación del medio ambiente y de los medios de transporte de una sociedad sostenible. Una infraestructura al estilo del AVE va justamente en contra de todo lo que venimos contando que hay que hacer, es contraria a toda la esencia propia del Buen Vivir, porque contamina, porque daña, porque no está pensada para la función que debe desarrollar, sino que simplemente la enmascara bajo otros objetivos. Ello no quiere decir que estemos en contra de los avances científico-técnicos que nos permiten mejorar nuestros medios de vida y sus elementos cotidianos, pero como acabamos de explicar, la esencia y los motivos que inspiran al AVE no son los que deberían ser. Desde hace siglos existen gran cantidad de avances científico-técnicos, la ciencia los conoce, sabe de su existencia, los experimenta, los perfecciona, pero no los implementa mayoritariamente en la sociedad, porque se entiende que no están creados para esa función. Razones de costes, de contaminación, de inconveniencia, de motivos éticos, etc., provocan que finalmente no se difundan mayoritariamente. El AVE debería ser uno de ellos. Continuaremos en siguientes entregas.