Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Ser antisionista se ha convertido en una de las luchas más generosa, justa, honesta, ilustrativa y liberadora de nuestro tiempo histórico
Continuamos exponiendo la reciente historia del conflicto palestino-israelí, y en el artículo anterior nos habíamos quedado en el momento de la muerte del líder histórico Yaser Arafat, en el año 2004. Tras conocerse la noticia de la gravedad del estado de salud de Arafat, surgieron grandes interrogantes sobre cómo sería la sucesión del líder palestino, teniendo en cuenta el vacío político surgido de la ausencia de su control, que había ejercido de forma absoluta durante años. Sin embargo, y a pesar de todas las dificultades que pronosticaban una guerra civil, la muerte de Arafat permitió restablecer un cierto grado de unidad nacional que se había quebrado durante la intifada. Las dificultades fueron enormes durante el deterioro de la salud del líder palestino, no solo por las tendencias divergentes entre diferentes grupos de seculares y fundamentalistas, sino también a causa de los desacuerdos dentro del movimiento Al Fatah. En el lado israelí, la noticia de la muerte de Arafat generó diversas reacciones. A Sharon, la muerte de Arafat le sirvió para anunciar de forma unilateral su retirada de la Franja de Gaza como base para reanudar el diálogo apoyado en esta decisión por la Casa Blanca después de la reelección de Bush. Y por su parte, la gran mayoría de la opinión pública israelí creyó que si los palestinos elegían a un presidente más moderado, habría una oportunidad histórica para establecer una paz duradera y acabar con el conflicto. Y a pesar de que la muerte de Arafat no se produjo debido a un asesinato como lo fue el caso de Isaac Rabin, las dos partes del conflicto trabajaban para cambiar el ambiente político conflictivo y dar esperanza a las negociaciones. Después de varios días de los funerales de Arafat, Sharon procedió a levantar las condiciones previas que habían bloqueado el diálogo desde 2001, y también aseguró que Israel estaba dispuesto a coordinar el plan de retirada de Gaza con el futuro gobierno palestino. Después de la muerte de su líder, la Autoridad Nacional Palestina tenía que pasar de un sistema basado en la legitimidad encarnada en la persona del líder popular, a un sistema basado en la legitimidad democrática, lo que podría dar lugar a la consolidación de la cohesión nacional. En este sentido, las organizaciones políticas trataron de preservar la unidad nacional y buscar el consenso en las opiniones, especialmente entre los críticos del proceso de paz y los grupos líderes de la Intifada palestina.
También fueron tratadas las reformas institucionales del sistema político, para que estuvieran preparadas antes de las elecciones previstas para el 9 de enero de 2005, formando el centro de interés de la opinión pública internacional. En este contexto, el Cuarteto fue la única oportunidad para restablecer el proceso de las negociaciones, y asegurar así el éxito de las elecciones presidenciales palestinas que dependerían en gran medida de la reanudación de las negociaciones. Tras la celebración de dichas elecciones, Mahmud Abbas logró la mayoría absoluta con más del 62% de los votos. Abu Mazen fue presentado como el heredero político de Arafat. Después de asumir su cargo como Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Abu Mazen se reunió con los líderes de los grupos islamistas con el objetivo de poner fin a la intifada, debido a las importantes consecuencias negativas que estaba teniendo sobre la economía de los palestinos, y finalmente, se decidió firmar un acuerdo sobre un alto el fuego temporal. A pesar de tomar esta medida, se demostró más tarde que este acuerdo no significaba el fin de las hostilidades y que solo servía para contener la violencia por un tiempo determinado y como tregua temporal para avanzar en las reformas de la Autoridad Nacional Palestina, además de la aplicación de algunos aspectos de la Hoja de Ruta elaborada por el Cuarteto para Oriente Medio. En cualquier caso, en diciembre de 2004, resultó obvio el cambio en el panorama político de los territorios ocupados de acuerdo a una encuesta realizada, por primera vez, por el Centro Palestino de las Encuestas, según la cual el 65% de los entrevistados estaban a favor de desarmar a los grupos de la Intifada, mientras que el 38,6% se pronunciaron en contra. Hamás, por su parte, también comenzó a demostrar su voluntad de participar en la gestión de la política interna y parlamentaria palestina. A su vez, los planteamientos y objetivos de Hamás distinguieron dos enfoques, uno histórico y otro emergente. El primero consiste en la liberación de toda la Palestina histórica desde el Mediterráneo hasta el río Jordán. El segundo enfoque es más pragmático y conciliador, e incluye el establecimiento de los dos Estados de Palestina e Israel de acuerdo a las resoluciones de las Naciones Unidas, y todo ello mediante una solución negociada.
A principios de 2006 tuvieron lugar las elecciones legislativas palestinas, las primeras en las que participaba Hamás, que provocó la sorpresa al obtener la mayoría absoluta en el Consejo Legislativo palestino. Aunque Hamás llegó al poder a través de elecciones democráticas, la comunidad internacional no reconoció su victoria, e incluso había sido considerado como un grupo terrorista. Las elecciones fueron pacíficas y los candidatos pudieron apoyar sus programas electorales bajo la ocupación, a la luz de los obstáculos que Israel trató de ponerles en el camino del proceso electoral. Por ejemplo, Israel intentó prohibir a los candidatos de Hamás ejercer sus derechos de propaganda especialmente en Jerusalén. Uno de los importantes acontecimientos en el conflicto palestino-israelí fue la operación militar que Israel llevó a cabo contra la Franja de Gaza gobernada por Hamás desde su victoria electoral en 2006. El ataque israelí a Gaza empezó el 27 de diciembre de 2008 y finalizó el 18 de enero de 2009. Estos ataques israelíes a la Franja de Gaza fueron una auténtica masacre, y así fueron calificados por la comunidad internacional. Un total de 1.434 palestinos perdieron la vida, y 4.336 resultaron heridos. De entre los muertos, 960 eran civiles, y 288 menores de edad. Israel bautizó su operación con el nombre de "Operación Plomo Fundido". Las mujeres y niños representan conjuntamente el 30,2% del total de las víctimas de los ataques israelíes a Gaza, así como el 46,7% del total de las víctimas civiles. Y según el Ministerio de Salud en Gaza, el número de palestinos heridos ascendió a 5.300 personas, entre ellas unos 1.600 niños (30%) y 830 mujeres (15,6%). En otras palabras, el número de los heridos, entre mujeres y niños, alcanzó 2.430, lo que representa el 45,6% del total de los heridos en la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza. A lo largo del tiempo que duró la ofensiva militar israelí se destruyeron de forma completa más de 2.114 casas, o sea 3.314 familias que comprenden 19.592 personas. Se destruyeron de forma parcial más de 3.242 casas, cuyas familias se calculan en 5.470 y representan 32.250 personas. Otras 16.000 casas sufrieron diversos daños debido a los ataques y actos de destrucción, además de varios edificios que se incendiaron en diferentes localidades de la Franja. A todo ello se suman el horror y la intimidación que sufrieron más de 51.000 personas, que se vieron obligadas a evacuar forzosamente sus hogares para encontrarse luego sin hogar.
El informe del Centro Palestino de los Derechos Humanos (CPDH) consideró el ataque israelí contra Gaza, el 28 de diciembre de 2008, como el más violento y sangriento en la historia de la ocupación israelí desde 1967. En estos ataques, Israel ha utilizado diferentes tipos de armas contra los civiles palestinos y sus bienes, miles de cohetes y misiles fueron lanzados por las fuerzas de tierra, mar y aire, llegando a pesar algunos de ellos una tonelada, teniendo en muchos casos como blanco a la población civil y causando la muerte de muchos palestinos desarmados. El Centro Palestino de los Derechos Humanos concluyó sus investigaciones afirmando que las prácticas de las fuerzas de ocupación durante la ofensiva militar contra la Franja de Gaza constituían una violación de las normas del derecho internacional humanitario, y representaban una violación del principio de la distinción y proporcionalidad en los actos de combate. Y tal como viene detallado en el citado informe, las fuerzas israelíes han atacado de forma indiscriminada zonas pobladas, utilizando armas de manera arbitraria y matando a infinidad de civiles inocentes. El CPDH hace hincapié en el hecho de que estos actos constituyen infracciones graves de los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, además de considerarse también crímenes de guerra, teniendo en cuenta las pruebas esparcidas por toda la Franja de Gaza y que indican las infracciones israelíes al Derecho Internacional Humanitario y que todas ellas confirman que Israel ha cometido crímenes contra la humanidad. Muchas ONG, como Human Rights Watch (no sospechosa de izquierdismo precisamente), Amnistía Internacional y otras, condenaron estos brutales y genocidas ataques israelíes. Desde su mandato, Mahmud Abbas ha proyectado un considerable esfuerzo en toda Europa y América Latina para ganar el apoyo político de estos países en torno al reconocimiento de Palestina en las Naciones Unidas como miembro de pleno derecho de dicha organización. La solicitud fue presentada por los palestinos ante la ONU el 23 de septiembre de 2011. Alcanzar este status es importante, ya que se considera un Estado independiente en los territorios ocupados por Israel desde 1967. Por supuesto, la negativa a dicho objetivo ha provenido, sobre todo, de Estados Unidos y la Unión Europea. La Autoridad Nacional Palestina también se dirigió a la UNESCO para solicitar su integración de pleno derecho en la misma. Por su parte, la Asamblea General de las Naciones Unidas otorgó a la ANP el estatuto de "País observador" no miembro de las Naciones Unidas, lo que los palestinos consideraron un derecho adquirido y una victoria diplomática.
Este nuevo estatuto de Palestina en la Asamblea General ha sido posible gracias a los 138 países que votaron a favor, tan solo 9 votaron en contra y 41 países se abstuvieron. Entre los países que votaron a favor se encuentran 3 países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Francia, Rusia y China), mientras los Estados Unidos votó en contra y Gran Bretaña mantuvo su abstención. Los demás países que votaron en contra además de los Estados Unidos fueron: Israel, Canadá, Palau, Micronesia, la República Checa, Panamá, Nauru y las Islas Marshall. El documento, copatrocinado por unos 60 países, se pronuncia a favor de los derechos inalienables del pueblo palestino, y pugna por el fin de la ocupación de sus territorios iniciada en 1967, así como por un Estado palestino independiente, soberano, democrático y contiguo con las fronteras definidas antes de esa fecha. Del mismo modo, se manifiesta por una solución de dos Estados conviviendo en condiciones de paz y seguridad para el conflicto palestino-israelí, y urge a reanudar y acelerar las negociaciones del proceso de paz para Oriente Medio. Mahmud Abbas instó al mundo a "corregir la injusticia histórica que afectó al pueblo palestino", y dijo que "el momento ha llegado para que el mundo diga basta a la ocupación y la colonización israelíes". Por contra, Benjamin Netanyahu aseguró que "esta medida no llevará al establecimiento del Estado palestino, sino que lo va a retrasar por mucho tiempo". Poco antes de la votación en las Naciones Unidas, los palestinos salieron a las calles de Cisjordania para expresar su apoyo a la petición de su gobierno, e igualmente varias manifestaciones salieron con el mismo objetivo por las calles de Gaza. Los Estados Unidos, como hemos visto, expresaron su rechazo a la petición palestina. La entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton había dicho en unas declaraciones a varios medios de comunicación que "Washington cree que la medida palestina es un paso equivocado y que los esfuerzos deben centrarse en la reactivación del proceso de paz en Oriente Medio". Como vemos, es una historia que se repite sin cesar, pero donde la neutralidad, como habíamos indicado ya al comienzo de esta serie, no es posible para ningún observador justo que se precie. Israel es hoy día una gran potencia mundial, con uno de los ejércitos más fuertes y poderosos, y Palestina no puede hacerle sombra. Israel lleva aprovechándose de esta situación durante demasiado tiempo, ejecutando masacres injustificadas contra la población palestina, echando de sus tierras a sus gentes, ocupando cada vez más territorios, y cortando el paso a las iniciativas de paz, así como a una salida pacífica al conflicto. Durante esta última década, el conflicto no ha hecho más que enconarse. Dramas gigantescos y aberrantes masacres han continuado cometiéndose contra el pueblo palestino, ante la vergonzosa indiferencia de la comunidad internacional. A ello ha contribuido el gran actor aliado de Israel, Estados Unidos, de quien hablaremos también a fondo a partir de las próximas entregas. Hasta entonces.
Fuente principal de referencia: Tesis Doctoral "El tratamiento del discurso mediático en los periódicos españoles del conflicto palestino-israelí", cuyo autor es Rana Zhran, Universidad de Málaga, 2015