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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El Genocidio Palestino (XVIII)

El Genocidio Palestino (XVIII)
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En la guarida de la bestia, donde la impunidad sistemática por las atrocidades anula el Estado de Derecho, la conciencia es superflua. Desde las carnicerías en masa hasta la ejecución individual de palestinos, con raras excepciones, los israelíes tienen mano libre para acometer los que son, a todos los efectos, actos terroristas aprobados por el Estado

Vacy Vlazna (Coordinadora de Justice por Palestine Matters)

En la última entrega nos quedamos finalizando una breve semblanza de la figura de Yaser Arafat, el gran líder palestino, reconocido por altos mandatarios internacionales. Arafat pasó sus últimos días prácticamente bajo arresto domiciliario, cercado por tropas israelíes, tal como ya explicamos cuando durante las primeras entregas realizamos una historia del conflicto durante sus últimas décadas. Estuvo recluido en Ramala, la capital de la Autoridad Nacional Palestina, donde se encontraba rodeado y bajo el fuego de tropas israelíes. Después de una comida en octubre de 2004, Arafat enfermó con náuseas, vómitos y dolor abdominal. Una investigación llevada a cabo por Al Jazzera llevó a la exhumación del cuerpo del líder palestino en el año 2012, y la consiguiente investigación científica. Según señala este artículo del medio Monitor de Oriente, los comentarios sobre los descubrimientos del investigador forense David Barclay indicaron: "Basándome en mis décadas de experiencia y con las evidencias por delante, no tengo ninguna duda de que una dosis letal de Po210 había sido administrada o había sido ingerida por Arafat en 2004, lo que provocó su muerte". No sería ni el único ni el primer líder mundial asesinado (véanse los casos de Martin Luther King, Ghandi, y muchos otros), en este caso por envenenamiento. Las autoridades israelíes no permitieron que Arafat fuese enterrado en Jerusalén, así que fue llevado a cabo un funeral de Estado en Egipto antes de que su cuerpo fuera enterrado en Ramala. Al contrario que Nelson Mandela, Arafat nunca fue exonerado de su título de terrorista, pero en vida el líder declaró: "Quien quiera que esté al frente de una causa justa no puede ser llamado terrorista". Yaser Arafat representó durante toda su vida la lucha del pueblo palestino por su libertad y por su emancipación, alcanzando el nivel de otros grandes líderes mundiales que habían luchado por sus pueblos. En este caso, a su muerte, la lucha aún no había finalizado. Arafat siempre permanecerá en el recuerdo y en la mente de los palestinos, y será honrado y venerado durante generaciones, sirviendo como inspiración para la incansable lucha por la causa del pueblo palestino. 

 

La política de Israel hacia Palestina es premeditada, destinada a infligir daño a la población palestina, a destruir su entorno, a hacer sus vidas imposibles, a generar muerte y desolación, e impedir la conformación de un Estado palestino viable. Ese es su objetivo consciente y declarado. Se trata de una forma de cruel terrorismo planeado y calculado, con asesinatos selectivos, construcción de muros de separación, asentamientos y traslado de colonos para impedir la autodeterminación palestina, destrucción de cultivos, restricción al libre movimiento, confinamiento y tortura psíquica y física. Pablo Jofré Leal explica en este artículo: "Una política racional pero esencialmente criminal y atentatoria de los derechos más elementales del pueblo palestino. Definida así desde las más altas esferas de esta supuesta democracia cívico-militar con el objetivo de exterminar al pueblo palestino. Destruir su cultura, eliminar cualquier vestigio de historia, que no sea aquella inventada por el mito fundacional de un régimen, que utiliza incluso herramientas arqueológicas, fábulas religiosas, estrategias comunicacionales --como la hasbara-- y el apoyo de gobiernos como los de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, en el mantenimiento de una alianza que le garantiza a Washington y sus aliados occidentales presencia en una de las zonas de mayor importancia geoestratégica del mundo". Los intereses estadounidenses no se confunden con los israelíes, pues son, en el fondo, los mismos. De ahí su apoyo inquebrantable. Su misión es torpedear por todos los medios dicha zona de Medio Oriente, impedir la hegemonía de los posibles gobiernos árabes de la región, y detentar el control de sus recursos naturales. Tristemente, la Unión Europea y el resto del mundo juegan aquí un lamentable papel, de sordos conscientes, y de cobardes ejecutivos. Jamás se han prestado a liderar una negociación real entre las partes, y jamás han realizado la debida presión para que las resoluciones de la ONU sean cumplidas. Con estos mimbres, difícilmente puede hallarse no ya una solución al conflicto, sino ni siquiera una situación que suavice la vida al pueblo palestino. Y mientras, la vida de los palestinos es una triste sombra de cruda desgracia. Ellos llevan viviendo el colapso sistemático de sus vidas, de sus recursos, de sus viviendas y de sus propiedades desde hace décadas, sin que ningún actor internacional se digne a intervenir en su favor. 

 

La vida en los territorios palestinos ocupados resulta, sencillamente, miserable. A ello hay que sumar incluso, también, la perversa complicidad de algunos actores locales, como la monarquía saudí, que también despliegan acciones en contra del pueblo palestino, adhiriéndose a los postulados israelíes y estadounidenses. El lobby sionista posee el control de la mayoría de medios de comunicación occidentales, lo que equivale a transformar la perversa realidad, a encubrirla y a suavizarla, y a proporcionar argumentos favorables siempre a Israel. Por eso la opinión pública occidental no se conmueve en su inmensa mayoría ante el drama palestino. Cuantiosos recursos económicos se mueven aquí para mantener esta cruel realidad. Y así, desde hace décadas, un esperpéntico escenario de caos y desolación, desestabilización y guerras de agresión se levantan contra el pueblo palestino, que aún resiste al invasor, como aquélla famosa aldea gala. La maquinaria política y comunicacional de esta alianza nefasta, de esta triada conformada por Washington, Tel Aviv y Riad es la responsable de millones de víctimas, la destrucción de países enteros y el permanente chantaje a organismos internacionales como las Naciones Unidas, que suelen verse impotentes ante las constantes amenazas de estos gobiernos, so pena de ver disminuidos sus recursos económicos. Hace algunos días leí una propuesta que me parece bastante coherente, aunque insuficiente: si estos países resultan una amenaza para las Naciones Unidas...¿por qué permanecen en su seno? Lo más lógico, natural y democrático sería expulsarlos sin más, para que no siguieran formando parte de la institución que representa a la comunidad internacional, una comunidad que ellos permanentemente ningunean, chantajean y corrompen. Pero como decía anteriormente, aún apoyando esta propuesta, me parece claramente insuficiente (de hecho Estados Unidos se expulsa él solo de diversos Acuerdos, Tratados, Convenciones, etc.). Expulsar a estos países no solo representaría un acto de sanidad democrática mundial, sino que debería constituir un paso previo para la formación de un frente de países que luchara activamente por las causas que ellos continuamente atacan. En el caso que nos ocupa, la lucha y la causa palestina. 

 

Estos macabros países vierten claras amenazas no solo en los pasillos diplomáticos, sino en los plenos de la Asamblea General de las Naciones Unidas y sus organismos dependientes, como la UNESCO, la UNICEF, y otros donde se suele documentar detalladamente el papel criminal de los gobiernos de Israel y Arabia Saudí contra sus vecinos regionales en las materias que les competen, pero cuyas conclusiones deben ser archivadas ante el descaro amenazante de retirar el apoyo financiero a dichos organismos, o reestructurar sus directorios si se continúan revelando los crímenes de guerra, contra la infancia o contra el patrimonio histórico (entre otras áreas) que suelen ser preocupación de la ONU. Son países que están apostando claramente a la destrucción, al caos y a la barbarie, y por ello no deberían seguir perteneciendo a los foros donde se expresa y acuerda la comunidad internacional. Pero la realidad llega a lo más grotesco y demencial. Estados Unidos ha llamado incluso a "cambiar la política hostil que la ONU tiene con Israel", en una desfachatez que no ha merecido declaración alguna de su actual Secretario General, Antonio Guterres. Avalado por este apoyo, Israel no le va a la zaga y ha señalado que es víctima de una maquinación de la ONU y sus organismos para desacreditarlo. Y la pregunta es: ¿Cómo se va a desacreditar a aquel que en esencia profana los derechos humanos de la población palestina, ocupa su territorio, asesina a sus hijos, destruye sus tierras de cultivo y lo aísla del mundo encerrándolos en un muro de apartheid? Hemos llegado ya al paroxismo de tener que reclamar lo obvio, de tener que reivindicar lo básico, de tener que soportar hasta qué punto se niega la evidencia y se hace apocalipsis del terror. Resulta que es el culpable de toda esta barbarie quien se quiere hacer pasar por víctima, y hacer pasar a las verdaderas víctimas por culpables. Nos quieren hacer creer que Palestina, una sociedad impedida de transitar por su propia tierra, de acceder a recursos básicos como agua y tierra para cultivos, es la responsable de esta situación. Nos quieren hacer creer que la responsable es Palestina, un pueblo cercado por asentamientos habitados por colonos extremistas, armados y defensores a ultranza del más descarnado sionismo. 

 

No debe extrañarnos, pues a la luz de lo que ha venido representando el sionismo durante el último siglo, la realidad es que siempre han apelado a la victimización para conseguir sus objetivos. No en vano se calcula que Israel ha recibido desde el año 1950 (cuando se firma el acuerdo de reparación entre Alemania y el régimen israelí) hasta la fecha más de 100.000 millones de dólares en "reparaciones" del gobierno alemán para las víctimas del Holocausto (según cuenta el intelectual judío Norman Finfelestein en su libro "La industria del Holocausto"), pero de dichos fondos muy poca cantidad ha llegado a sus legítimos destinatarios, y han servido más bien para afianzar la entidad sionista en el plano tecnológico y militar. Pero la acción militar, violenta y criminal de Israel no se puede seguir ocultando bajo el manto del victimismo. Las propias Naciones Unidas, en mayo de 2017 a través de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de los Territorios Palestinos Ocupados (OCHA, por sus siglas en inglés) afirma en el documento oficial titulado "1967-2017: 50 años de Ocupación y Vidas fragmentadas" que el contexto humanitario del territorio palestino cuya usurpación es llevada a cabo por fuerzas militares y colonos israelíes, es único entre las crisis humanitarias que existen actualmente en todo el mundo, y sigue directamente relacionado con el impacto de la ocupación israelí, ahora en su 50º Aniversario. Israel ha venido estableciendo un régimen de apartheid que oprime y domina al pueblo palestino en su totalidad sobre la base de los instrumentos principales del derecho internacional. Ello ha sido impuesto con el fin de mantener la dominación de un grupo racial sobre otros. Pero el apartheid es un crimen universalmente aplicable, y la ley ampara la cuestión sobre la situación de los palestinos como pueblo. La historia de guerras, anexión y expulsiones, así como una serie de prácticas, han fragmentado el pueblo palestino en cuatro grupos poblacionales diferentes, tres de los cuales (los ciudadanos de Israel, los residentes de Jerusalén Este y la población bajo ocupación en Cisjordania y Gaza) viven directamente bajo el control israelí, y los restantes, refugiados y exiliados involuntarios, viven más allá. Esta fragmentación, junto con la aplicación de ordenamientos jurídicos, radica en el epicentro del régimen de apartheid. Ambos sirven para debilitar a la oposición y para ocultar su propia existencia. Continuaremos en siguientes entregas.

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