Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
“La ley israelí distingue de manera única la ciudadanía de la nacionalidad. La nacionalidad de un ciudadano árabe israelí es "árabe", no israelí, mientras que la nacionalidad de un ciudadano judío es "judío", no israelí. ¿Los ciudadanos de cualquier otro país se distinguen así en la ley? La prohibición del matrimonio entre judíos y no judíos no es el resultado de negociaciones políticas con partidos religiosos, sino del deseo de proteger al pueblo judío de la impureza. Estas contorsiones son requeridas por el Estado autodeclarado de Israel como algo diferente a la tierra de todos sus ciudadanos. Los primeros sionistas dijeron que querían que Palestina fuera tan judía como Gran Bretaña es británica y Francia es francesa, un error de categoría flagrante que ha tenido consecuencias terribles
Recientemente, en estos pasados días, se les ha vuelto a ver juntos, a Trump y a Netanyahu, en referencia al mal llamado "Acuerdo del Siglo", al que le dedicaremos tiempo en su momento. Pero nos seguiremos centrando, de nuevo, en el repugnante retrato de ambos líderes. En un Netanyahu al que le gusta que le palmoteen la espalda, y que se solaza con declaraciones que suelen catalogar a su entidad sionista como la única "democracia" de Oriente Medio. Si todas las democracias del mundo fuesen como Israel, más nos valdría que no existiera ninguna. Sonríe placentero y orgulloso cuando Donald Trump, el Presidente más nefasto de toda la historia norteamericana, proclama al mundo que su alianza con Israel es inmutable. Vamos, que ambos darían la vida el uno por el otro. Netanyahu y su escasa noción de realidad, lo han convencido de que el mundo aprueba su política de crímenes contra el pueblo palestino, y que cualquier medida que se toma en su contra es parte de una conspiración internacional difundida desde Teherán, con la complicidad de grupos antisemitas y extremistas, que no comprenden el papel que cumple Israel como adalid de Occidente. Y cada vez que los líderes mundiales y la propia ONU le ríe las gracias a Israel es un nuevo tanto que se apunta, y mayor empoderamiento el que consigue en el escenario internacional. Netanyahu vive en un mundo paralelo, en una realidad que existe solo en su mente, donde todos sus crímenes contra el pueblo palestino parecen estar justificados, donde el robo y el saqueo de tierras palestinas es aceptable si se les entrega a colonos judíos de origen ruso, estadounidense, franceses o de cualquier otra parte del mundo, que acuden gustosos al reparto de tierras, subsidios y armas. Netanyahu hace caso omiso de las críticas que lo señalan como un criminal, a sabiendas de que el poder que atesora en la comunidad internacional lo exonera de todo peligro. Netanyahu es, como asegura Pablo Jofré Leal en el artículo de referencia, todo un enajenado. Y es que Netanyahu quiere seguir haciendo comulgar al mundo con ruedas de molino, quiere seguir jugando el papel de víctima perpetua (de ahí que explote el Holocausto como lo hace), llegando a acusar a la ONU de ser "el centro del antisemitismo. Negar el derecho de Israel a existir es antisemitismo lisa y llanamente", llegó a proclamar con arrogancia.
Su perversión, su enajenación, su ignorancia y su desvergüenza lo describen muy bien. Junto con Trump en Estados Unidos, cada día que pasa consolidan y despliegan más poder para una alianza pensada para delinquir. Jofré Leal aclara: "Quien reprime y considera al pueblo palestino como seres humanos de segunda categoría nos quiere hacer creer que se le persigue y que el mundo vuelva a apiadarse de ello. Nos llama antisemitas tratando de hacer equivalente la crítica al sionismo con su creencia religiosa o los orígenes de parte de sus habitantes, que son los que podrían reclamar el carácter de semitas. Quien niega al otro el derecho a vivir es justamente la entidad sionista al pueblo palestino, a los cuales ha expulsado por millones de su tierra y les impide el derecho al retorno como lo han establecido innumerables resoluciones de esas Naciones Unidas que tanto molesta a Netanyahu". Bajo su verborrea difamatoria y falsa, prepotente e indignante, intenta esconder la realidad de una entidad sionista que asesina diariamente a la población palestina. Es su régimen quien encarcela, deporta y destruye las viviendas y tierras de cultivo palestinas. Un Israel que asienta a cientos de miles de colonos en tierras que no le pertenecen, que ha encarcelado a centenares de niños palestinos menores de 16 años, que impide el libre desplazamiento de la población palestina, que ha ocupado los recintos sagrados del Islam en Al Quds bajo historias fantasiosas sobre el carácter judío exclusivo de esas tierras. Una entidad que impide el libre desplazamiento de los palestinos con centenares de check points y un sistema de tarjetas, patentes de vehículos diferenciadas según si eres palestino o israelí, y carreteras vedadas al paso del pueblo palestino, generando un sistema de apartheid tan brutal como el que soportó Sudáfrica durante décadas. ¿Cómo es posible que toda una población esté imbuida de tan brutales postulados? Es fácil demostrarlo: no solo la religión, sino el propio sistema educativo juega su perverso papel en este adoctrinamiento. Lo cuenta Noa Limone en un artículo para el medio Hareetz, traducido por J. M. para el digital Rebelion, que seguiremos a continuación. De entrada, la bandera nacional y los retratos de los líderes políticos del país se han convertido en paisaje natural y en parte de la decoración en las escuelas preescolares israelíes. Es fácil hacerse una idea del mensaje que se intenta inculcar a los infantes, para que tomen como modelo y referencia a estos macabros personajes. ¿Es de verdad deseable tener un retrato por ejemplo del Primer Ministro colgado en la pared de un jardín de infancia?
El Ministerio de Educación israelí lo llama el "rincón nacional", es decir, un pequeño espacio donde se encuentran concentrados varios símbolos de la nación. A veces también incluyen un mapa. Es evidente, y cualquier pedagogo podría confirmarlo, que estas áreas no son convenientes para niños de esas edades. Claramente se trata de una invasión de su espacio vital, cuya función es tratar de imponerles algo. Es, en el fondo, una muestra de un complejo imperialista: el hecho, la necesidad de comunicar desde tempranas edades a los ciudadanos quiénes son y quiénes les representan en el mundo. En opinión de la doctora Yael Dayan, experta en educación de la primera infancia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, la creación de estos rincones y su estatus permanente "está en consonancia con los intentos enérgicos de hacer a un lado todo pensamiento no nacionalista". De hecho, en Israel la educación nacionalista comienza en la edad preescolar, observa el Profesor Avner Ben-Amos, de la Escuela de Educación de la Universidad de Tel Aviv. Hace unos años, por lo visto, tuvieron un acalorado debate en torno a la conveniencia de la celebración o no del Día del Recuerdo del Holocausto en las escuelas preescolares. Las autoridades educativas muestran un esfuerzo por encontrar un denominador común para los eventos que ocurrieron en diferentes contextos y períodos que son remotos entre sí. El tiempo totémico, en contraste con el tiempo cronológico, no se guía por un principio de continuidad temporal, sino por la continuidad de un contenido específico, y en este caso la guerra. El hilo de la guerra pasa del período del Faraón a través de los Macabeos, Hitler, el Mandato Británico, y continúa como parte de un proceso de inercia en los tiempos posteriores al establecimiento del Estado de Israel, lo que los preescolares conmemoran como el Día de la Independencia. Dos mil años o más no alteran la esencia del mensaje que se vierte a los niños y niñas israelíes. Ben-Amos, que también ha realizado investigaciones en Francia, señala que en Europa los días de celebración nacional no se abordan en el sistema educativo, como sí ocurre en Israel.
Y así, los temas de la persecución, el heroísmo y la guerra se repiten en un continuo sin fin durante todo el año, suponiendo un adoctrinamiento muy peligroso para niños en edad tan temprana. En las ceremonias del Día de la Independencia en las escuelas preescolares se da un enfoque en los símbolos militares y su asociación con los valores de coraje y heroísmo, y un énfasis en la amenaza que todos enfrentan y la consiguiente necesidad de una defensa activa, en la línea de "todos salvaguardaremos nuestra patria y seremos valientes soldados". Unos contenidos peligrosamente nocivos para los niños de cualquier parte del mundo. Los esquemas mentales infantiles deben mantenerse al margen de cualesquiera reivindicaciones nacionalistas, que al fin y al cabo son políticas, y que además ya tendrán tiempo de estudiar en su momento. Con todo este despliegue, lo que el sistema educativo infantil israelí consigue es preparar a sus súbditos desde pequeños, para que vayan asumiendo el relato que conviene al régimen. No interesa que sean de mayores ciudadanos que cuestionen nada, sino que reproduzcan acríticamente los valores y comportamientos que al régimen le interesan. ¿Algo propio de una democracia? Más bien de furibundas dictaduras. La mayor parte de la ceremonia del Día de los Caídos en las escuelas israelíes está dedicada a un estudio detallado de todas las guerras del país. El contenido informa sobre el pasado, y prepara psicológicamente al niño para todas sus posibles acciones futuras. Los niños israelíes se ven arrastrados a menudo a conversaciones profundas y oscuras sobre la muerte, algo que no es propio de su edad, ni en nada les beneficia. Y así, algunos niños manifiestan sus temores y dificultades, otros rompen a llorar, y otros quedan atónitos y en shock ante tanta barbarie. Los niños (ni los israelíes ni cualesquiera otros) no deben enfrentarse a estos temas difíciles, pues su mente aún no está preparada para ello. Si se insiste en estas actitudes, tan solo están perturbando en demasía la buena educación de los infantes. "Una de las batallas que tengo es sobre los días conmemorativos en los preescolares", dice el doctor Yarden Kedar, Jefe del Departamento de Educación de la primera infancia en el Beit Berl Teachers Training College, "los niños deben recibir algunos años de inocencia y gracia, y no exponerse a materiales que no puedan entender o digerir", opina.
Según un estudio realizado en 1987 por la antropóloga Tzili Dolev-Gendelman, los maestros de preescolar en Israel dan forma y transmiten símbolos sionistas: "En el nivel metafórico latente los maestros de preescolar transmiten un mensaje en el que los niños son percibidos como renovadores y cumplidores en la práctica de la transición del exilio a la redención", escribe. Y en un estudio anterior de 1986 la socióloga Lea Shamgar-Handelman y su esposo, Dan Handelman, antropólogo, concluyeron que la misión principal del sistema educativo de Israel era crear un molde ideológico que contribuyera al proceso de establecimiento del Estado. Descubrieron que la internalización mental de esa ideología comienza a edades muy tempranas, un fenómeno que desde los primeros años de existencia del Estado israelí fue visto como una herramienta al servicio del mismo que alentaría la transformación del niño en un individuo distinto de sus padres inmigrantes. Por esa razón encontramos tanta homogeneización del pensamiento, tanta uniformidad mental, tan poco grado de ideodiversidad y de sentimiento en cuanto a la pertenencia a un pueblo, y los orígenes del mismo. Todo les ha sido imbuido desde la infancia, todo les ha sido inculcado pasando por encima de las más elementales leyes pedagógicas, que advierten de que no es sano que los niños se enfrenten desde tan pequeños a estos asuntos. ¿Va a criticar la derecha política, mediática y social del resto de países que en tan alta estima tienen a Israel, el perverso y continuado adoctrinamiento que realizan a sus escolares? No uno, sino muchos expertos de la primera infancia consultados por el artículo de referencia coinciden en que existe un compromiso exagerado e inapropiado con la religión y la nacionalidad en las escuelas preescolares de Israel, tanto en términos de la frecuencia de las celebraciones y ceremonias en sí mismas, como en la estructura narrativa de las historias citadas en ellas. Y no solo eso: la alta frecuencia de las ceremonias oficiales brinda a los participantes del sistema la oportunidad de probar y experimentar la unidad y la sumisión, ya que durante las ceremonias los responsables y organizadores adoptan un enfoque rígido y un comportamiento autoritario y absolutista. Se adhieren a un horario incansable y no permiten apartarse de la norma. Todo un sacrificio innecesario y perjudicial en niños y niñas de esas edades. Sus gobernantes deben pensar que si el futuro está plagado de guerras, los niños deben familiarizarse con el sufrimiento y la muerte. Continuaremos en siguientes entregas.