Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
En socorro de estas percepciones acude con mucha frecuencia la tecnología: ya aparecerán –se nos dice– procedimientos y herramientas que permitan resolver los problemas que hoy parecen inabordables. Conseguiremos frenar el cambio climático y encontraremos, en el terreno energético, alternativas. Así las cosas, la tecnología, idolatrada, funciona como una especie de tótem religioso que difumina mágicamente todas las situaciones delicadas
Confiar en la potencialidad inmensa de la tecnología para resolver los problemas ambientales que han sido causados por el crecimiento de la potencia tecnológica significa creer que un problema puede resolverse fortaleciendo su causa
En el artículo anterior nos quedamos exponiendo hasta qué punto los libros de texto de nuestros escolares se inspiraban en la equivocada idea de la tecnolatría, adoración por la tecnología, como salvadora de todos nuestros problemas presentes y futuros. De hecho, no se plantean limitaciones o restricciones a la tecnología. Se legitima su avance incondicionalmente. Se da por hecho siempre que ese "avance" es beneficioso en sí mismo. Y en los casos en los que se presentan críticas o problemas, se hace de forma atomizada y parcelada. Los aspectos insostenibles no se perciben como relacionados con la propia tecnología, y su uso indiscriminado. Entre las ocultaciones típicas encontramos la radioactividad (que parece no existir en los libros de texto que manejan nuestros escolares), al igual que las centrales nucleares. Así mismo, no aparece mención alguna, salvo excepciones, a las enfermedades causadas por el progreso, la tecnología dura y la avaricia del capital. De igual modo, los principios de precaución y cautela ante los posibles efectos de los avances tecnológicos no se mencionan en los libros de texto, directamente no existen. No se elabora por tanto ningún relato crítico. En ningún caso se considera que la técnica pueda empeorar aquello a lo que se aplica, y nunca se habla de los efectos negativos que puede tener su uso a largo plazo o de que muchas reacciones y consecuencias están por descubrirse. Se dan por buenas una serie de prácticas que se han convertido en habituales y no se menciona la posibilidad de que puedan acarrear consecuencias que desconocemos. Apenas aparecen, pues, contestaciones o críticas al modelo tecnológico. Y cuando aparecen, lo hacen de forma sesgada o matizada. Sin embargo, las prácticas sostenibles que no emplean tecnologías duras son consideradas como atrasadas y poco eficaces. Los desastres y los problemas causados por las aplicaciones tecnológicas cada vez más complejas son presentados como accidentes, y nunca como algo inherente a la propia tecnología. Y por supuesto, estos "accidentes" y efectos no deseados se perciben como algo subsanable siempre a través de más tecnología. Se plantean soluciones tecnológicas para los problemas ambientales, y la tecnología es presentada como la vía para resolver los problemas que ella misma genera.
A menudo se ofrecen soluciones triviales, mínimas o directamente ridículas a problemas graves que causa la tecnología orientada al consumo. Las soluciones más presentadas a los alumnos y alumnas son aquellas que permiten seguir consumiendo tranquilamente. Es igualmente destacable que ninguno de los textos contemplados para el estudio habla de la necesidad de migrar hacia un modelo de consumo más austero como solución evidente para los problemas derivados del consumo, de agotamiento de los recursos y fuentes de energía, aunque sí se menciona el reciclaje en las secciones (políticamente correctas) de casi todos los libros de texto. Por supuesto, hemos encontrado excepciones a todo ello, incluso resaltamos que existe un libro bastante crítico con el modelo tecnológico y sus consecuencias: se trata de Ciencia, Tecnología y Sociedad de 1º de Bachillerato Ed. Algaida.
5.- LA IRRELEVANCIA DE LAS SOLUCIONES PROPUESTAS Y LA OCULTACIÓN DE LAS SOLUCIONES RELEVANTES. A pesar del deterioro provocado por el actual sistema de "desarrollo", los libros de texto de nuestros escolares no discuten los pilares sobre los que se sustenta. En ningún momento se cuestionan los "intocables" fundamentos del crecimiento económico tales como el automóvil, la ciencia, la tecnología, los ejércitos, las multinacionales, la globalización económica, la propiedad privada, el dinero, los centros comerciales o el modelo energético basado en los combustibles fósiles. Ninguno de estos aspectos se presenta desde visiones claramente críticas. Se confía en la ciencia y en la tecnología para la resolución de los problemas ambientales, sanitarios, sociales...Éstas se consideran positivas en sí mismas, sin analizar los efectos negativos de la industria armamentística, ni de la tecnología nuclear, ni de la biotecnología, ni de la industria farmacéutica, ni por supuesto de sus vías de financiación. ¿Algunos escolares han venido contando alguna vez a sus padres que en el colegio han hablado del derecho a la paz? ¿Alguna vez han venido contando que algún profesor ha cuestionado la propiedad privada? ¿Alguna vez han contado que les han explicado las verdaderas causas de las desigualdades? ¿Los escolares han contado alguna vez que les han explicado en clase las maldades de la industria farmacéutica? ¿Les han criticado en clase alguna vez las funciones de las Fuerzas Armadas? ¿Les han explicado lo que significa la corrupción? Los autores del estudio de referencia destacan algún libro de texto en este sentido, y las aberraciones que proponen debatir a los alumnos, como por ejemplo Conocimiento del Medio 6º Primaria Ed. Santillana, que llega a plantear un debate sobre la conveniencia de transportar los residuos que generan sociedades como la nuestra...¡A la Luna! (En ningún caso se plantea como primera opción el uso racional de los recursos, y la necesidad de reducir la generación de residuos).
Normalmente, la monetarización de los impactos ambientales causados por las actividades humanas, por ejemplo el principio de "quien contamina paga", se ofrece como solución. Como si fuera posible respirar y comer dinero. O como si a alguna gran corporación transnacional le asustaran las posibles multas que pudieran afectarle, absolutamente ridículas comparadas con los beneficios de las mismas y de sus magnates y accionistas. No se habla por tanto de educar a los escolares en valores para la sostenibilidad (la consideración de las generaciones futuras, la lentitud, el cierre de los ciclos o la austeridad, entre otras), que a su vez pudieran conducir a discutir y plantear alternativas a nuestro perverso modelo socioeconómico, devastador del planeta y de sus habitantes. Los ecosistemas se presentan, equivocadamente, como independientes entre sí. Por eso el modo de respetar al medio ambiente será su conservación fragmentaria. Se apunta a la desertificación, la contaminación, etc., como problemas causados por la actividad humana, pero se plantean soluciones de escaso alcance y políticamente correctas como reciclar, apagar las luces, cerrar el grifo, plantar un árbol, etc. (por ejemplo, se habla mucho de apagar las luces domésticas, pero no se cuestiona el despilfarro que supone la iluminación navideña de las ciudades). En ningún caso se plantean soluciones colectivas y a gran escala que puedan amenazar al sistema. No se relacionan estos problemas con el consumo, con los modelos de producción o con el sistema económico. Tampoco se explica que son los países desarrollados los que provocan los mayores impactos, ni los que consumen la mayor parte del papel, de la madera, de la energía y del agua, ni se menciona que son ellos los que generan una huella y una deuda ecológica más importante.
Y en cuanto a la pérdida de biodiversidad, las soluciones que los libros de texto proponen apuntan a la creación de zonas protegidas aisladas, aparentemente independientes de todo lo que les rodea. No plantean qué se sigue haciendo en las zonas desprotegidas ni se compara, por ejemplo, el número de hectáreas protegidas con las que están sin proteger. Y así, las soluciones propuestas para la resolución de la crisis ambiental y social, si es que se analizan, no proponen ningún cambio radical del modelo de desarrollo económico actual, ni del consumismo, ni de la productividad o el crecimiento económico. Solamente se ofrecen soluciones simples e irrelevantes que desplazan siempre la responsabilidad al consumidor final, a los usuarios, al conjunto de la población, y permiten evadirla a quienes son los verdaderos causantes y responsables de la magnitud de los problemas, como son los gobiernos y las grandes empresas. Por supuesto, no estamos en contra de que los libros de texto aconsejen a nuestros escolares y los insten a llevar a cabo dichas tareas, pero denunciamos que si no les exponemos la visión crítica de nuestro sistema, y hacemos descansar la responsabilidad principal en los grandes agentes económicos, estaremos desviando el asunto, e incapacitando a nuestros escolares para que sean capaces de llevar a cabo un análisis real de los problemas y las soluciones. No podemos hurtarles dicha capacidad. La escuela y el modelo educativo deben servir, como llevamos apostillando desde los primeros artículos de la serie, para sembrar en los estudiantes la semilla de la crítica y del cuestionamiento de todo. Continuaremos en siguientes entregas.
Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción