Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Los sionistas anhelan que la humanidad admita que aunque los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad pueden ser condenados, el mismo crimen se debe tolerar e incluso aceptar cuando es perpetrado por sionistas. Y cuando el mundo habla en contra de esos crímenes, si estos los cometen judíos sionistas, se soltará la acusación prefabricada de antisemitismo, y si se da la casualidad que las personas críticas son judías, se invocará el indigno mantra de los judíos que se odian a sí mismos, para así silenciarlos e intimidarlos
La lección que Israel quiere que saquemos del Holocausto es que tiene derecho a hacer impunemente lo que se le antoje al pueblo palestino en nombre de la protección de la comunidad judía. Pero la lección correcta que hay que aprender −y es más urgente que nunca− es que debemos permanecer unidos/as contra el odio y la opresión racial y religiosa, sin importar quiénes sean sus víctimas
Uno de los intelectuales más lúcidos, veteranos y solventes del mundo es Noam Chomsky, a quien le dedicamos en su momento este artículo en la celebración de su 90 cumpleaños. Pues bien, en 2017 la tragedia palestina fue abordada por este autor (junto al historiador israelí Ilan Pappé), en un nuevo libro, de título "Conversaciones sobre Palestina", que fue analizado por Clara Nieto en un artículo para la Revista Arcadia. Lo tomaremos como referencia a continuación. Ilan Pappé es ex Profesor de Historia en la Universidad de Haifa y actual Profesor en la Universidad londinense de Exeter. Pappé pertenece a los considerados "nuevos historiadores" de Israel, es decir, los que se atreven a revisar la historia de su país y a criticar su política. Claramente opina en contra de la decisión de crear dicha nación, y señala el sionismo como la ideología que origina la mayor parte de los males que atormentan tanto a israelíes como a palestinos. Ambos autores están de acuerdo en varios aspectos fundamentales en torno al conflicto: para empezar, critican el apoyo incondicional de Estados Unidos al gobierno israelí, con la complicidad de las potencias occidentales, durante los últimos 50 años. Conceden un peso sustancial al síndrome del Holocausto, al complejo de culpa por el antisemitismo en sus países, y por ende al temor de ser calificados de antisemitas, arma que Israel arroja contra quien sea cada vez que se queda sin argumentos. Para Israel, todo lo que implique crítica, censura o condena hacia sus políticas, es acusado de antisemitismo y de persecución. Ambos autores condenan el desastre, las masacres, la limpieza étnica a dos tercios de la población, los desalojos, la expulsión de millones de personas que desde entonces se refugian en países vecinos. Chomsky habla de la "ocupación criminal" de Cisjordania, de Gaza, de Jerusalén Este, supuesta capital palestina, y de los Altos del Golán. Todo ello fue territorio ocupado desde la Guerra de los Seis Días de 1967, tras la cual proceden a construir colonias judías en violación del derecho internacional.
Imponen desde entonces, para estos autores, un brutal y humillante dominio, con centenares de puestos de control, de rutas y de caminos vedados a los palestinos en su propio territorio, y de enjambres de soldados en sus tierras. Los autores califican de racista a Israel, condenan el muro de separación que levanta dentro del territorio palestino, al que califican como "apartheid" israelí, pues de eso se trata. Pappé menciona la gran semejanza de esta política con la que se implantó en Sudáfrica. La diferencia, añade Chomsky, es que los blancos en Sudáfrica necesitan a los negros para su vida diaria y cotidiana, pero en cambio los israelíes quieren hacer desaparecer a los palestinos. En respuesta a los ataques de cohetes que le lanza Hamás desde Gaza, cuyo impacto es relativo, las operaciones militares de Israel son desproporcionadas. Frente al ejército israelí, uno de los más poderosos del mundo, con armas de último modelo que le provee Estados Unidos, y un arsenal nuclear vergonzosamente permitido (mientras critican permanentemente a cualquier otro país que lo intente), las fuerzas palestinas son irrelevantes. Como si una hormiga atacara a un elefante. Destacan estos autores, no obstante, que el movimiento mundial contra Israel no para de crecer, aunque no sea apoyado por los gobiernos occidentales. Y así, va creciendo el termómetro social occidental en favor de Palestina, debido en parte también al gigantesco crecimiento de los movimientos e iniciativas sociales de boicot contra Israel, como el BDS, creado por la sociedad civil palestina, pero hoy día extendido ya a un montón de países, cuyas poblaciones se están sensibilizando con esta injusticia. Y cada vez que la ONU adopta una nueva resolución, instando a Israel a desmontar sus asentamientos, a abolir el muro, y a restituir los derechos al pueblo palestino, el mafioso gobierno israelí no deja de proferir insultos a toda la comunidad internacional, y de hacer gala de su desprecio a los derechos humanos. Nunca se somete a ellas, denunciando siempre una "conspiración contra Israel" (haciendo galas de su clásico victimismo), y amenaza con represalias a los países que las apoyan, retirando incluso embajadores de los países en cuestión.
Un exceso de prepotencia para un país tan pequeño, cuestionado y solitario, sin más apoyo que el gran "primo de zumosol" que representa Estados Unidos. Pero este aislamiento puede aumentar y convertirse en un Estado paria, llegando a estar tan deslegitimado que solo pueda sobrevivir mientras Estados Unidos lo apoye. Pero la gran pregunta que la inmensa mayoría de los gobiernos no se hacen es: ¿Se pueden tener relaciones diplomáticas con un país como Israel? ¿Se pueden y se deben formalizar con Israel negocios y relaciones comerciales? ¿Se pueden quizá firmar tratados? ¿Se deben apoyar eventos organizados por este país? La respuesta se nos aparece bien clara y cristalina: NO. ¿Por qué se hace, pues? Entendemos que la inmensa mayoría de los países lo hacen por no incomodar al gigante estadounidense, y otros quizá lo hagan también porque creen que Israel tiene alguna parte de razón en sus planteamientos, debido quizá a que se han creído parte de sus bulos. Precisamente por eso Israel tira de mitología siempre que puede, y sobre todo se apoya en el eterno chantaje que representan los usos y abusos del Holocausto y del antisemitismo. María Landi ha publicado recientemente en el portal web Desinformémonos un artículo titulado precisamente así, explicando el claro abuso y la explotación que Israel lleva a cabo con este asunto. Lo seguiremos a continuación. Básicamente, Israel se esconde detrás del genocidio judío perpetrado por los nazis para concederse mayor legitimidad internacional, e intentar escapar del llamamiento al boicot invocado desde la sociedad civil palestina (desde 2005), y del cual se han hecho eco multitud de actores internacionales. Pero está claro que aquél terrible acontecimiento (de los más brutales de toda la historia de la humanidad) no debe ser usado como instrumento político para garantizar la impunidad del Estado de Israel ante sus continuos crímenes contra el pueblo palestino. De hecho, si nos damos cuenta, concluiremos que no puede haber mayor hipocresía que conmemorar el Día del Holocausto en Jerusalén, una ciudad donde la tercera parte de su población (palestina) carece de los derechos sociales y políticos básicos, y está siendo objeto de una brutal limpieza étnica mediante desalojos forzados y demoliciones continuas para imponer poco a poco una mayoría demográfica judía. Como asegura José Schulman, Director de la Liga Argentina por los Derechos Humanos: "No cualquier homenaje es memoria". Y es que es muy evidente el uso cínico que el régimen israelí ha hecho de la memoria del genocidio judío cometido por el nazismo para acallar las críticas a sus crímenes contra el pueblo palestino.
Concretamente, Netanyahu ha utilizado este Foro para presionar a los líderes mundiales que han acudido para que respalden la posición israelí de que la Corte Penal Internacional no tiene jurisdicción en los territorios palestinos, después de que la Fiscal de dicha institución anunciara el mes pasado (tras cinco años de examen preliminar) que está lista para abrir una investigación sobre posibles crímenes de guerra en Cisjordania y Gaza, en espera de una decisión de la CPI sobre su jurisdicción. El líder israelí respondió entonces que "se están emitiendo nuevos edictos contra el pueblo judío, edictos antisemitas de la Corte Penal Internacional", y llamó a boicotearla. ¿Pero es que acaso no hay que condenar la hipocresía de los líderes mundiales (incluido nuestro Rey Felipe VI) que acudieron a cerrar filas con Israel mientras daban la espalda al campo de concentración llamado Gaza, apenas a una hora de Jerusalén, en el que el régimen sionista mantiene encerradas a dos millones de personas desde hace 13 años? ¿No se les cae la cara de vergüenza a tanto líder mundial trajeado y serio, que conmemoran un acto de recuerdo al holocausto mientras ríen las gracias al país que está masacrando a Palestina? En la actualidad, en todos los países los lobbies sionistas están presionando a los gobiernos para que adopten la definición de antisemitismo de la IHRA (Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, que asocia antisemitismo con antisionismo, y trata como tal toda crítica hacia el régimen israelí), y una vez aprobada, presentan recursos de lawfare (guerra jurídica) contra las organizaciones que impulsan el BDS o defienden los derechos del pueblo palestino, aún cuando ellas estén en total consonancia con las resoluciones de la ONU y el Derecho Internacional. Y es preocupante que hasta el momento, un total de 25 países ya hayan adoptado la definición de la IHRA. Y aunque ya lo hicimos en las primeras entregas de la serie, creemos conveniente volver a explicar la diferencia entre ambos conceptos: antisemitismo (o judeofobia) es el prejuicio y el odio hacia las personas judías (que en Europa y Rusia generaron persecución, represión y genocidio), mientras que antisionismo es el rechazo a una ideología (el nacionalismo judío) que impulsó la fundación del Estado de Israel en Palestina y que sigue impulsando su expansión en la actualidad.
El sionismo es la doctrina que justifica la colonización de Palestina, que apoya los crímenes contra el pueblo palestino, el despojo, el exilio forzoso y las masacres contra este pueblo. Es por eso que las críticas contra Israel no se originan en prejuicios contra las personas judías, sino en el reconocimiento de que las políticas y fundamentos del sionismo son racistas y supremacistas. Pero desgraciadamente, el sionismo sigue teniendo hoy día una fuerza tremenda. Incluso en América Latina las derechas aliadas al lobby sionista están impulsando también la reforma de las leyes contra la discriminación y el racismo para incluir el antisionismo como un delito de odio, y poder asociarlo de esta forma a un tipo de antisemitismo. Pero no hay justificaciones legítimas para ello, ni debemos caer en tan burda confusión. No debemos llamarnos al engaño. Pongamos fin por tanto a tanta desvergüenza mundial en relación a la conmemoración del Holocausto, porque en su nombre, Israel no tiene derecho a masacrar a ninguna población impunemente. En nombre de una falsa protección de la comunidad judía no pueden atentar contra el pueblo palestino. Ninguno de los líderes mundiales que acudieron a aquél acto tiene vergüenza, pues apoyan con su presencia la farsa de equiparar el intento de un pueblo de lograr justicia con el antisemitismo. Pero adoptar esta cobarde posición le hace un flaco favor a la causa del pueblo palestino, que es quien ahora se ve masacrado, expoliado y expulsado de sus tierras. Todos los líderes mundiales que allí acudieron están traicionando las esperanzas de libertad del pueblo palestino, así como su dignidad. Así que desde esta humilde tribuna exhortamos a los gobiernos del mundo para que dejen de seguir el juego a Israel, para que dejen de ser cómplices de sus burdas estrategias, para que dejen de apoyar su espuria causa, y para que dejen de utilizar el nombre y el recuerdo del Holocausto para promover el actual genocidio hacia el pueblo palestino perpetrado por la peligrosa potencia sionista. Continuaremos en siguientes entregas.