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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por una Reforma Educativa para todos (XVIII)

La soberanía pedagógica tiene sus requerimientos: debe partir de un conocimiento profundo y posicionado de la realidad social y cultural del entorno en el que se ubica el centro, debe seleccionar los saberes más relevantes para esa comunidad, debe acordar sus prácticas metodológicas. Para ello, se necesita una organización radicalmente democrática de los centros de enseñanza, no jerárquica, no vertical, que propicie la participación. Y es fundamental un profesorado formado en este concepto de institución escolar, que comprenda que la soberanía pedagógica no supone trabajar sin red, sino justamente construir una red que lo haga sentirse seguro y feliz en el desarrollo de su labor docente

Pura Sánchez

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En el artículo anterior ya comenzamos a exponer y a denunciar el claro sesgo sexista que caracteriza a la mayoría de los libros de texto de nuestros escolares. Es muy frecuente la presentación de trabajos, tareas y preocupaciones estereotipadas en función del género, asunto éste que evidentemente no pone fácil la transformación de una cultura machista imperante en las próximas generaciones. Si afirmamos en mil foros distintos que es absolutamente imprescindible que las siguientes generaciones dejen de reproducir los comportamientos machistas, es evidente que los libros de texto tienen que hacérselo mirar. En pocos casos encontramos esfuerzos, excepcionales y bienvenidos, que mantengan a lo largo de todo un libro de texto el intento de presentar personas, imágenes y contenidos que rompan con el sexismo dominante. Una buena excepción la constituye el libro de Matemáticas de 6º de Primaria Ed. SM, donde no solo el número de apariciones tanto en las ilustraciones como en el texto es rigurosamente equitativa del principio al fin, sino que también el contenido de los ejercicios e ilustraciones remite a roles diversos, no estereotipados y a menudo contrarios a los tradicionales. Todo un lujo, tal como está el patio. ¡A ver si cunde el ejemplo! Pero desgraciadamente, como decimos, en la mayoría de los libros de texto, en la representación de la realidad que aparece en los mismos, aquella selección de lo que merece la pena conocer, muestra un mundo de hombres y de obras hechas por hombres. Las artes, las ciencias, las tecnologías, las grandes obras de la humanidad, la organización política y económica del mundo, dicen los libros, son obra de varones. Incluso la invisibilidad y los estereotipos de género adoptan formas sutiles. Por ejemplo, en la representación de la anatomía humana (de existir una sola figura) es masculina. La niña es una variante que aparece cuando se incorpora la diversidad al niño. La especie humana es, para los libros de texto, masculina, y por defecto, femenina. Existen intentos (realmente en unos pocos libros excepcionales) de hacer una crítica a esta invisibilización, tanto desde la denuncia al patriarcado como desde la visibilización de personajes femeninos que ocuparon el espacio público de la política. Desgraciadamente, pocos de los libros estudiados en el informe de referencia ofrecen esa mirada crítica. 

 

En muy contados libros de texto se recogen las luchas de las mujeres contra la opresión. Esta invisibilización es mayor aún que la de las luchas obreras. Para completar el panorama, la presentación de situaciones injustas se sitúa normalmente lejos en el tiempo o en el espacio. Así mismo, los libros de texto reafirman la división espacio público/espacio privado, y asumen que el espacio privado y las tareas que se realizan en él corresponden a las mujeres. Los análisis que se hacen son también sesgados: por ejemplo, se presenta "la generación "baby boom" y el deseo de las mujeres de trabajar fuera del hogar" como uno de los motivos del aumento del paro, concretamente en el libro Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Vicens Vives. Así mismo, los libros de texto muestran a nuestros escolares que el trabajo es únicamente el trabajo remunerado, que no existen otras opciones, ni son válidas otras posibilidades. Entonces, comprar y preparar los alimentos en la casa, criar a los hijos (con el enorme empleo de tiempo y esfuerzo que exige), atender a personas enfermas o ancianas, acompañar al colegio o apoyar emocionalmente a quien lo necesite, serían actividades que, sin el reconocimiento de un salario, no tienen valor en la economía, y esto es lo que enseñan los libros de texto a nuestros estudiantes. El trabajo doméstico en la propia casa, el que los y las escolares ven a diario, no tiene consideración de trabajo en la selección de conocimientos valiosos para los libros escolares. Por ejemplo, en el libro de Economía 1º de Bachillerato Ed. Edebé se define a la población activa como "aquella que está en edad de trabajar siempre que no sea estudiante, ama de casa u otros colectivos que no realizan trabajo remunerado". Entonces, por esa misma lógica, "una persona en edad legal de trabajar pero que lleva a cabo tareas domésticas en su casa y no recibe remuneración salarial forma parte de la población inactiva". Todos estos erróneos conceptos, esquemas y definiciones pasan a formar parte del imaginario de nuestros jóvenes y adolescentes, que luego continúan reproduciendo en la etapa adulta, y por tanto, cada vez es más difícil romper dichos esquemas. La palma se la lleva el libro de Inglés de 1º de Bachillerato Ed. Oxford, que achaca a la invención de la máquina de escribir la incorporación de las mujeres al trabajo. 

 

Nos parece muy grave que la realidad que muestran esos libros de texto que leen nuestros escolares omita precisamente el tramo del trabajo que asegura su supervivencia y acepte el dinero como única medida del valor de una actividad. Esta omisión del trabajo dedicado a crear y mantener la vida hace difícil comprender las raíces profundas de la sostenibilidad, y la posible aportación humana a la misma, que va más allá de apagar la luz al salir de la habitación o visitar una granja escuela. Necesitamos libros de texto que aporten luz a los escolares en cuanto a todas las dimensiones del trabajo humano, y no solo en su visión capitalista. Necesitamos que nuestros escolares aprendan el valor del trabajo voluntario, del trabajo reproductivo, y del trabajo no remunerado en general. Incluso necesitamos que nuestros escolares den valor a otras formas de intercambio laboral de las que nuestras sociedades adolecen, como el trueque o libre intercambio. De esta forma, aprenderán que hay que desligar la percepción de cualquier tipo de prestación económica (sueldo, subsidio, renta...) a la realización obligatoria de un trabajo considerado "productivo" (no para la sociedad, sino para el capitalismo). Y así, un libro de texto orientado mínimamente hacia la sostenibilidad hará visibles los trabajos que resuelven nuestras necesidades básicas, ya sean materiales o emocionales. Sacará a la luz la centralidad del trabajo doméstico, su desigual reparto en nuestra sociedad y la exigencia de un reparto justo del mismo entre hombres y mujeres, ya desde la infancia. También dejará patente el peso de las mujeres en la producción de alimentos y otros productos básicos en las economías de subsistencia. Este mismo libro colocará en un lugar prioritario los conocimientos que las mujeres han ido adquiriendo a través de sus prácticas productivas y reproductivas (crianza, salud, alimentación, mediación, acompañamiento emocional, usos agrícolas, ganaderos y forestales respetuosos con los ritmos naturales...), conocimientos estos que serán centrales en una cultura de la sostenibilidad. Igualmente, enseñará a nuestros escolares las verdaderas dimensiones del trabajo humano, y no solo las relacionadas con la cultura del capital. Otros contenidos que debería presentar un texto comprometido con la supervivencia en equidad serían, entre otros, la relación del patriarcado con la violencia, con la concentración de poder o con la destrucción de culturas y medio natural; las luchas de las mujeres del sur y del norte en la defensa de la vida humana y la naturaleza; el recorrido y logros de los feminismos y por último la necesaria participación de mujeres y hombres para alcanzar una situación de equidad. Un libro de texto que apueste por la sostenibilidad ecológica y social colocará la vida humana y no humana en el centro del conocimiento y reconocerá por tanto el papel co-protagonista y los saberes de las mujeres.

 

8.- LA CIENCIA COMO VALOR ABSOLUTO. La enseñanza de las disciplinas científicas a nuestros escolares también adolece de un enfoque más correcto. Desde el principio de esta crítica a los libros de texto que una Reforma Educativa integral debería abordar, hemos resaltado el hecho de que se les transmite a los alumnos y alumnas una visión de la ciencia como una panacea, así como una transmisión de la misma casi idolatrada. Sin embargo, los escolares tienen que aprender que no solo la ciencia no es solución para todo, sino que además la ciencia tiene que ser despojada de los posibles intereses que pueda haber tras ella, así como dotarla siempre de una perspectiva ética. Para entender una presumible problematización de la ciencia en el análisis del currículum oculto antiecológico conviene recordar la observación de Vandana Shiva al afirmar que mientras las campesinas indias con sus narraciones, mitos y saberes sobre el bosque han conseguido vivir de él durante siglos, tras la llegada de los biólogos ingleses con su modelo de ciencia y ética, éste fue talado. A pesar de encontrarse superado por la ciencia moderna desde comienzos del siglo XX, el paradigma científico que se presenta a los alumnos como el único e indiscutible, tiene mayoritariamente un corte mecanicista, reduccionista y analítico. Este modelo se basa en la idea de diseccionar la realidad en partes para su estudio, sin que ello implique una posterior recomposición integradora del todo (visión holística). Este paradigma explica la realidad de un modo lineal, en términos de relaciones unidireccionales causa-efecto. Sin ir más lejos, la ciencia que se presenta en los libros de texto es ignorante de la situación de crisis ambiental global. En los libros analizados en el informe de referencia apenas se aplican las leyes o principios científicos al análisis de los problemas ambientales globales, ni al funcionamiento de la propia vida. Cuando se presentan a los alumnos y alumnas problemas ambientales, se hace de forma aislada y fragmentada, sin que sea posible relacionarlos con el modelo socioeconómico que los genera. Se pueden encontrar menciones al agujero de la capa de ozono, o al efecto invernadero, sin que se perciba con claridad que no son causas, sino efectos del deterioro global.

 

La consideración de que la suma del análisis y conocimiento de las partes constituye el modo de conocer el todo, supone una visión simplificada de la realidad que no permite establecer las relaciones complejas en las que se basan todos los procesos que tienen que ver con la vida. La ciencia “occidental” se presenta en los libros de texto como incuestionable, infalible y objetiva. Sentencia las verdades absolutas, si algo está “científicamente probado”, ese algo se convierte en una certeza. Y así, para los libros de texto que enseñan a nuestros escolares, la ciencia, separada de la ética, se justifica en sí misma. Si no acierta en algunas hipótesis, es por la falta de medios. Los problemas que la ciencia pudiera generar se resuelven y autorregulan con el tiempo mediante los avances que ella misma desarrolla. Se transmite equivocadamente a los estudiantes una fe ciega en los avances científicos como solucionadores de cualquier problema que el futuro nos pueda deparar. La ciencia es la justificación del dominio del "hombre" sobre el resto del mundo vivo y no vivo. Por ejemplo, el libro de Física y Química de 1º de Bachillerato Ed. Ecir sentencia: "El ser humano, por su propia naturaleza intenta conocer y controlar el mundo que le rodea. Por tanto la actividad científica es inherente a la propia naturaleza humana estando encaminada a comprobar, aprovechar y controlar los fenómenos de la propia Naturaleza". Existe un absoluto silenciamiento y desprecio por aquellos sistemas de conocimiento diferentes a la ciencia positivista occidental. En realidad siempre que se habla de conocimiento se alude a la ciencia occidental y se descartan las numerosas formas de conocimiento que la humanidad ha tenido y le han servido para sobrevivir y desarrollarse. El modelo propio de las culturas sostenibles, en el que reside una buena parte del conocimiento que permitiría la sostenibilidad no existe o se cataloga como característico de culturas atrasadas e ineficaces. No se recogen errores de la ciencia y sus aplicaciones, ni tampoco sus consecuencias. La ciencia se percibe como algo neutral, ocultándose que la mayor parte de las investigaciones científicas están financiadas por grandes corporaciones multinacionales y gobiernos (que a menudo están presionados por éstas). Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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