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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El Genocidio Palestino (29)

Fotografía: Paisaje de Gaza después de un bombardeo israelí

Fotografía: Paisaje de Gaza después de un bombardeo israelí

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Creo que es importante reconocer que probablemente las tres cosas que caracterizan a Israel y al gobierno israelí son la arrogancia, la brutalidad y la estupidez. Y esos son los tres elementos que guían sus acciones. Arrogancia es pensar que las vidas palestinas no son importantes. Creen que los palestinos no son nada, que es precisamente lo que los regímenes racistas piensan del “otro”. Sobre su brutalidad ya me he manifestado desde el principio y han demostrado una terrible crueldad hacia los palestinos. Y, ¿qué decir de su estupidez? Cuando se les conoce de cerca y entre bastidores, cuando se observan los detalles y su falta de previsión se puede apreciar lo estúpidos que son

Miko Peled (disidente israelí y activista por la paz)

Ya hemos hablado en entregas anteriores, y continuaremos haciéndolo por su importancia, sobre la política de "amistad inquebrantable" entre Estados Unidos e Israel, que posibilita en gran medida el escenario que estamos describiendo en esta serie de artículos. Concretamente, y siguiendo a Jeff Halper en este artículo, las bases de esta política (bajo la actual Administración Trump) se podrían resumir en los siguientes puntos: la estrecha cooperación y coordinación militar entre ambas potencias; la permanente acción de veto estadounidense frente a cualquier resolución de la ONU que perjudique a Israel; la consideración por parte de Estados Unidos de que el movimiento mundial de BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) es inherentemente antisemita y debe ser obstaculizado por todos los medios; el rechazo a la idea de que Israel es una potencia ocupante; la difusión de la idea de que los dirigentes palestinos han liquidado cualquier posibilidad de paz con Israel al educar a generaciones de niños y niñas palestinos/as mediante un programa de odio hacia Israel y los judíos en general, así como a través de la televisión y prensa palestinas, y comunicados religiosos y políticos; la extensión de la idea de que el reconocimiento de los dos Estados es imposible; la cínica extensión de la idea de que Estados Unidos tratará de ser neutral en el conflicto, que apoyará una negociación "libre" entre ambas partes, pero que no ayudará a la instauración de ningún Estado "terrorista"; la ayuda a Israel para defender sus fronteras, y el reconocimiento de Jerusalén como la capital eterna e indivisible del Estado judío, entre otros conceptos. Todo ello, como puede apreciarse, se traduce de facto en un apoyo explícito al apartheid israelí. Bajo el paraguas falso de la "no injerencia", se apoyan los asentamientos israelíes sobre los territorios ocupados, y se hace la vista gorda ante todos los ataques y atropellos que Israel realiza continuamente al pueblo palestino. Bajo estos mimbres, podemos verter elocuentes discursos, pero la realidad quedará inalterable si no los reforzamos a la vez con una política de sanciones contra Israel (de la que Estados Unidos es maestro internacional). 

 

Y de esta manera, Estados Unidos lleva 50 largos años practicando esta política de nula credibilidad hacia el fin del conflicto, de mala fe y de apoyo incondicional, tanto subliminal como de facto, a la potencia ocupante. Ante este panorama tan desolador, es la propia comunidad internacional la que, a través de los oportunos canales, debe actuar de forma decidida a favor de la resolución del conflicto. Porque si no se puede confiar en los gobiernos, se necesita que los ciudadanos del mundo, con su tejido civil, asociativo, organizativo, se opongan a estos crímenes perpetrados contra el pueblo palestino. Solo la sociedad civil puede movilizarse para exigir el respeto al derecho internacional y poner fin a la impunidad continuada de Israel. Palestina no solo sufre bombardeos, expulsiones, torturas, humillaciones, saqueos, crímenes, sino que también sufre complicidad y cinismo, los que practican la comunidad internacional. Europa, como un buen vasallo, continúa de manera sibilina apuntalando al régimen israelí, haciendo un seguidismo pasivo sobre la estrategia agresiva de los Estados Unidos. De manera recurrente, cada cierto tiempo, hemos de asistir por enésima vez a los atroces ataques de Israel sobre Palestina: bombardeos, francotiradores, bloqueo, expulsiones, expolios de tierras, encarcelamientos masivos, desapariciones forzadas, privación de agua, cortes de electricidad, y un largo etcétera de agresiones que el mundo ignora de forma perversa. La siempre genial Cecilia Zamudio explica en este artículo, que tomamos como referencia a continuación: "El Estado de Israel sigue alienando a los niños israelíes desde muy pequeños, les martillea la teoría racista del sionismo desde las escuelas, para convertirlos en futuros soldados de odio y exterminio, legitimadores de la barbarie con enajenantes diatribas supremacistas y religiosas. A los niños israelíes, el Estado sionista les organiza constantes "visitas militares". Incluso los invitan a firmar y dibujar sobre los misiles, a escribir "dedicatorias" sobre las bombas que luego harán volar por los aires a los niños palestinos, a los niños libaneses, descuartizando sus cuerpitos y sus sueños. Esos son los niveles de alienación para sustentar la barbarie".

 

Y continúa: "Al pueblo palestino lo privan de sus tierras, del mar, del acceso al agua potable y al agua para la agricultura, de escuelas y de sanidad; lo encarcelan, lo torturan, lo bombardean, lo desaparecen; le hacen padecer humillaciones cotidianas y explotación aberrante (los capitalistas sacan múltiples provechos de la ocupación colonial, como el acaparamiento de tierras y los seres humanos despojados y desesperados, abocados a padecer esclavitud)". No es tarde para detener esta barbarie, nunca lo es. Pero Europa (sobre todo Europa) debe abandonar su papel intrascendente. ¿Por qué lo mantiene? Porque Israel ha sido una pieza fundamental para la ejecución de las políticas de Occidente en todo Oriente Próximo, para el saqueo de su petróleo y de sus enormes riquezas naturales. El Estado colonial y genocida de Israel es funcional a los intereses de Europa en la región, y está siendo mantenido y apoyado por el gran capital transnacional para posibilitar el saqueo capitalista de toda esta región del planeta. Entonces, si Europa rompe este papel, se irían al garete una infinidad de intereses creados. Durante décadas, la tortura del pueblo palestino alcanza cotas que deberían remover las conciencias de toda la humanidad, si estuviéramos hablando de una humanidad decente. Los dramas humanos palestinos se cuentan por miles, por cientos de miles, por millones. Israel ha desplegado contra la población palestina las más humillantes decisiones, y ejercitado los más terribles tormentos. Está visto y demostrado que las Naciones Unidas han sido absolutamente incapaces de hacer implementar sus decisiones, ante la prepotencia de Estados Unidos. Habría de existir una gigantesca movilización internacional, que denuncie sobre todo las raíces estructurales del genocidio y la manera en que forma parte de la gran trama capitalista, de la barbarie por excelencia, y del saqueo transnacional, habría que denunciar las burguesías que se enriquecen masacrando a los pueblos, los intereses engordados de las grandes corporaciones, y habría que respetar y abandonar la cínica criminalización que se ejerce contra los pueblos que desean ejercer su soberanía y su autodeterminación, liberándose del colonialismo, del imperialismo y de todas las formas de dominación capitalista. 

 

Cecilia Zamudio lo explica de forma brillante. Retomamos sus palabras: "El sionismo es una herramienta fascista del capitalismo transnacional para reprimir, agredir y saquear, no solamente al golpeado pueblo palestino, sino a todos los pueblos de la región. Se cuestiona al sionismo y al gran capital transnacional que lo implementa y lo sostiene como arma (no es cuestión aquí de "los judíos", sino del sionismo: hay incluso algunos judíos que se han opuesto al sionismo y han sido también brutalmente reprimidos por el Estado de Israel). Toda infamia que se tapa con el barniz de "creencias religiosas" tiene raíces económicas, raíces en los intereses de la clase explotadora: la Inquisición, su barbarie y la acumulación de riquezas; el genocidio contra el Abya Yala (América) y el pretexto de "llevar la fe" mientras el colonialismo europeo perpetraba la gigantesca acumulación capitalista originaria, son dos ejemplos de muchos. Aquí se trata también de eso, de masacres y ocupación que inflan los bolsillos de unos cuantos. Se trata del genocidio contra el pueblo palestino que perpetra el capataz del gran capital en la región, es por eso que la complicidad de las potencias imperialistas es constante". Esta es la explicación de la tibieza y el comportamiento turbio de Europa en este ya decano conflicto. De hecho, hoy día el sionismo cuenta con el apoyo de las organizaciones más poderosas del planeta: cuenta con el apoyo de la Banca Mundial sionista, es decir, la Reserva Federal de Washington, así como con el apoyo del Club Bildelberg, el que decide qué países entran a la OTAN, y también por el apoyo de las familias Illuminati, las que también deciden quién permanece en un gobierno o quién se va del poder, o a quién hay que eliminar para que no continúe en el poder. Como vemos, el sionismo está muy bien relacionado. Todos estos siniestros lazos son los que lo aúpan, lo sostienen y lo apoyan. En el colonialismo que el sionismo representa, el más perverso de todos, los ocupados están destinados a ser eliminados, ya sea físicamente o bien mediante expulsiones de sus territorios originales, o a ser desplazados y marginados. Pero todo ello no importa, como decimos, si Israel continúa al servicio de las grandes élites mundiales. 

 

Palestina debe ser descolonizada. Ello no solamente implica el retiro de la potencia ocupante, sino también la resolución de cuestiones afines como son la soberanía, las fronteras, los refugiados, los recursos, y similares. Ello requiere el fin de los derechos de los colonos israelíes y su hegemonía sobre la tierra y los recursos de los palestinos, sobre las fuentes de poder político y económico, sobre la cultura y la narrativa nacionales, y el surgimiento de un sistema de gobierno nuevo, inclusivo y compartido. También exige la restauración de la soberanía de la potencia ocupada, es decir, Palestina. Esto se traduce en la capacidad para definir su propio gobierno, su propio sistema económico y social, y sus propias normas de convivencia. Pero todo ello requiere de un programa detallado de reconstrucción del país de una forma inclusiva. Hay que implementar plenamente el derecho de los refugiados palestinos y sus descendientes a regresar a su tierra natal en condiciones que faciliten su plena reintegración en la sociedad. Hay que restaurar de sus derechos a los expulsados, excluidos y oprimidos, restaurar el derecho sobre sus propiedades, identidades y posición social, seguido de la reconciliación. Hay que establecer una economía inclusiva que ofrezca seguridad financiera, sostenibilidad, recursos energéticos suficientes y estables, empleo significativo para la población y una compensación justa por sus pérdidas y sufrimientos (Verdad, Justicia y Reparación, los tres mandamientos a ejecutar después de todo crimen de lesa humanidad). Hay que romper las relaciones estructurales de dominación, que han sido levantadas durante décadas por Israel con la complicidad de todo Occidente. Israel debe renunciar a sus ambiciones expansionistas, y comprender que el apartheid es política y moralmente inaceptable. Y como esto no va a ocurrir de forma espontánea, es la comunidad internacional la que tiene que forzar esta situación, presionando a la potencia sionista hasta obligarla a comenzar a dar pasos en esta dirección. Vale la pena luchar por ello. Continuaremos en siguientes entregas.

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