Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Parece olvidarse que asimilar las especies vivas o la dinámica ecológica a una forma de Capital es una ilusión. Por más dinero que se tenga, éste no se transforma en árboles, ni desde los tornillos se puede regresar al ecosistema natural del cual fueron extraídos los minerales. Muchas posturas quedan atrapadas en sinsentidos ecológicos, ya que un bosque no se restaura ni regenera simplemente con inyecciones de dinero, ni intercambiándolo por otras variedades de capital. Pero la penetración cultural de la mirada antropocéntrica es tan profunda, se encuentra culturalmente tan aceptada, que siempre es difícil plantear alternativas
Deberíamos querer una sociedad en la que los valores económicos dejaran de ser centrales (o únicos), en la que la economía fuese ubicada en su lugar como simple medio de la vida humana y no como fin último y en la cual, en consecuencia, renunciáramos a esta carrera loca hacia un consumo cada vez mayor. Esto no solamente es necesario para evitar la destrucción definitiva del medio ambiente planetario, sino también, y sobre todo, para salir de la miseria psíquica y moral de los humanos contemporáneos
En la entrega anterior nos quedamos exponiendo los puntos fundamentales que a juicio de Josef Estermann componen los puntales de lo que podríamos denominar la Pachasofía andina, es decir, el conjunto de postulados filosóficos donde descansa todo el pensamiento indígena sobre la relación del hombre con sus semejantes y con la naturaleza. Continuaremos a partir del punto 4:
4.- La meta final de todo tipo de "desarrollo" es el Vivir Bien (allin o sumak kawsay; suma qamaña; ivi maräei; küme mogen). Este ideal incluye a los demás seres vivos, animales, plantas, minerales, astros, espíritus y divinidades. El Vivir Bien es un modo de existencia que está en equilibrio con todos los demás elementos de la Pacha, de acuerdo a los principios básicos de la pachasofía andina, que son los principios de relacionalidad, complementariedad, correspondencia, reciprocidad y ciclicidad. El Vivir Bien no es ni riqueza ni pobreza, ni despilfarro ni escasez, ni lujo ni carencia, sino una vida plena y en armonía con todos los demás seres, una convivencia intercultural, interbiótica e intergeneracional. Tampoco se trata del "vivir mejor", porque éste implicaría necesariamente que otros seres vivirían "peor"; en un mundo que se rige por el equilibrio de la conservación de masa y energía, cada "crecimiento" de una parte irremediablemente lleva a una "reducción" de otra parte del sistema.
5.- Esto quiere decir que el "desarrollo" no apunta a la acumulación de bienes o de dinero, sino a la maduración orgánica de cada uno de los seres, según sus necesidades y capacidades, pero en interdependencia y dentro del equilibrio macro-cósmico y ecológico. El desarrollo en sentido humano se orienta hacia la colectividad y no hacia la individualidad; no existe por tanto "desarrollo" de unos pocos en desmedro o a costa de otros. La pachasofía andina toma el principio de "globalidad" o "universalización" en sentido muy fundamental y estricto: solamente aquella medida económica, social o política es buena, si contribuye a la mejora de todos los seres humanos (principio de universalidad) y si es compatible con la vida en general, incluyendo también a las futuras generaciones (principio de transgeneracionabilidad).
6.- La economía, y por tanto el desarrollo económico, es para la pachasofía andina el manejo prudente y cuidadoso de la "Casa Común" (wasi; uta) que es el universo (Pacha). El desarrollo económico que en Occidente es sinónimo de crecimiento y desarrollo sin más (incremento del PIB como resultado de un incremento en el número de bienes, productos y servicios fabricados), para el ser humano andino es parte íntegra de todo un proceso holístico de mejoramiento y maduración, al ritmo del desenvolvimiento orgánico ("desarrollo") de la Pacha. Por tanto, el desarrollo económico siempre está sujeto a un proceso mayor que incluye aspectos espirituales, religiosos, culturales, civilizatorios, sociales y políticos. En lo práctico, esto significa que la economía tiene que someterse a la política y a la ética, y éstas a su vez a la cosmovisión o pachasofía.
7.- El "desarrollo" (para seguir utilizando el término occidental, no aceptado bajo esta cosmovisión indígena) para el mundo andino no es unidireccional ni irreversible. Como la concepción dominante de los Andes no es lineal, sino cíclica (en forma de espiral), la meta del desarrollo que es el Buen Vivir (allin kawsay; suma qamaña) no necesariamente tiene que estar por delante, por venir, en el futuro, sino que puede estar atrás, en un pasado por conquistar. El ser humano andino camina de espaldas hacia el futuro (qhipa), mirando con los ojos (ñawi; naira) hacia el pasado (ñawpapacha; naira pacha), para orientarse y buscar la utopía. Entonces, el axioma de la modernidad occidental de que lo que viene o está por venir siempre ha de ser "mejor" de lo que ya ha pasado (optimismo metafísico-histórico), no es válido bajo la cosmovisión andina; lo anterior puede haber sido "mejor", es decir, más perfecto en el equilibrio, que lo posterior.
8.- El "desarrollo" para el mundo andino no es antropocéntrico (centrado en el hombre) ni antropomórfico (con forma de hombre). No puede haber crecimiento ni mejoramiento para la humanidad en detrimento de la Naturaleza. Todos los esfuerzos de "desarrollo" tienen que apuntar a un equilibrio mayor que es ecológico, y en última instancia cósmico (o pachasófico). El ser humano no es la medida de todas las cosas, ni el origen de nada, ni el fin de nada, sino un "chakana", es decir, un puente mediador para contribuir a constituir y restituir la armonía y el equilibrio universal. Por tanto, no se puede medir el "desarrollo" en forma monetaria y cuantitativa, ni mediante indicadores que solo toman en cuenta la mejora de las condiciones de vida de los seres humanos. Para el mundo andino, los Derechos Humanos deben ser necesariamente complementados con los Derechos de la Tierra. De hecho, sin derechos de la Pacha Mama no existen derechos ni para el ser humano, ni para ningún ser viviente.
9.- Los recursos naturales sirven para mantener, conservar y fomentar la vida en general. Su explotación irreversible atenta contra el principio de reciprocidad y equilibrio cósmico. Los recursos naturales tienen que ser renovables y renovados para las futuras generaciones y para la vida no-humana. Su finitud innegable exige un tratamiento prudente y cuidadoso que se orienta en los procesos orgánicos de los ciclos vitales. La explotación indiscriminada de los recursos no-renovables (petróleo, gas natural...) atenta contra el principio de reciprocidad y conlleva un desequilibrio cada vez más peligroso y preocupante. De acuerdo a la sabiduría indígena, un recurso solo puede ser "usado" si existe una manera real de restituirlo; la talla de madera solo es permitida en la medida en que el bosque puede "cicatrizar".
10.- En la práctica, cualquier "proyecto de desarrollo", desde el punto de vista indígena, tiene que orientarse por los principios de compatibilidad ecológica, social, intergeneracional, pachasófica y cultural. La sostenibilidad del "desarrollo" en clave indígena solo se garantiza en la medida en que contribuye al ideal del Vivir Bien que incluye todos estos principios ya mencionados. Un "desarrollo" que saquea los recursos naturales, que fomenta la desigualdad entre los seres humanos, que atenta contra el equilibrio cósmico y ecológico, que fomenta el patriarcado y el machismo, que no se orienta ni tiene en cuenta las futuras generaciones, no es un desarrollo sostenible, y por tanto no es ningún "progreso", sino un tremendo retroceso de la humanidad.
11.- Para los pueblos indígenas, el "progreso" no se mide por el PIB, ni por otros indicadores cuantitativos (como los definidos en los Objetivos o Metas del Milenio, publicados por la ONU), sino por la calidad de vida (el Buen Vivir) que incluye factores como la alegría, la fiesta, la celebración, la diversidad, la espiritualidad, la reciprocidad o la igualdad. En ese sentido, la acumulación de bienes no es ningún indicio de "riqueza", ni la carencia de los mismos un signo de "pobreza". En clave intercultural e indígena, habrá que redefinir los conceptos de "pobreza" y "riqueza", "bienestar", "progreso" y "desarrollo" de otra manera mucho más holística e integral.
12.- La llamada "modernidad" no es ningún monopolio de Occidente. Los pueblos indígenas tienen su propio modelo de "modernidad" que no se contrapone a la "tradición" y que no es la última época de todo un proceso recorrido y dejado atrás. El pasado está presente en la vida actual, y el futuro sigue siendo un ideal ya realizado, pero por reconquistar. Hay que deconstruir los principios fundamentales de la "modernidad" occidental como monoculturales y eurocéntricos, tales como el fuerte individualismo, el egoísmo, la explotación de la Naturaleza, el antropo y androcentrismo, y el exagerado racionalismo. Habrá que pensar en una transmodernidad (que no es posmodernidad) en la que las sociedades indígenas (llamadas muchas veces "pre.modernas") se acerquen a los sectores disidentes de las sociedades occidentales.
13.- Por último, habrá que tomar en cuenta el carácter cualitativo del tiempo y de todo proceso. Los proyectos de desarrollo que parten de la idea de que el tiempo es un factor neutro y cuantificable en medidas iguales, no van a ser sostenibles en el contexto de la cosmovisión indígena. Hay momentos más propicios y menos propicios para comenzar un determinado proyecto, hay que tomar en cuenta el tiempo de forma holística, seguir los ritmos naturales y los ciclos vitales de la Naturaleza, sin romper los lazos de relacionalidad, como son los padrinazgos, el compadrazgo, el ayni, los prestes (mayordomía), la reciprocidad religiosa, la responsabilidad transgeneracional, los cambios cualitativos (pachakuti) y el orden cósmico o justicia universal. Hay que deconstruir la filosofía occidental del progreso basado en el más rápido y más lejos por una filosofía de la lentitud, de la contemplación, del disfrute, de lo cercano, de lo próximo, de la mínima invasión.
Continuaremos en siguientes entregas.