Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
La leyenda negra no es leyenda, es una historia real, son hechos irrefutables, no son cuentos ni fabulaciones. Estamos hablando de la banalidad del mal, el negacionismo de ese espantoso genocidio. Según los sabios doctores todo es un invento, una falsificación para desprestigiar la grandeza del noble imperio español. Los perversos descendientes de los conquistadores quieren convertir las matanzas en una oda épica, quieren convertir las torturas inquisitoriales en un cantar de gesta, quieren convertir los abusos y violaciones en una proeza, quieren convertir una de las páginas más sangrientas de la historia de la humanidad en una inolvidable epopeya
Parece ser que hoy se rasgan las vestiduras los gobernantes europeos, al contemplar cómo una parte de la población se rebela ante el falso relato imperial del pasado, y revisa los acontecimientos a la luz del pensamiento alternativo. Algunos gobernantes ignorantes y cínicos advierten de que "la historia no será revisada", desconociendo que no son ellos precisamente los que deciden sobre estas cosas, sino el propio pueblo. Insisten en su relato injusto y manipulado, ignorando la verdad histórica, que no es otra que una verdad de muerte, destrucción, saqueo y expolio. El colonialismo español, el europeo en general, perpetró el genocidio más brutal de la historia de la humanidad en el continente americano, blandiendo la espada y la cruz, y desgarrando los cuerpos de los rebeldes con las espadas y la pólvora, amputando culturas y lacerando identidad con la imposición por la fuerza de la religión católica, tal como explica Cecilia Zamudio en este artículo que tomamos como referencia a continuación. En apenas siglo y medio de invasión se exterminó casi al 90% de la población, y estamos hablando de unos 90 millones de personas. La religión católica, con la fuerza de las armas, sirvió como instrumento de colonización mental y de dominación de largo alcance, alcance que llega hasta nuestros días. Los europeos se apropiaron de las tierras de Abya Yala, violaron y saquearon, con el pretexto de que "Dios así lo dispuso" (salvando las distancias, es algo parecido a lo que hoy cree el Imperio estadounidense, es decir, elegido por Dios como guardián de las esencias del mundo). Los niños indígenas que sobrevivieron a las masacres fueron educados en la religión católica, así como el resto de las generaciones venideras. Todo el que la cuestionó, como aquí con la Inquisición, fue descuartizado. Cientos de culturas ancestrales fueron arrasadas por los europeos, miles de parajes naturales destruidos, millones de obras de arte transformadas en lingotes, como pequeños ataúdes que todavía gritan de espanto y dolor. Los invasores establecieron un impuesto a ser pagado por los indígenas en kilos de oro y riquezas, por habitar el continente que siempre habían habitado.
Cuenta Cecilia Zamudio: "Tan solo en el saqueo de Coricancha, o en el rescate al Inca Atahualpa pagado a los secuestradores europeos, se evidencian los niveles de rapiña de los conquistadores. Pero ni el pago por el rescate más caro que registra la historia humana, 41 toneladas de oro y 82 toneladas de plata, sirvió para evitar el asesinato de Atahualpa a manos de Pizarro. Masacres y felonía, codicia y tortura, es lo que celebran los que festejan el 12 de octubre". El genial Eduardo Galeano, en su obra cumbre "Las venas abiertas de América Latina", cuenta infinidad de detalles y episodios de la conquista. Un buen ejemplo es el saqueo de la mina de Potosí, que reportó a Europa unas ganancias descomunales, cuyo volumen en plata hubiera alcanzado para construir un puente de plata entre América y Europa. Otro puente se podría haber construido uniendo los cadáveres de los indígenas esclavizados en la mina: 8 millones de indígenas (se dice pronto, pero es una cantidad similar al número de habitantes de Israel, Austria o Suiza) fueron reventados de explotación por los españoles, solo durante la primera etapa de saqueo de Potosí. Un indígena esclavizado en Potosí tenía una esperanza de vida de 2 meses en promedio (luego de ese período de esclavización fallecía, y los invasores lo reemplazaban por otro). Otro ejemplo fue la mina de Ouro Preto de Brasil, que se tragó la vida de millones de africanos y les reportó a los invasores capitales que serían decisivos para el despunte del capitalismo europeo de la época. Al estar la Península Ibérica endeudada por causas de sus "guerras santas", los banqueros europeos cosechaban toda esa riqueza empapada en sangre humana, desesperación, tragedia y dolor. Miles de ejemplos más se podrían poner. La historia de la colonización americana es fiel ejemplo del culmen de la barbarie. Pero el 12 de octubre significa también, ya lo hemos dicho, el inicio de la deportación masiva de seres humanos perpetrada por los europeos desde África hacia América: se sabe que al menos 33 millones de africanos fueron deportados, de los cuales murieron dos tercios en los duros trayectos, y el tercio restante fue esclavizado en el continente americano, así como todas sus generaciones de descendientes, durante siglos.
Y así, durante siglos, se proyecta la desigualdad hasta nuestros días. La aristocracia y la burguesía europeas lograron la mayor acumulación de riquezas jamás vista, en base al saqueo del continente americano, en base a la deportación y esclavitud de millones de seres humanos, en base al genocidio y la tortura. El exterminio y aniquilación de culturas sirvió al enriquecimiento de las élites europeas. Esa acumulación de riquezas sin precedentes, fabricada y amasada mediante un genocidio sin par en la historia, fue la que le permitió al imperialismo europeo cimentar durante varios siglos su supremacía a nivel planetario, extendiendo sus colonias por todo el mundo, hasta bien entrado el siglo XX. Gracias a todo ello también se impulsó la revolución industrial, y se erigieron las metrópolis europeas del capitalismo transnacional. Por su parte, los Estados Unidos, antigua colonia inglesa, después de su independencia (también forjada sobre el genocidio de los pueblos indígenas), se erigieron igualmente como potencia capitalista en base al trabajo esclavo. Y así, entre las mayores fortunas de Europa y de Estados Unidos, siguen actualmente figurando los descendientes de esclavistas y banqueros que amasaron riquezas cimentadas en el genocidio y la esclavitud. Todo ello ya lo señaló Karl Marx en su magna obra El Capital: "El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, el exterminio, la esclavización y el sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: tales son los hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos representan factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria". Y dicho saqueo, también lo hemos señalado en anteriores entregas, llega hasta nuestros días. Hoy día nuestras "empresas españolas" (que no lo son, pues son entidades transnacionales) siguen explotando montañas y envenenando ríos, continúan talando bosques, aniquilando territorios indígenas, y fomentando mercenarios paramilitares para perpetrar masacres contra el pequeño campesinado local, con la finalidad de desplazarlo forzosamente de las tierras codiciadas. Incluso los líderes y lideresas sociales que se enfrentan a ellas son vil e impunemente asesinados.
Un saqueo, el de los siglos XIX y XX, incluso el actual, que necesita gobiernos cómplices de dichos actos criminales, para lo cual los "invasores" actuales se cuidan de cortar de raíz todo atisbo de revolución y todo acto que reivindique la soberanía de dichos países. Por ello, hasta hoy continúan el imperialismo europeo y estadounidense favoreciendo Golpes de Estado (antes duros, mediante tropas y armas, ahora blandos, mediante chantajes y corrupciones varias), urdiendo planes de exterminio contra los revolucionarios locales que se enfrentan a dichas situaciones y reclaman la soberanía de sus pueblos, hasta hoy sigue la injerencia imperialista apuntalando y favoreciendo a regímenes genocidas y tiranos, que reprimen a sus pueblos para seguir favoreciendo los procesos de colonización y saqueo imperialistas, manteniendo a punta de masacres y con ayuda de la burquesía local (siempre funcional a las burguesías externas), el exterminio de toda reivindicación social y política de la clase explotada, y del expolio de los recursos naturales de dichas tierras. Han cambiado las formas, pero no el fondo. Han cambiado los medios, pero no el fin. Han cambiado las personas, pero no los objetivos. El colonialismo cruel y salvaje de antaño se sigue manteniendo por otras vías, más sutiles y delicadas, pero tan abominables como las de hace cinco siglos. El actual saqueo capitalista es, por tanto, la continuación de una larga historia de sangría, de muerte, de tortura, de destrucción y de genocidio, de arrasamiento cultural y social, de expolio de recursos y de racismo. Llega hasta hoy día, y así hay que contarlo. No podemos estar orgullosos, pero el pensamiento dominante lleva siglos haciéndonos creer otras cosas, haciéndonos pensar en otros relatos, llevándonos a sacar otras conclusiones. Quizá no lograremos nuestra independencia cultural hasta que no seamos capaces de superar todos estos relatos, y comprender la verdad de lo que ocurrió. Los pueblos del mundo debemos conocer la Historia, para poder comprender el presente, lo que somos y de dónde venimos, y por qué el mundo es como es. También necesitamos conocer los relatos verdaderos para poder transformar este injusto mundo por otro más humano, justo y racional.
Todo este relato, el de verdad, debería enseñarse en colegios e institutos, para no continuar reproduciendo los esquemas mentales actuales, basados en la colonización mental de un relato aberrante. Debemos desarrollar el sentido crítico hacia la historia, y aprender a valorar los hechos del pasado desde los valores del presente. Pero por desgracia, los rancios valores imperialistas llevan siglos inculcándose en las mentes de los niños y niñas, para que las nuevas generaciones continúen adorando las "heroicas gestas" de sus héroes nacionales. Nadie les ha enseñado todavía que aquéllas gestas fueron simplemente una barbaridad. Así que lo mejor que podemos hacer, mientras continúe celebrándose este bárbaro 12 de octubre que en la actualidad celebramos (con toda la panoplia de desfiles militares y banderas nacionales), es guardar silencio. Silencio para recordar, silencio para homenajear, silencio para avergonzarnos y pedir perdón a los pueblos oprimidos, que se proyectan hasta hoy. Ya lo sugiere Javier Cortines en este breve artículo: "O quizás lo mejor que podemos hacer el 12 de octubre es permanecer 24 horas en silencio para recordar, con todo el respeto que se merecen, a los 70 millones de hombres, mujeres y niños que fueron borrados del planeta cuando los centauros sedientos de oro, los dioses montados a caballo, clavaron hasta el fondo, una y mil veces, la cruz-espada en el grandioso y mágico corazón de América". Atawallpa Oviedo lo explica en los siguientes términos: "El mundo cambió con la invasión a América y como consecuencia del virus de la viruela. Fue este virus el que venció al comunitarismo de Amerindia, produciéndose una "revolución viral" de la cual sacaron provecho las monarquías europeas para dar un vuelco de 180 grados y hacer emerger la modernidad que diera origen al capitalismo. El cual, a lo largo de estos 500 años ha destruido casi completamente a las culturas indígenas y a su sistema milenario de tipo comunal, que creó tanta riqueza. Como sabemos, mientras en Europa arrasaba la hambruna, las enfermedades y la delincuencia, Amerindia era muy rica, casi sin enfermedades y sin delitos". En efecto, el vuelco que los españoles en particular y los europeos en general provocaron en aquellas sociedades fue brutal. Sus consecuencias aún perduran. Continuaremos en siguientes entregas.