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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El falso relato sobre el Descubrimiento de América (VI)

El falso relato sobre el Descubrimiento de América (VI)
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La presencia de España fue el resultado de una conquista violenta y muy dura. Se llevó a cabo un ejercicio de dominio cultural demoníaco. La riqueza de las indias eran los indios y se desarrollaron mecanismos de obtención de mano de obra indígena que supusieron la desaparición de culturas y lenguas. Se rompió la estructura social y la riqueza del control de la naturaleza

Antonio Acosta (Catedrático de Historia de América de la Universidad de Sevilla)

Los nostálgicos del Imperio Español intentan blanquear la leyenda negra de nuestra historia en las Américas, al igual que hacen las mafias. Y por supuesto, el sistema educativo está en función del pensamiento dominante, y reproduce sus mismos esquemas y valores. Y así, desde principios del siglo XX, toda una pléyade de artistas, escritores e intelectuales cierran filas en torno a la Hispanidad, entre ellos Miguel de Unamuno, José María Pemán, Vallejo Nájera, Camilo José Cela o actualmente, Arturo Pérez Reverte. ¿Pero qué es (o ha sido) la Hispanidad? Pues básicamente un ejercicio de manifestación y reconocimiento del orgullo patrio, que rememora aquéllas calendas de la Conquista para ensalzar nuestros épicos valores, y recordar lo "grandes" que hemos sido. La dictadura franquista, igualmente, pretendió ensalzar a los supuestos héroes de la conquista de América para insuflar en sus súbditos las más altas dosis de orgullo y vanidad. Pero la Hispanidad es un movimiento político y cultural que también reclutó a muchos intelectuales reaccionarios de derechas en América Latina, comprometidos con enaltecer el buen nombre de la madre patria. El más genuino representante en la actualidad quizá sea el peruano Vargas Llosa. Pero también ha ido surgiendo una corriente contraria, de tendencia izquierdista, que pretende situar el relato en sus justos términos, donde podemos destacar a José Carlos Mariátegui, José María Arguedas, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, etc. Afortunadamente, durante las últimas décadas, una nueva generación de intelectuales y escritores, profesores, historiadores, documentalistas o cineastas se han lanzado a la tarea de poner en cuestión el relato oficial, injusto y manipulado. 

 

Pero los medios de comunicación dominantes, la prensa, la radio y la TV, las editoriales más potentes y los sitios web de los países latinoamericanos (que están dominadas por las multinacionales españolas de la información), constantemente emiten la propaganda imperial en un intento por convencer a la opinión pública de los más preciados parabienes. El franquismo fue quizá el período donde más se ensalzó esta ideología de la Hispanidad, que además utilizó como el eje principal de sus relaciones exteriores. El nacionalcatolicismo proclamó la consigna del "Imperio hacia Dios" como parte de aquél evangelio fascista que transmitía las virtudes de la unidad de destino en lo universal. Todavía hoy, sus cachorros de Vox continúan defendiendo todo aquél ideario, y en los lugares donde han obtenido algo de poder han promovido iniciativas políticas para recuperar ese legado. La Hispanidad es, para ellos, sinónimo de fortaleza, furia, valentía y arrojo. Los españoles demostraron ser los más fuertes, los más arriesgados guerreros que lograron emular al Imperio Romano en su magnificencia. En cambio, existen pocas obras que reivindiquen la memoria histórica de los pueblos nativos, y su increíble espíritu de resistencia ante la bárbara invasión europea. A las víctimas de este atroz genocidio se les silencia pues sus palabras están cargadas de ira y resentimiento. Les robaron sus tierras, les robaron su identidad, les robaron sus lenguas y sus culturas, y la única esperanza para ellos es que el Dios blanco (en el que ahora creen) se compadezca de su cruel destino y los premie con el paraíso celestial. A partir de la violenta llegada de los europeos y durante estos cinco siglos, se fue gestando el colapso de los ecosistemas naturales y la destrucción de su hábitat y su medio ambiente, aspectos cuya onda expansiva continúa en nuestros días.

 

Ese continente ha sufrido una gran mutación en todos los órdenes, comenzando por el genocidio de los pueblos nómadas, que para un mejor control fueron obligados a sedentarizarse por los invasores. A estas alturas del siglo XXI la colonización europea ha producido un devastador impacto en la diversidad genética de las poblaciones indígenas, que progresivamente han ido desapareciendo (hasta el punto de que hoy día tan solo sobrevive un 20%). Y por supuesto, la conquista aún no ha finalizado. Lo que ocurre es que en los tiempos actuales ya no se necesita la fuerza bruta de hace 500 años, y por tanto los métodos cambian, se vuelven más sutiles. El neoimperialismo español continúa tomando las posiciones de vanguardia (gracias a la ayuda de la lengua), y los nuevos conquistadores de traje y corbata desembarcan nuevamente allende los mares con sus bancos y multinacionales, con sus empresarios y ejecutivos, prestos a finiquitar el expolio que iniciaron hace más de cinco siglos. Vamos a destacar a continuación algunos breves pasajes de la fantástica obra "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, uno de los escritores críticos latinoamericanos más lúcidos y valientes. Lo haremos siguiendo este artículo de Javier Cortines publicado en el medio Contrainformacion. Un primer pasaje nos informa de que "Los indios de las Américas sumaban no menos de setenta millones, y quizá más, cuando los conquistadores españoles aparecieron en el horizonte. Un siglo y medio después la población se había reducido, en total, a solo tres millones y medio". Otro pasaje destaca: "Entre 1503 y 1660, llegaron al puerto de Sevilla 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata. La plata transportada a España en poco más de siglo y medio, excedía tres veces el total de las reservas europeas". 

 

En otro lugar se lee: "Carlos V (...) aquél monarca de mentón prominente y mirada de idiota, que había ascendido al trono sin conocer una sola palabra del idioma castellano, concedió la primera licencia para conducir esclavos negros a las colonias americanas. Así mismo, se lanzó a la persecución del demonio por toda Europa extenuando el tesoro de América en sus guerras religiosas". Continúa en otro lugar: "Los grandes propietarios de tierras se repartían el usufructo de la mano de obra indígena y negra bajo la mirada celosa y omnipotente de la Corona y su principal asociada, la Iglesia". Incluso conocemos que la actual vestimenta indígena fue impuesta por Carlos III a finales del siglo XVIII. En otro momento se indica: "Los efectos de la conquista y el largo tiempo de humillaciones posteriores rompieron en pedazos la identidad cultural y social que los indígenas habían alcanzado". Todo un proceso de aniquilación cultural completo. Y como decíamos anteriormente, los efectos de la conquista llegan hasta hoy día: "El intercambio desigual funciona como siempre: Los salarios de hambre de América Latina contribuyen a financiar los altos salarios de Estados Unidos y Europa". Basten, por tanto, estas simples y rápidas referencias para poder hacernos una rápida idea de los efectos del brutal y salvaje colonialismo que el Imperio Español lleva ejecutando en América Latina desde el "descubrimiento". El siempre magnífico Víctor Arrogante, en este artículo para el medio Contrainformacion, nos recuerda que en la Ley de 1987, que declara la "Fiesta Nacional" para el 12 de octubre, se argumenta en su exposición de motivos lo siguiente: "La fecha elegida simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma Monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos". Pero lo cierto, apostilla Arrogante, es que el 12 de octubre (antes día de la Raza y día de la Hispanidad) representa el franquismo fratricida, un expolio y un genocidio de los pueblos indígenas, así como la imposición por la fuerza de la religión católica allende los mares. Nada, por tanto, que celebrar, y mucho que lamentar. 

 

El 12 de octubre, siguiendo de nuevo a Víctor Arrogante, constituye simbólicamente el inicio de una ocupación político-militar que tuvo como resultado el exterminio de más de 80 millones de personas y la esclavitud de los que quedaron vivos. La colonización supuso para los pueblos ocupados la destrucción de su sistema político, la represión de su espiritualidad y todo su imaginario cultural, que devino en lógica pérdida de diversidad para el conjunto de la humanidad. La colonización significó un sometimiento, aún mayor de las mujeres indígenas, que sufrieron violaciones masivas como parte de la estrategia de dominación. La colonización instauró estructuras político-sociales profundamente racistas y discriminatorias, que se mantienen hasta hoy y que son la base de las principales desigualdades, conflictos armados, violaciones de derechos humanos, saqueo de los recursos naturales y expropiación de los territorios indígenas. Nada se descubrió, todo en cambio se destruyó. El 12 de octubre, como fiesta que conmemora dicha efeméride, debe desaparecer para siempre, o bien ser reconvertida como una fiesta para el reconocimiento de la resistencia indígena durante todos estos siglos. Mientras dicha "festividad" continúe en nuestro calendario con dicho significado, seguiremos contribuyendo a recordar y a enorgullecernos de un genocidio, de una aniquilación humana y cultural sin precedentes, algo de lo que un país mínimamente avanzado y democrático no puede presumir. Ya es hora de una revisión de la historia. Muchos movimientos sociales están manifestándose por todo el mundo para reivindicar el cese de las celebraciones coloniales, racistas e imperialistas, precisamente porque a medida que vamos analizando los hechos del pasado desde la mirada del presente, desde los valores de la actualidad, nos vamos dando cuenta de que no es posible continuar manteniendo honores a determinados acontecimientos vergonzosos que nuestros países protagonizaron en la historia. Ya es hora, por tanto, de desmontar el relato dominante, y de ofrecer el relato justo que la historia espera de nosotros. Continuaremos en siguientes entregas.

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