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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por una Reforma Educativa para todos (43)

Continuando con la exposición de los contenidos que debería contemplar la Reforma Educativa que proponemos, vamos a abordar a continuación lo que entendemos debería ser un aprendizaje que también fuese impartido en la escuela pública, como es la Educación Sexual. Este tipo de educación siempre ha sido tabú en el ámbito escolar. Las personas de mi generación, que fuimos educados en el tardofranquismo, no fuimos formados en Educación Sexual. La represión sexual durante el franquismo era patente y manifiesta, plasmada en la visión ultraconservadora de la sociedad que el régimen imponía en todos los órdenes. No solo ello, sino que el papel sexual de la mujer era publicitado, incluso por instituciones del régimen, de forma machista y sumiso. La Sección Femenina impartía incluso charlas en colegios e institutos divulgando dicha imagen retrógrada de la mujer. Cuando después de la muerte del dictador comenzó un proceso de apertura democrática, la educación sexual continuó siendo tabú, y durante las sucesivas reformas y contrarreformas educativas de estas últimas cuatro décadas, la Educación Sexual, de forma separada e independiente, ha seguido sin ser estudiada de forma digna en los centros educativos públicos. Tan solo hemos podido encontrar alguna referencia en determinados libros de texto de determinadas asignaturas, pero siempre de una manera muy tímida e insuficiente. Por ejemplo, la LOGSE de 1990 incluía la educación sexual dentro de "Educación para la salud", una asignatura transversal. Por su parte, la LOE de 2006 incluía contenidos sobre sexualidad en la derogada asignatura de "Educación para la Ciudadanía". Nosotros, desde la izquierda, estamos convencidos de que la Educación Sexual debe ser una materia a impartir a los estudiantes, sin ningún tipo de tabú. Son conocimientos y aprendizajes absolutamente necesarios para desarrollar posteriormente, en la adolescencia y en la vida adulta, unas relaciones sexuales y amorosas normales y deseables. Tomaremos en primer lugar como referencia este artículo de María F. Sánchez publicado en el medio Cuarto Poder. Pensamos que el currículum educativo público debe contemplar conocimientos sobre educación sexual, derechos sexuales y reproductivos y vida sexual sana, ya que a los estudiantes les falta información para que puedan conocer y explorar libremente su sexualidad, y obtener así las herramientas necesarias para manejar sus relaciones y su propia salud sexual. 

 

Países vecinos como Francia, Bélgica, Grecia o Portugal ya incorporan en sus currículos conocimientos de este tipo. Pero nosotros, como siempre, a la cola. Llega un momento en la vida de nuestros escolares donde el impulso sexual, algo absolutamente natural por otra parte, les llega sin poder canalizarlo de una forma correcta. Los inconvenientes de no impartir a nuestro alumnado formación de este tipo son múltiples, pero todos ellos convergen en uno: al dejar al "libre albedrío" la educación sexual de nuestros jóvenes, corremos el riesgo, y así lo confirman los múltiples estudios y estadísticas al respecto, de que dicha vertiente, fundamental para el correcto desarrollo humano, sea deformada e interceptada por otros "medios de comunicación" que ofrezcan a los jóvenes una visión incorrecta de la sexualidad. María F. Sánchez explica: "Obtener información sobre sexo no es fácil ni en casa ni en el aula, así que los menores usan la herramienta que tienen a su alcance: Internet. Los adolescentes comienzan a consumir porno, habitualmente cargado de machismo y prácticas sexuales de riesgo, a los 14 años. Es frecuente que por casualidad se encuentren por primera vez con este tipo de contenidos a los 8 años, según el estudio "Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales", publicado por la red Jóvenes Inclusión y la Universidad Española de las Islas Baleares". No podemos seguir tolerando, por tanto, que nuestros jóvenes sean adoctrinados sexualmente mediante una industria, la del porno, fundamentalmente machista, que incita posteriormente a reproducir comportamientos incorrectos y peligrosas actitudes en los adolescentes y futuros adultos. Necesitamos, por tanto, introducir contenidos en el currículum escolar que presenten la sexualidad desde el respeto y desde la igualdad, implementado en un modelo de educación sexual integral que enseñaría cosas tan básicas pero tan fundamentales como el respeto a los otros, la coeducación, las herramientas de autoestima, la asertividad (saber decir que no cuando hay que hacerlo), el conocimiento y la exploración del propio cuerpo, etc. Creemos absolutamente necesario abordar los conocimientos sobre el placer y el propio cuerpo de la mano de profesionales, que ofrezcan una base sólida a nuestros alumnos y alumnas para que este asunto deje de ser un problema en nuestra sociedad (véanse la multitud de "manadas" que aparecen, las violaciones múltiples, los comportamientos obscenos e incorrectos, la sexualidad no aceptada o mal conducida...). 

 

Todos estos aspectos deben ser tratados en el aula, debatidos y explicados con total normalidad y naturalidad, para que los estudiantes los asuman sin mayores problemas, para canalizar correctamente emociones, necesidades y sentimientos que tarde o temprano despertarán en cada uno/a de ellos/as. Porque la educación sexual no consiste solo en explicarle a los alumnos/as el riesgo de contraer ciertas enfermedades, o el riesgo para ellas de quedarse embarazadas, sino también explicar y que los estudiantes comprendan que significa que somos seres sexuados, sexuales y sexualizados, el alcance de cada uno de estos conceptos, y el contexto de los mismos. Igualmente, hay que impartir una educación sexual contra la violencia y a favor de la diversidad, para que los futuros adultos no continúen reproduciendo los aberrantes comportamientos a los que a veces tenemos que asistir. La educación sexual también comporta abolir determinados mitos, tales como el del amor romántico, que conduce muchas veces a determinadas situaciones de maltrato. Las estadísticas nos confirman que cada vez ocurren más casos de violencia machista en la edad adolescente, lo cual es absolutamente intolerable. Todo ello es debido, sobre todo, a la ausencia de una correcta y completa educación sexual en las aulas. En España, la LOMCE del ex Ministro Wert en 2013 se encargó de enterrar cualquier atisbo de enseñanza de la educación sexual en los centros, pero sin embargo, la demanda de una educación sexual integral en las escuelas e institutos es una reivindicación antigua de todos los expertos en Sexología. Hemos de hacer caso también a las varias organizaciones y organismos internacionales que así lo recomiendan, tales como la OMS, que no contempla la salud sin la salud sexual, e incide en que "la educación sexual debe ser una actividad continua de promoción de la salud durante los años escolares, que se inicie con los niños en edad preescolar". Sin embargo, aquí en nuestro país tenemos que seguir soportando a los cavernícolas de Vox y del PP que intentan por todos los medios denostar la impartición de la educación sexual. Pero ya se sabe, ellos están en contra de que nuestros escolares aprendan el significado de la salud, la igualdad, el respeto, el conocimiento, la satisfacción y el desarrollo personal. 

 

Una buena educación sexual es, como decimos, imprescindible para un buen desarrollo humano, y debe promover, durante toda la vida, la curiosidad, el deseo, la seducción, el juego, el placer...Y todo ello sin pudores, sin vergüenzas, sin miedos, sin remordimientos ni sentimientos de culpabilidad. Una buena sexualidad no se alcanza por sí misma, si no somos educados para ello. Una sexualidad sana anima a disfrutar de la piel, del cuerpo, del afecto, de la comunicación. Y acepta y fomenta la diversidad sexo-genérica, difundiendo la tolerancia también en este ámbito. Una buena sexualidad deshace mitos, coloca los objetivos y las formas en su sitio, anula comportamientos machistas, inculca en la mente de los estudiantes la semilla de la igualdad...De hecho, el centrar demasiada atención en evitar posibles problemas puede acabar transmitiendo una sensación equivocada del sexo como algo peligroso, como algo a lo que hay que acercarse con cautela...Tampoco se puede dar una visión del sexo centrada en el coito y los genitales, ni estar centrada solo en prevenir "efectos indeseados" como embarazos en adolescentes, enfermedades de transmisión sexual, abusos, violaciones, etc. Una buena educación sexual, en fin, trata de enseñar a disfrutar respetándonos, que es el objetivo de los futuros comportamientos que como adultos hemos de practicar. Se debe fomentar la cultura amorosa y erótica (besos, fantasías, relatos, caricias, miradas, palabras...), y se debe informar también al alumnado sobre nociones de planificación familiar, métodos anticonceptivos, enfermedades de transmisión sexual, funcionamiento sexual de la mujer y del hombre, división sexual del trabajo, e incluso entrar en asuntos espinosos tales como la prostitución (nosotros apostamos por la visión abolicionista de la misma), o la pornografía (entendemos que en el aula se debe denunciar y debatir sobre los mensajes y prácticas machistas que dicha industria difunde), y todo ello ha de hacerse sin discursos moralistas ni fundamentalistas, sino desde la naturalidad, el debate y la libre discusión de ideas. Continuaremos en siguientes entregas.

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