Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Vamos a finalizar aquí, con esta entrega número 15, la serie de artículos que hemos querido dedicar al Federalismo, comentando los principales aspectos de nuestra propuesta de Modelo Federal para el Estado Español, desde la izquierda. Continúa siendo un tema candente, pues los últimos focos de polémica se sitúan en los posibles debates bilaterales o multilaterales que el Gobierno Central pueda tener con las Comunidades Autónomas, en relación a sus compromisos de reducción del déficit público. Creo que, en síntesis, hemos expuesto ya con más o menos nivel de detalle todos los puntos principales de nuestra idea de Federalismo. En esencia, es preciso pensar en un modelo de organización territorial que vaya de abajo arriba y no de arriba abajo. Esta es la enorme diferencia, como ya se ha explicado, que hay entre descentralización y federación. Mientras el modelo simplemente descentralizado parte de arriba abajo, la federación es al contrario.
Por tanto, al provenir el modelo organizativo y competencial desde abajo, los Ayuntamientos (y demás entes donde los mismos se organicen) son los que limitan la acción del Estado, mientras que en el modelo descentralizado, es el Estado el que limita la acción de las administraciones locales (y esto se puede ver muy claramente ahora, con la última reforma de las Administraciones Locales, propuesta por el PP). Es el Estado, para la Federación, una unidad superior que se forma voluntariamente por la unión de los territorios, de los pueblos y de sus ciudadanos/as, y que no se puede romper sino con el mutuo acuerdo de los que lo formaron. Y además, nuestra propuesta respeta profundamente el derecho de autodeterminación de los pueblos, derecho reconocido por las más altas instancias internacionales.
El Modelo Federal no entiende la unidad en la uniformidad, como entiende el PP (y hasta el PSOE), sino la unidad en la variedad, en la diversidad, en la plurinacionalidad. De ahí que profese un profundo respeto a la multiculturalidad, y al plurilingüismo existente en cada pueblo de la Federación. Por tanto, la Federación se basa en la idea de que son las colectividades inferiores las que dan lugar a la superior, que por tanto obtiene de ellas su soberanía de manera delegada. Es el poder democrático nacido del proceso federalizante el que establece y fundamenta el poder de las entidades superiores, porque la soberanía no se cede, se ejerce por representación, y en última instancia, son los ciudadanos/as quienes libremente se organizan en las colectividades, territorios, pueblos o comunidades que les parezcan convenientes, y su configuración no debe ser impuesta por el Estado Federal, como ente aglutinador común de todos ellos.
Apostamos y entendemos al Federalismo, bajo una República como forma política del Estado Español, como el mejor garante de unas condiciones de convivencia completamente democráticas, y de respeto a los derechos sociales, cívicos y laborales de los trabajadores/as. Pero desde la Transición, y más hoy en día, con la tremenda crisis que sufrimos, la hegemonía de los nacionalismos periféricos, así como del nacionalismo españolista, no nos permite ver el bosque, sino los árboles, unos árboles que nos confunden. Dichos nacionalismos se retroalimentan, para así conseguir que amplios sectores de la sociedad crean que el origen de la crisis se sitúa en la insolidaridad entre las Comunidades Autónomas, centrando el conflicto en la lucha entre territorios, y no en la lucha entre clases. Y esta instrumentalización tiene una potencialidad innegable para dividir a la clase trabajadora, a pesar de compartir unas mismas necesidades y aspiraciones.
Rompamos ese falso debate, y entendamos que mientras en lo territorial el modelo más justo y equilibrado es el Modelo Federal, en lo social la batalla está en la lucha de clases, y las clases sociales superan a los territorios, son un fenómeno mundial. La clase trabajadora comparte los mismos problemas en todos los territorios del mundo, por eso ha de luchar por modelos sociales y laborales que permitan romper la actual hegemonía y dictadura del capital. En nuestro Modelo Federal se unen ambos objetivos, ya que mientras cada pueblo, territorio o comunidad federada tendrá completa soberanía para el ejercicio de sus competencias propias, el Estado mantendrá competencias en la gestión de todos los sectores estratégicos de la economía, como las energías eléctricas y el gas, las telecomunicaciones, el transporte, los hidrocarburos, el agua, etc., al tiempo que garantizará los mismos derechos y servicios públicos básicos para toda la ciudadanía de todos los territorios (Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Dependencia, etc.).
El Modelo Federal supone de esta forma el mejor encaje en la redistribución de competencias entre el Estado y las Comunidades, para de este modo garantizar la igualdad sustancial de derechos sociales, así como el blindaje de las condiciones de vida de todos los ciudadanos/as, incluyendo a los más desfavorecidos/as. En fin, cerramos esta serie de artículos, creo que han quedado suficientemente expuestos todos los grandes aspectos que desde nuestro punto de vista de la izquierda se incluyen en el Modelo Federal, y su aplicación al Estado Español. Proceso Constituyente, Constitución Federal y República Federal serán las mejores opciones de organización territorial y social para todos los ciudadanos de este país. Esperemos conseguirlo dentro de poco tiempo.