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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Trabajo (III)

Bien, nos habíamos quedado en el artículo anterior de esta serie con la idea ya esbozada de que los economistas, empresarios y políticos neoliberales consideran el Trabajo Humano como una mercancía más, igual que otra cualquiera, y las connotaciones de entrada que esta valoración supone. Vamos a seguir ahondando en dicha idea, para ver dónde nos conduce, y luego poder plantear los errores de sus teorías, así como las alternativas que proponemos desde la izquierda.

 

ecuacion_trabajo.jpgPartiendo de dicha premisa del Trabajo considerado como mercancía, sujeto a las clásicas leyes de la oferta y la demanda como en cualquier otro mercado, los adscritos a los planteamientos neoliberales creen (aplicando únicamente la matemática social) que se puede fijar un salario que iguala en un momento dado la cantidad ofertada por los trabajadores, y la demandada por los empresarios, y que, por tanto y en teoría, representaría una situación de pleno empleo. En dicha situación, que por supuesto es ficticia e irreal, todo el mundo trabajaría por el simple hecho del consenso en la política retributiva, cosa que sabemos que no es así, pues en la relación laboral inciden muchos más factores.

 

Pero siguiendo su razonamiento, si el salario fuera demasiado bajo, habría una gran demanda de trabajo por parte de los empresarios, pero una insuficiente oferta de trabajo, porque, siempre según los defensores de este punto de vista, siendo el salario demasiado bajo, los trabajadores preferirían el ocio al empleo (con ello nos siguen demostrando su "incultura laboral", y la infravaloración que hacen del trabajo humano, pues ya hemos discutido en anteriores artículos de esta serie que el trabajo no es sólo un medio de vida, sino también una forma de realización personal). Y por su parte, si el salario fuera demasiado alto, ocurriría lo contrario: habría muchos trabajadores deseosos de trabajar, pero muchas empresas no estarían dispuestas a contratarlos a esos salarios tan elevados.

 

Por tanto, dirían los neoliberales y conservadores, para que se pueda llegar a una situación de pleno empleo, lo importante es que se den dos circunstancias. La primera, que los salarios sean lo suficientemente moderados, porque si son muy altos, las empresas no van a contratar a todos los trabajadores que deseen hacerlo, lo que se traducirá en que aumentará el paro. Por eso esta corriente de pensamiento llega a concluir (aunque muchas veces no se atrevan a confesarlo en público) que el paro o desempleo es siempre voluntario, porque podría eliminarse simplemente si los trabajadores aceptaran trabajar por salarios más bajos.

 

La segunda circunstancia (siempre según ellos) para que pueda darse el pleno empleo es, por tanto, que los salarios puedan subir y bajar libre y fácilmente, que los trabajadores puedan ir sin dificultad allí donde haya un empresario demandando un empleo. Y que los empresarios puedan contratar allí  donde lo necesiten, y en las condiciones en que les resulte más apropiado. Cuando esto ocurre, se dice que el mercado de trabajo es flexible, y cuando no (o a medida en que no), se dice que es rígido. Y precisamente de esta segunda circunstancia los economistas y políticos conservadores deducen que para crear empleo lo que debe haber es la mayor flexibilidad posible en el mercado laboral. Mientras que el desempleo se explica porque hay factores que hacen que el mercado de trabajo se vuelva demasiado rígido.

 

flexibilidad_laboral.jpgPrecisamente, hace poco tiempo, en una rueda de prensa ofrecida por el Presidente de CEOE, Juan Rosell, éste decía a los periodistas que el mercado de trabajo tiene que hacerse totalmente flexible, y ponía un ejemplo diciendo "...a lo mejor me interesa contratar a alguien para hacer un turno el martes de 9 a 2, el jueves de 5 a 8, y el domingo todo el día, durante tres semanas...", y se quedaba tan pancho, queriendo trasladar la idea de que las contrataciones tienen que reflejar toda esta posible flexibilidad laboral, sin entrar a pensar en el pobre trabajador al que le toque hacer ese galimatías de turno. Reflejando este sinsentido, ya hemos visto algunas parodias cómicas que intentaban reflejar este hecho de la extrema flexibilidad laboral, llevándola hasta el absurdo.

 

Los factores que provocan esta rigidez en el mercado de trabajo son en realidad los mismos que hacen que los salarios sean demasiado altos y produzcan desempleo. La mayoría de las personas, por poco informadas que estén, saben también cuáles son estos factores a los que se culpa de la rigidez en el mercado de trabajo y del paro, porque se hace constante referencia a ellos en los medios de comunicación y en los discursos de los políticos y de los economistas ortodoxos. El más habitual y criticado es el de los Sindicatos. Se afirma que crean rigidez porque defienden los intereses de los trabajadores, y por tanto, porque no aceptan cualquier nivel de salario ni cualquier condición laboral, es decir, porque han logrado a lo largo de toda su historia que se reconozca y se respete un marco laboral normativo que protege a la parte más débil de la relación laboral, es decir, el trabajador/a.

 

sindicatos.jpgEl patrono es la parte fuerte de la relación laboral, e intentar hacer ver lo contrario es un típico engaño encubierto, una visión que se pretende hacer llegar sobre todo a los trabajadores jóvenes y novatos, en el sentido de fomentarle una especie de sentimiento de que la empresa también es algo suya, algo propia, algo de todos, que todos formamos parte del mismo barco, que todos tenemos que remar en la misma dirección, porque si no todo el barco se hunde. Desde aquí declaro solemnemente que se trata de una patraña más que nos intentan inculcar los empresarios para que nos sintamos responsables con la empresa, para ellos beneficiarse de ese "sentimiento" y abusar todavía más y mejor de los trabajadores.

 

Volviendo a los Sindicatos, es fácil imaginar cómo serían las condiciones de trabajo (simplemente recordando cómo eran en  el siglo XIX) si no hubieran existido los Sindicatos, y si no se hubiera conseguido que se reconocieran los derechos de los trabajadores. Vamos a dejarlo aquí de momento, para continuar en el próximo artículo de esta serie, pero recomiendo a los lectores jóvenes que no tengan idea de cómo eran dichas relaciones laborales hace dos siglos (y mucho peores si retrocedemos más todavía), que accedan a cualquier texto o documental que lo explique, e incluso a cualquier serie de televisión que toque colateralmente dichos temas, y se convencerán de cómo hemos evolucionado hasta llegar aquí, y todo lo que ahora intentan arrebatarnos a la clase trabajadora. No nos engañemos: detrás de la tan traída y llevada flexibilidad laboral, se esconde la forma de esclavitud moderna del siglo XXI, si no somos capaces de ponerle freno, puesto que las conquistas laborales y sociales no son barreras, sino derechos.

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