Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Nos habíamos quedado en el último artículo de esta serie comentando los diversos factores que, según los neoliberales, inciden en esa supuesta rigidez del mercado de trabajo, y habíamos tocado el tema de los Sindicatos. Pues bien, como habíamos dicho, son precisamente todas las normas que protegen los derechos de los trabajadores aquéllas que ellos ponen continuamente como excusas: si hay salario mínimo, se dirá que no se crea empleo porque no se permite que haya empresas que puedan crear puestos de trabajo más baratos. Les recuerdo a los lectores que ya comentamos lo relativo al SMI en el primer artículo de esta serie.
Si hay subsidios para los desempleados (cosa que también les molesta mucho), se dirá que entonces los parados preferirán vivir de las ayudas públicas, y que no aceptarán los empleos que se les ofrezcan. Si hay cotizaciones sociales elevadas, para poder financiar unas pensiones públicas dignas, se dirá que eso encarece el coste del trabajo. Y recordamos que hace poco tiempo hemos asistido a una reforma del sistema de pensiones público en nuestro país, que entre otros cambios, elevaba la edad de jubilación dos años, colocándola en los 67. Aduciendo falsas motivaciones de insostenibilidad del sistema, y de estudios de progresión demográfica, nos han impuesto esta reforma, cuando el sistema era perfectamente sostenible, desde todos los puntos de vista.
Pero no acaban aquí las excusas: si hay convenios colectivos que fijen condiciones de trabajo decentes para todos los trabajadores, se dirá que, además de encarecer el trabajo, se limita la libertad de contratación, y que eso provocará más desempleo (además de que los sindicatos se están quedando "antiguos" en sus planteamientos, como de un tiempo acá se oye decir a algunos dirigentes de la Patronal), etc., etc., etc. Cientos de excusas y planteamientos para revocar las condiciones dignas del trabajo, para que nos vayamos a su terreno, para que les concedamos a los empresarios mayores márgenes de maniobra, y mayores parcelas y terrenos donde actuar con sus empresas (de ahí el interés de que las empresas públicas sean cada vez más pequeñas, incluso que desaparezcan). No es porque sean objeto de una mala gestión (que puede ser verdad en algún caso aislado), sino para reconvertir al sector privado la actividad que dicha empresa pública abordara.
Y en consecuencia, los neoliberales defienden que, para poder crear puestos de trabajo suficientes, lo que hay que hacer es llevar a cabo continuas reformas en los mercados de trabajo para eliminar todos estos factores de rigidez, y para proporcionar, por el contrario, la flexibilidad suficiente a las relaciones laborales que permita alcanzar el pleno empleo. Estas ideas sobre el mercado de trabajo y la creación de empleo, que se presentan como el último hito, son realmente muy antiguas, de finales del siglo XIX. Cuando se han recuperado para darle cobertura ideológica a las políticas neoliberales, se han presentado bajo la forma de teorías económicas muy sofisticadas y con mucho aparato matemático, para dar a entender que se trata de proposiciones científicas muy modernas, pero no nos engañemos: su sustrato final es el antiguo que acabamos de señalar, por mucho que nos las quieran presentar disfrazadas de modernidad a la opinión pública.
Siguiendo estos principios, en los últimos años se han llevado a cabo multitud de trabajos, estudios e informes orientados a demostrar que, por ejemplo en Europa o en España, existen factores de carácter institucional como los antes mencionados, que son los responsables de los altos niveles de desempleo existentes. Y a propugnar, por tanto, que se reformen los mercados de trabajo, para eliminar dichos factores y darles la suficiente flexibilidad. Pero dichos estudios no se han realizado sólo desde organismos privados, sino también desde nuestras propias Instituciones Públicas, estando a la cabeza de todas ellas nuestro propio Banco de España, cuyo Gobernador es el mayor aliado de todas estas tesis.
De dichos análisis es de donde beben las actuales políticas gubernamentales (y las practicadas por el PSOE), como lo hace, por ejemplo, el último Pacto del Euro, cuando afirma que lo que necesitan las economías europeas para crear empleo es ser más competitivas. Esto significa, como veremos más adelante (hablaremos en siguientes artículos sobre la competitividad con mayor detalle), exactamente lo mismo que acabamos de comentar: salarios más bajos, porque se supone que así las mercancías (productos y/o servicios) que fabrican las empresas se van a poder producir a menor coste, es decir, más baratas, y por tanto, que se van a poder vender con mayor facilidad, y entonces, esto se traducirá en que se van a poder emplear a más trabajadores. Pero lo que no explican, como también veremos más adelante, es a quién van a venderse dichas mercancías de más si la población que podría comprarlas tiene cada vez menos capacidad de compra, porque sus salarios han bajado, y tienen menor poder adquisitivo.
Los datos muestran por el contrario, como vamos a ver enseguida en lo referente a los últimos años de crisis económica, que a pesar de que hayan bajado los salarios se ha destruído empleo; que con el mismo mercado tan rígido, según los neoliberales, España pudo ser efectivamente el país que más empleo creó antes de la crisis, y luego pasar a ser el que más empleo ha destruído, y sobre todo, que no hay relación indiscutible entre la existencia de normas laborales más o menos flexibles o rígidas, y el mayor o menor volumen de empleo. Continuaremos con el apoyo a estos razonamientos en el siguiente artículo de esta serie.