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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Trabajo (VI)

Bien, pues continuando con nuestra serie de artículos donde estamos proponiendo nuestros enfoques y visiones sobre el mundo laboral, para enfrentarlas a los modelos neoliberales, vamos en esta sexta entrega a proceder exactamente a eso: a ofrecer nuestras alternativas a dicho modelo, que creo ha quedado suficientemente claro en sus planteamientos, aunque volveremos sobre algunos aspectos en posteriores artículos.

 

Desde la izquierda, pensamos que hay que cambiar nuestra forma de producir y de competir en los mercados para recuperar la renta salarial, y por tanto, la demanda de la que dependen las empresas que crean empleo; hay que eliminar el privilegio que tienen la actividad especulativa y las rentas financieras, que impiden que esas empresas (las PYMES, cuyo tejido productivo crea del orden del 80% del empleo total) dispongan de la suficiente financiación, y hay que reequilibrar el poder de los diferentes grupos sociales.

 

En nuestra opinión, el horizonte al que debemos dirigirnos para poder crear empleo decente, estable y de calidad es aquél que permita crear un contexto (legal, normativo, regulatorio, pero también social) a las empresas que desincentive su gestión mercantilizada del trabajo (la única visión que ellas tienen del trabajo humano, como ya hemos comentado), cuyo ejemplo paradigmático es el de aquéllas empresas (cada día nos enteramos de noticias en este sentido) que justo cuando obtienen miles de millones de beneficios, es cuando se deshacen de más empleados.

 

Quiero hacer un inciso en este punto para abordar con más calma la opinión que me merecen tales empresas: es decir, aquéllas que tienen como dinámica de funcionamiento el contratar a mucha fuerza laboral para poder producir muchos bienes y/o servicios que le den bastantes beneficios, y una vez que los tienen, en vez de hacerlos repercutir en sus propias plantillas, lo cual a su vez redundaría en su propia capacidad de consumo, y en última instancia en la propia sociedad (además de en su propio grado de satisfacción laboral), lo que hacen es aprovecharse de lo que les permite la normativa laboral vigente (de ahí que pretendamos que se cambie para que se vuelva más rígida con estos "empresarios").

 

¿Qué hacen entonces estos gestores desalmados? Pues despedir a un grueso de su plantilla, enviándolos al paro o a períodos de inactividad, para que sea el herario público el que tenga que encargarse de mantenerlos, y así ellos adelgazar temporalmente sus costes laborales, o bien (lo que es más grave todavía), proceder a deslocalizarse (cambiar sus sedes o sucursales a otros países), para poder contratar mano de obra más barata. Pensamos que no sólamente el marco normativo debiera endurecerse para no permitir tales prácticas, sino que tales gestores deberían considerarse como delincuentes en nuestra sociedad, y poder aplicarles el Código Penal.

 

Bien, continuando con nuestras propuestas, pensamos a grandes rasgos que:

 

1.-  Se debe fomentar y facilitar una gestión del empleo en función de la demanda social de bienes y servicios que exista en un momento dado, y no de la exigencia de rentabilidad privada.

 

2.- Hay que incluir la urgente suspensión de todas las últimas reformas laborales que se han puesto en marcha.

 

3.- Acabar con todas las normas que han institucionalizado la precariedad laboral.

 

4.- Adoptar medidas para combatir el trabajo informal y el de tiempo parcial no deseado (o impuesto por razones de género por insuficiente impulso de las políticas de igualdad).

 

5.- Incentivar el empleo indefinido.

 

6.- Disminuir el tiempo de trabajo, facilitanto así el reparto del mismo dentro de las empresas.

 

7.- Establecer mecanismos de restitución social (para los empleados afectados) y penalización a las empresas innecesariamente destructoras de empleo.

 

8.- Aumentar el salario mínimo (como propusimos en un artículo anterior, al menos hasta llegar al 60% del salario medio).

 

9.- Garantizar rentas mínimas durante todo el período de desempleo.

 

10.- Reconocer y mejorar la ecología en el mundo del trabajo.

 

Pensamos, por fin, que el trabajo no puede ser únicamente un instrumento para conseguir los fondos con los cuales realizarse a uno mismo a través del consumo. El trabajo en sí es determinante de la calidad de vida de la ciudadanía, tal y como muestran los estudios realizados sobre las causas de la longevidad de la población, que confirman que la variable más importante para explicar los años de vida que alcanza una persona, es su grado de satisfacción con el trabajo realizado a lo largo de toda su vida.

 

De ahí la gran importancia de que se creen puestos de trabajo que permitan desarrollar la enorme creatividad y la capacidad de goce que las personas tienen en su vida cotidiana. El hecho de que todo este potencial se inhiba mediante la total mercantilización de la actividad laboral nos muestra la imperiosa necesidad de cambiar las relaciones de poder en nuestra sociedad, concediendo mayor protagonismo a la población trabajadora en el diseño de su vida laboral. En el próximo artículo de esta serie comenzaremos a discutir los conceptos de competitividad y productividad, tan usados actualmente, y los diversos enfoques que ofrecen.

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