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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Trabajo (y X)

Pues bien, queridos lectores, hemos llegado al final de esta serie de artículos, que hemos querido dedicar a comentar, desde nuestro prisma ideológico de izquierdas, los asuntos que tienen que ver con el Trabajo, su filosofía, su naturaleza, su práctica política, sus problemas y sus soluciones. Las aportaciones y orientaciones que hemos realizado no se circunscriben aquí, sino que se enmarcan en una visión del trabajo humano y su relación con el entorno, que va más allá de lo que hemos querido recoger en esta serie de artículos, pero baste con todo lo que hemos comentado, para que se vea claramente que hay planteamientos diferentes y soluciones alternativas que proponemos desde la izquierda, que se enfrentan radicalmente con las posturas neoliberales que nos gobiernan.

 

Como ejemplo de ello, hace pocos días declaraba Mario Monti, el primer ministro italiano (un tecnócrata impuesto por los mercados, fiel delfín de Merkel y Sarkozy), que "es aburrido eso de tener un trabajo fijo para toda la vida", lo cual incide por enésima vez en lo que hemos venido denunciando desde el primer artículo de esta serie, y es la poca valoración que hacen del trabajo humano, el desprecio que profesan a la dedicación auténtica a una profesión, pues para ellos el trabajo no tiene ningún valor fuera de esa "ecuación matemática" entre oferta y demanda, a ese equilibrio entre salarios, competitividad y productividad. Es inaudito que gente tan impresentable esté gobernando un país.

 

Quiero incidir en este artículo final en varios de los aspectos que ya hemos venido mencionando en anteriores artículos de la serie, pero que por su interés, no quiero dejar pasar. Por ejemplo, el tema de la competitividad. Hoy día nos obsesionamos con esta idea desde pequeñitos, pues hay que ser competitivos en el colegio, en sacar mejores notas, en ser más guapos, más altos y mejores estudiantes que los demás, si practicamos algún deporte tenemos también que ser los más aplicados, los que demos mejor la talla, los que batamos los récords. Sigue esta actitud durante la adolescencia y la juventud, y tenemos que continuar con ella en la Universidad o en el Instituto, y después en nuestro trabajo. Y cuando tenemos hijos, nuestra actividad profesional se asienta, y nuestra vida parece que comienza a dar sus frutos, tenemos que seguir siendo los mejores hijos, los mejores maridos o esposas, los mejores padres, y sobre todo, los mejores en nuestro trabajo.

 

profesion_felicidad.jpgTremendo error de base, que nos conduce además a que no disfrutemos de nuestra actividad laboral y de la relación con nuestros compañeros todo lo que deberíamos, pues seguimos obsesionados con la dichosa competitividad. Desde aquí quiero romper una lanza no en favor de los mejores médicos, abogados, jueces, arquitectos, pintores o fontaneros, sino en los que más disfruten siendo médicos, abogados, jueces, arquitectos, pintores o fontaneros. No tenemos que ser los mejores, sino disfrutar, ser felices, realizarnos en nuestra profesión, intentar dedicarnos a los que más nos guste, pues ya esto es un fin en sí mismo, y no un medio para poder conseguir a través de nuestra profesión otras escondidas metas.

 

La competitividad es mala consejera, y lo podemos extrapolar a todos los ámbitos que queramos, incluso al ámbito de país, pues no tenemos que perseguir por ejemplo ser el país más exportador en tal o cual servicio o producto, sino hacerlo bien, y dedicar nuestros mejores recursos humanos y materiales en ello, pues lo demás vendrá después, y vendrá solo, como un añadido natural a la propia actividad cultivada.

 

Y sobre la productividad, últimamente es también propuesta para que sea tenida en cuenta como referencia a la hora de la actualización de los salarios, en vez del incremento de los precios al consumo (el famoso IPC). Nos parece una tremenda tomadura de pelo, y una forma más de incidir en la relación subliminal a la que el empresario quiere inducir al trabajador, para que se "sienta" parte de la empresa, y por tanto se conciencie en que su interés por la misma va a verse de alguna forma recompensado, cosa que como sabemos, nunca es cierta. Los empresarios han de cambiar el chip, y comprender de una vez por todas que la mentalidad empresarial no puede ser extrapolada a la clase trabajadora, que se orienta hacia otros intereses y otra escala de valores muy distinta.

 

Una última reflexión sobre el tema salarial, del que tanto hemos hablado en esta serie de artículos, pues hace pocos días, Patronal y Sindicatos llegaron a un acuerdo de mínimos sobre algunos aspectos de la Reforma Laboral, y entre ellos estaba el aspecto salarial. Y como ya veníamos advirtiendo, se ha orientado sobre la base de la extrema moderación, pues la actualización propuesta ha sido del 0,5% para 2012, y del 0,6% para los dos años siguientes, 2013 y 2014. No vamos por buen camino. Seguiremos hundiendo el poder adquisitivo de la clase trabajadora, y con ello la capacidad de consumo global de la economía, lo que incidirá en el mantenimiento de la crisis, pues las empresas seguirán sin poder sacar a flote sus mercancías, y con ello sus plantillas.

 

Y además a nivel macroeconómico, como ya saben los lectores, esto se quiere estar combinando con la obsesión por la reducción del déficit público, lo cual será un factor más que irá en la línea del debilitamiento de la economía, de la caída del consumo, del paro y de la recesión. No es la solución. No nos cansaremos de denunciarlo y de combatirlo. Esperemos que nuestra voz llegue no sólo a los gobernantes, que ya sabemos que no nos hacen caso, sino al pueblo, que es el único con fuerza suficiente como para cambiar radicalmente este escenario.

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