Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Parece mentira hasta qué punto los resultados electorales determinan gran parte del comportamiento de la sociedad a posteriori, sobre todo cuando se producen grandes vuelcos electorales, como ha sido nuestro caso después de los comicios del pasado 22 de mayo. Como sabemos, el respaldo a las opciones de la derecha política (PP sobre todo, pero también otras) ha sido mayoritario, y vamos a poner unos cuantos ejemplos de la inmediata repercusión que dichos resultados han tenido en algunos acontecimientos y declaraciones posteriores.
Para empezar, no habrían pasado ni 24 horas desde la jornada de votaciones, cuando el Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en una rueda de prensa para el Foro de la Empresa Familiar, hace unas declaraciones realmente sorprendentes, y cito textualmente un momento de su intervención: "El marco laboral debe terminar de reformarse...Es que resulta que los empresarios españoles tienen auténtico horror a contratar...cuando lo normal sería que contrataran al mayor número de personas posibles, para ganar más, intentan sacar adelante el máximo de trabajo sin contratar a nadie...". Me parecen tan miserables estas declaraciones, que realmente me quedo sin palabras, y más teniendo en cuenta los siguientes factores:
1.- Este señor es el Gobernador del Banco de España, no es el Presidente ni Consejero Delegado de ningún Banco privado, sino el mayor responsable de una Institución pública.
2.- Estas declaraciones las hace cuando hace pocos meses que se ha firmado la última reforma laboral, insuficiente para la gran patronal, y por lo visto también para el señor Fernández Ordóñez, quien en vez de insuflar un poco de ánimo a los empresarios para que contraten y se estimule el consumo, desde su atalaya sólo se le ocurre echar más leña al fuego y seguir alineándose con las posturas más conservadoras de los más rancios empresarios.
Pero no acaban aquí los ejemplos. Mucho ha dado que hablar estos días el famoso ERE de Telefónica, que inicialmente iba a desprenderse de más de 8.000 trabajadores, con un plan a 5 años, pero que después ha cambiado a algo más de 6.000, y en un plan a 3 años. Pero lo más anecdótico de este ERE es que estamos hablando de una empresa cuyos beneficios en el pasado año han superado los 10.000 millones de euros, pero que tiene la desfachatez de poner en la calle a todos estos trabajadores (entre prejubilaciones y despidos), para seguramente contratar mano de obra más joven y barata. Hubo cierta polémica en el sentido de que el marco legal actual consentía además que el pago de dicho ERE saliera de las arcas públicas, pero aunque lo permite (bien podrían emplearse nuestros políticos en enmendar dicho marco normativo para que no fuesen posibles semejantes tropelías), Telefónica ha anunciado en estos días que se hará cargo completamente del importe del ERE, el cual por cierto todavía no ha sido firmado por los sindicatos.
Pero el colmo de la desfachatez ha tenido lugar durante las ya finiquitadas negociaciones entre la patronal CEOE y los sindicatos (CCOO y UGT), que estuvieron tratando de acordar todo lo relativo a la negociación colectiva, dentro del marco de desarrollo de la última reforma laboral acordada por el Gobierno y los agentes sociales hace varios meses. Resulta que la negociación se encontraba en un punto muy cercano al acuerdo, los sindicatos lo daban ya por prácticamente hecho, cuando la CEOE pone encima de la mesa un documento completamente inadmisible, y hace estallar la posibilidad de pacto. Pues bien, todos los indicios hacen pensar que dicho golpe de efecto ha tenido lugar precisamente por el último resultado electoral, al sentirse digamos más "cómodos y respaldados" ante un próximo escenario político gobernado por la derecha, mucho más proclive a sus planteamientos. No quieren que exista negociación colectiva. Si fuera por ellos, tampoco existirían los sindicatos, y podríamos volver perfectamente a la esclavitud del siglo XIX. Pues así está el patio. Giro a la derecha en las elecciones, que se traduce en lo que estamos viendo. Y mucho nos tememos que esto es sólo el principio.