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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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¿Se acabó la indignación?

Tal y como ya hemos comentado en otros artículos de este Blog, estamos viviendo una situación socio-política extremadamente curiosa, incluso contradictoria, a la vez esperanzadora y a la vez decepcionante, que nos sitúa de cara a su análisis en una posición muy delicada, para intentar valorar y reconducir los gestos hacia su correcta interpretación, pero sobre todo, inspirar nuevos gestos e intentar que la semilla generada no se diluya con el paso del tiempo.

 

Efectivamente, parece que fue ayer cuando saltaba la noticia de que muchos ciudadanos (jóvenes y no tan jóvenes) se habían empezado a movilizar, convocados mediante las redes sociales y diversas plataformas y organizaciones, como una corriente de indignación ciudadana ante la situación social y política que estamos viviendo hace mucho tiempo. A dicho movimiento se le bautizó como "Los indignados del 15M", por haber comenzado sus manifestaciones, acampadas y concentraciones algunos días antes de las elecciones del 22 de mayo. Este movimiento parece que comienza ya su retirada, al menos en lo que se refiere a sus acampadas en las principales plazas de las grandes ciudades españolas.

 

Paralelamente, la jornada de Elecciones Municipales y Autonómicas del 22 de mayo nos dejó un panorama (para la gente que nos consideramos de izquierdas, claro está) completamente desolador, en el sentido de que la inmensa mayoría del voto se fue para opciones conservadoras, sobre todo para el PP. Y como consecuencia de ello, no se han hecho esperar los acontecimientos y las declaraciones en la dirección esperada, con presiones en el sentido de los mayores recortes sociales y económicos que se van a poner en marcha cuando se constituyan los Ayuntamientos y las Autonomías correspondientes. Se cierra por tanto un círculo vicioso, como una prueba del 9 de la división, pues tenemos un escenario político que cierra filas en torno a las prácticas capitalistas más conservadoras y neoliberales, y por otra parte, tenemos unos movimientos ciudadanos que protestan ante estas situaciones, y que incluso han llegado a protagonizar estos últimos días auténticos y violentos altercados con la policía, con un montón de heridos y detenidos.

 

indignados_15M.jpgEs decir, que por una parte asistimos a movimientos ciudadanos organizados que se rebelan ante la situación política, denunciando la corrupción, la hegemonía del poder económico sobre el poder político soberano de los Estados, las reformas que se están haciendo para debilitar a las clases trabajadoras, para potenciar a los más fuertes y poderosos, y la dependencia de las políticas económicas y fiscales con los llamados Mercados Financieros Internacionales. Pero por otra parte, y paradójicamente, cuando se celebran jornadas electorales en los diferentes sitios (no sólo en España), nos invade una ola de conservadurismo y de apuesta por las opciones políticas que representan al capitalismo más puro y duro...¿cómo se explica esto? Evidentemente, hace mucha falta toda una labor de pedagogía y de educación política para erradicar todo este fenómeno tan sumamente contradictorio. 

 

Aprovecho desde aquí para realizar un nuevo llamamiento a la rebeldía, a la indignación, a la insumisión social de los ciudadanos, pero teniendo en cuenta que hay que tener las ideas muy claras, que hay que identificar muy bien los objetivos, y que el único camino posible es el de la coherencia social y política, en el sentido de apostar por las opciones políticas que representen de verdad la identificación con las reivindicaciones de los indignados, la canalización de sus exigencias por vías pacíficas y democráticas, pero para alcanzar realmente los objetivos, las reformas y los cambios que se están demandando, y no para dar "palos de ciego" políticos, y hacer pagar los platos rotos, delegando en otras opciones políticas que van a romperlos mucho más. Que no se acabe la indignación, que no se acabe la protesta en la calle, que no se acabe la lucha por los principios que queremos implantar, que no se acaben las movilizaciones, las concentraciones y las manifestaciones por lo que consideramos justo, pero canalizadas a través de las opciones políticas que de verdad se alineen con dicho ideario, que van a representar en las Instituciones la fuerza de la calle, la voz de la ciudadanía.

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