Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Vamos a realizar una recopilación de aberraciones que ocurren en nuestro país, todas de factura reciente, para enlazar con el guión de un estupendo vídeo que se ha lanzado desde la web de Izquierda Unida, y que viene a dar el mensaje (y vamos a demostrar hasta qué punto es cierto) de que la crisis no finalizará hasta que el miedo cambie de bando. Efectivamente, y lo hemos venido denunciando en otros muchos artículos, el miedo es la consecuencia fundamental, en lo que a estado de ánimo se refiere, que la crisis está teniendo en la ciudadanía española. La crisis provoca fundamentalmente miedo.
El miedo ciudadano es un arma de doble filo, pues correctamente conducido y llevado a sus últimas consecuencias, ha sido el detonante que ha provocado la caída de gobiernos y regímenes totalitaristas en numerosas ocasiones durante la Historia. La crisis campa a sus anchas residiendo en el miedo ciudadano. Miedo a no encontrar empleo, o a perder el que tenemos, o a no llegar a fin de mes, o a perder las prestaciones, o a no poder disfrutar de sanidad, o a ni siquiera poder contar con la pensión de nuestros mayores. Miedo a no poder expresarnos libremente, miedo a acudir a las manifestaciones, miedo a Europa, a su control, a sus imposiciones, miedo a nuestro futuro colectivo. Pero mientras tanto, ellos no tienen ningún miedo: a llevar a los bancos a la quiebra, a incumplir completamente su programa electoral, a malversar dinero público, a indultar a los grandes defraudadores, a afirmar que los españoles no trabajamos lo suficiente, a asistir a safaris y a cacerías, a ser, en fin, corruptos, indecentes y estafadores con la sociedad.
Pero es que nuestra indignación y rebeldía se vuelven incontenibles cuando vemos, por ejemplo, cómo la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, trata en rueda de prensa a los periodistas con la punta del pie, mofándose de ellos, en un claro ejercicio de falta de respeto, y hasta retira groseramente la palabra a su Consejero de Economía. O asistimos a la poca vergüenza de todo un Presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, que no es capaz de dar ni una sola explicación en rueda de prensa sobre sus suntuosos gastos durante fines de semana en Marbella. O vemos cómo el ex Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, después de haber estado durante los últimos años soltando injurias contra la clase trabajadora, y predicando la moderación salarial (mientras él cobraba 176.000 euros brutos anuales), en vez de haber estado haciendo su trabajo de supervisor, entre otras cosas para que no estallara la crisis bancaria y financiera que ha estallado, cuando dimite despacha a los periodistas diciendo que no puede hablar porque en este momento hay que estar al lado del Gobierno, nos guste o no nos guste lo que está haciendo.
O bien, vemos cómo el Rey Juan Carlos recibe en audiencia al Ministro de Defensa Saudí, para formalizar un acuerdo de venta de 250 carros de combate, precisamente a un régimen tiránico donde el respeto a los Derechos Humanos brilla por su ausencia, pues entre otros muchos desmanes, las mujeres siguen siendo humilladas y masacradas. Pero la guinda del pastel a todo este rosario de mentiras burdas, de engaños y de manipulaciones, la tenemos en el supuesto "rescate" a la banca española por parte de las Autoridades Europeas. En efecto, el fin de semana pasado asistimos al sinsentido, desde todos los puntos de vista (fondo y forma) de la operación de rescate bancario. Hasta un astronómico montante de 100.000 millones de euros (ni los más pesimistas hablaban de esta cifra, creo que sólo llegó a proponerla el Secretario General del Partido Popular Europeo, y se le tachó de dar cifras disparatadas), para rescatar a nuestro sistema financiero de todos los despropósitos que lleva realizando desde hace muchos años.
Cuando habían negado la necesidad del rescate por activa y por pasiva todos los dirigentes políticos del PP y miembros del Gobierno, aunque era evidente (emplazo a los lectores al artículo titulado "El encubierto rescate a España", que publicamos varios días antes de que se formalizara), al final se concreta una operación durante un sábado (tras la cual el Presidente Rajoy se va a Polonia a ver jugar a nuestra selección en la Eurocopa de Fútbol), y nos cuentan que sólo tendrá condiciones para la Banca, pero no para la ciudadanía. Esto es totalmente falso. Y vamos a explicarlo: por una parte, es cierto que sólo a los bancos se les exigirá una reestructuración de oficinas y empleados, además de someterlos a cierto control sobre sus cuentas.
Pero no es menos cierto que algunas entidades destinatarias de dichos fondos son públicas o se han nacionalizado (total o parcialmente), por tanto, pertenecen al pueblo español, y por tanto, su capital es controlado por el Estado, que somos todos. Por citar sólo un ejemplo, para el caso de Bankia, la cifra que necesita (20.000 millones de euros), más el 4% de interés, hipoteca al Estado a tener que pagar anualmente la cifra de 800 millones de euros. Esto sin contar con que esa "supervisión" que realizará Bruselas de nuestras cuentas públicas no nos lleve de nuevo a la implantación de más ajustes. Y mientras tanto, no lo olvidemos, seguimos sin tener dinero para Educación, para Sanidad, para Dependencia, para Servicios Sociales, para Planes de Empleo Público, y un largo etcétera, que quedan anulados o recortados, mientras la estafa multimillonaria creada por un montón de banqueros delincuentes es solucionada en un fin de semana.
Nos encontramos en un país intervenido a todos los efectos, un país controlado por una cúpula de Instituciones inmorales e indignas que quieren seguir perpetuando el poderío de la clase capitalista, de los mercaderes, de los líderes de los grandes grupos financieros y de presión mediáticos, para continuar imponiendo sus normas a toda la ciudadanía europea. Pero por si todo ello fuera poco, el panorama interior español adolece de toda confianza, y nos empuja cada vez más al miedo, a la rebeldía, a la indignación. Sólo nos tenemos a nosotros mismos, a la clase trabajadora, y sólo en la medida en que seamos capaces de conseguir que el miedo cambie de bando, podremos acabar con esta crisis. El miedo tiene que trasladarse al otro bando, pues los culpables y generadores de esta crisis tienen que comparecer, tienen que dar explicaciones, tienen que ser juzgados, tienen que ser sentenciados, y tienen que ser condenados. Sólo cuando seamos capaces de llegar a esta situación habremos comenzado a ganarle terreno a la crisis.