Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
El pasado domingo 2 de diciembre se reunió la plana mayor del PSOE para celebrar un homenaje a Felipe González, 30 años después de su primer Gobierno en 1982. Además de destacados dirigentes del partido y el ex Presidente Zapatero, unos 40 ex Ministros de todos los gobiernos socialistas acudieron al Palacio de Congresos de Madrid, que ante unas 2.000 personas recordaron y ensalzaron la figura del ex líder del PSOE, así como su acción de gobierno durante sus 3 legislaturas. González compartió escenario y diálogo con el actual Secretario General, Alfredo Pérez Rubalcaba. El acto no dió mucho de sí, pues parece ser que lo más "inteligente" que se dijo fue que el PSOE ha perdido su "vocación de mayoría", y que debería recuperarla.
Bien, hagamos un poco de historia y una proyección a la actualidad, a ver si en realidad este personaje de nuestra política reciente se merece un homenaje. Las elecciones del 28-O de 1982 dieron al PSOE una mayoria super absoluta de 202 diputados. Cuánto se podría haber hecho con un poder así para bien de las clases trabajadoras de nuestro país, si se hubiera empleado de forma coherente, y bajo un auténtico ideario de izquierdas. No obstante, comenzaremos por destacar los logros (que los hubo) de los Gobiernos de González, tales como la universalización de la Sanidad, el aumento de la edad obligatoria de la enseñanza pública, la extensión del sistema público de pensiones, y algunas otras mejoras sociales. En el terreno internacional, quizá nuestra entrada en la entonces llamada Comunidad Económica Europea fue su mejor logro. Por tanto, los Gobiernos del PSOE de entonces tuvieron su parte positiva, y negarlo sería hacer un ejercicio de gran injusticia.
Pero si comparamos esto con el saldo negativo, quizá lo veamos más claro. Nuestra entrada en la OTAN (con un engañoso referéndum) y la pérdida de derechos sociales y laborales de los trabajadores, mediante varias reformas laborales, fueron sus principales engaños. Hay que partir de la base de que el PSOE, desde 1974, renuncia completamente a su ideario marxista, y se queda únicamente en la ideología socialdemócrata más tenue, practicando únicamente una política neokeynesiana de protección social, pero poco más. El PSOE nunca se enfrentó a los poderes fácticos de entonces, que eran los mismos que perduraban desde la época franquista, los protagonistas de la Transición, y los mismos que nos imponen ahora las políticas neoliberales. Y el PSOE nunca practicó realmente una política de defensa a ultranza de los trabajadores, ni de la consagración de los pilares del auténtico socialismo.
Bajo un panorama de tremenda crisis política después del intento fallido de Golpe de Estado y las horas bajas de los Gobiernos de la UCD, junto a una recién fundada Alianza Popular por Manuel Fraga, el PSOE consiguió aglutinar el inmenso voto de la clase trabajadora, y las esperanzas de mucha gente de izquierdas, que confió en Felipe González para liderar un proyecto político que dio al traste con el auténtico ideario progresista, y que sólo realizó una tibia política de redistribución de la riqueza, y una extensión de derechos sociales y de algunos servicios públicos. La reconversión industrial, la entrada en la OTAN, la Ley Antiterrorista (la "patada en la puerta" del ex Ministro Corcuera), la reforma del Código Penal, los GAL, las reformas laborales, la huelga del 14-D, y un larguísimo etcétera, contribuyeron al deterioro de los Gobiernos del PSOE de aquéllos tiempos. La renuncia a los principios de la izquierda, así como los tremendos casos de corrupción de la época, hicieron que la figura de González se fuera debilitando, hasta perder el Gobierno en 1996, para mayor gloria de sus detractores del Partido Popular.
El PSOE de González contribuyó a instalar el actual bipartidismo, consagrando una injusta Ley Electoral, con la connivencia del PP, que aún no se ha modificado, y que ha ayudado a perpetuar su presencia y sus privilegios, en detrimento de la pluralidad política de nuestro país. Luego por tanto, y visto en perspectiva, tenemos que reconocer en honor a la verdad que, aunque Felipe González fue un líder carismático, capaz de conseguir algunos logros importantes, sus Gobiernos desaprovecharon completamente la oportunidad de establecer de forma segura y permanente los cimientos del socialismo, creando y fortaleciendo todo el andamiaje no sólo para desmontar el poder de la histórica derecha de este país, sino para levantar un modelo de protagonismo y control democrático de toda la economía, planificado y controlado por los trabajadores/as. Al no sentar estas bases, los Gobiernos siguientes (incluyendo al actual, que aún lo tiene más fácil con la excusa de la crisis) tuvieron mucho más sencillo continuar en la senda de la destrucción de derechos, conquistas sociales y poder de la clase obrera. El PSOE de Felipe González dejó de ser (si alguna vez lo había sido) Socialista y Obrero. La S y la O le sobran en sus siglas y en su ideología.
Y de todos aquéllos polvos, tenemos los lodos actuales, con un PSOE en caída libre en todas las citas electorales, completamente desorientado, deslegitimado, con unos líderes que no despiertan ni la más mínima confianza, con un partido que no goza de credibilidad, y con un electorado cada vez más en debate interno para alcanzar de nuevo su sitio dentro del panorama político español. Si a esto le unimos un Felipe González de hoy, perteneciente al Consejo de Administración de varias empresas multinacionales, la verdad es que no obtenemos la imagen de coherencia que sería deseable para un ex político "socialista", sino más bien para un paladín del capitalismo moderno y actual. En resumidas cuentas, y con todo mi respeto hacia quien crea lo contrario, pienso que una figura de esta trayectoria merece muy pocos homenajes.