Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Continuamos con la detallada exposición de los puntos más polémicos establecidos en la LOMCE, a los cuales hay que sumar, por si todo lo anterior fuera poco, el nuevo debate generado por el Ministro Wert en torno al posible uso de las lenguas co-oficiales en las Comunidades Autónomas, lo cual ha desatado, como no podía ser de otra manera, una nueva explosión de las fuerzas políticas catalanas (salvo PP y Ciutadans, claro está) en defensa de su lengua. Por resumirlo de forma rápida, esto ha supuesto crear un nuevo problema donde no existía (que es en realidad lo que hace la LOMCE en todos los aspectos que toca), ya que el modelo de inmensión lingüística en Cataluña lleva funcionando muchos años, y se comprueba experimentalmente que los alumnos aprenden catalán y castellano a la perfección. No insistiremos por tanto más en este punto, porque pensamos que representa una distracción nueva, una nueva cortina de humo para alejar el foco de atracción de lo realmente importante en esta futura Ley.
Bien, vamos a ocuparnos por tanto aquí del siguiente eje rector de la LOMCE, del siguiente foco de polémica planteado, que se refiere, como ya habíamos avanzado, al recorte del currículum de los estudiantes, al propio adelgazamiento del mismo. El planteamiento de lo que pueden ser las materias troncales se ha reducido en pro de los itinerarios tempranos, lo cual interpretamos desde la izquierda como un tremendo error. De esta forma, la nueva Ley pretende reducir el número de asignaturas y centrar el grueso de la carga lectiva en unos contenidos mínimos, que es a lo que se refieren en la terminología neoconservadora cuando usan la expresión "volver a lo básico". Como en todo lo demás, bajo estos eufemismos vacíos y rancios se esconden las auténticas intenciones de sus planes, en este caso educativos, para justificar itinerarios devaluados dentro del período obligatorio, con unos contenidos mínimos y elementales. Parece como si tuvieran prisa en que el alumnado aprendiese muy rápido lo general, lo elemental, para desviarlo rápidamente a sus correspondientes "especialidades". No se dan cuenta de que precisamente es este período de formación elemental, de formación enciclopédica y generalista, el que está formando personas mínimamente cultas para el futuro, en la plena extensión del término.
Precisamente esta medida corresponde al modelo de la época industrial del siglo XIX, en la que se impartían unas pocas asignaturas que se consideraban necesarias para "triunfar" en la vida laboral, relacionadas con el conocimiento "útil" y necesario para trabajar en la industria. Sin embargo, otras importantes áreas creativas e innovadoras del conocimiento humano eran desechadas en aras de esa utilidad laboral futura. Se abandonaba de esta manera una educación integral, humanista, generalista y enciclopédica, para centrarse en una formación focalizada en los mínimos conocimientos y habilidades necesarias para enfrentarse al mundo laboral. Y por experiencia sabemos que reducir estas áreas de conocimiento no hará sino empobrecer la educación del alumnado, y la cultura general de los jóvenes, que seguirán recibiendo las mismas enseñanzas que sus abuelos. Desde la izquierda entendemos la educación de una forma más humana e integral, más abierta y universal, donde el conocimiento y la cultura sirven al hombre para enfrentarse a su mundo y su sociedad, bajo una perspectiva de análisis crítico. En caso contrario, no estaremos formando personas, sino materias primas para el futuro mundo laboral al que tendrán que enfrentarse, bajo ese prisma competitivo que ellos quieren inculcarnos.
Se trata así por tanto de sacrificar unos contenidos para un currículum completo, abierto, global y complejo, de alto nivel educativo, para centrarse en preparar únicamente una futura mano de obra laboral, barata, no pensante, diligente y sumisa, dotada con unos meros conocimientos instrumentales básicos, para acceder y ser únicamente piezas de un mercado laboral precario y empobrecido, sin ningún horizonte más que el de poder subsistir, y en constante rotación. Es lo que Silvio Berlusconi, al que ya creíamos superado pero que ha vuelto desgraciadamente a la escena política, resumió con el lema de las tres "íes": "Inglese, Internet, Impresa", es decir, "Inglés, Internet, Empresa", ligándolo con el consabido espíritu emprendedor que tanto quieren potenciar esta gentuza del Partido Popular. Así, las enseñanzas de tipo más creativo, como las artísticas, musicales, plásticas, visuales, etc., pasarán a ser enseñanzas de categoría inferior, desapareciendo prácticamente del currículum escolar. Tampoco se prestará atención a las grandes asignaturas centradas en comprender y realizar una abstracción del Hombre con el Mundo, las que enseñan a pensar y a analizar, como la Filosofía, porque se consideran asignaturas "peligrosas".
Sólo quienes logren superar todas las reválidas que se pretenden imponer, ya explicitadas en el artículo anterior de esta serie, podrán acceder a unos contenidos formativos más completos y cualificados, dirigidos a cubrir empleos técnicos intermedios o a puestos directivos (quienes puedan pagarse las nuevas tasas escandalosas de los Másteres Universitarios, por supuesto). Plantear que la solución a los problemas de aprendizaje en cualquier materia se encuentra en el incremento de sus horas lectivas, contradice no sólo los propios datos manejados por el Ministerio de Educación, sino los resultados de todas las investigaciones internacionales, tal como afirman Angulo (2012) y Sahlberg (2010). Con un número de horas prácticamente similares para las asignaturas instrumentales y con muchas menos horas lectivas totales, Finlandia obtiene muchos mejores resultados que nosotros en los Informes PISA. Por eso la diferencia en los resultados de la puntuación PISA no se encuentra en impartir más horas de matemáticas, de lengua o de física, sino en cómo se imparten éstas, y en qué contexto se aprenden, como afirma Feito (2008). Continuaremos en siguientes entregas.