Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
"El boom de la construcción en España viene de largo. Ramón Fernández Durán señalaba una línea de continuidad entre el urbanismo especulativo de los 60 y 70 y el tsunami urbanizador de las dos últimas décadas. Las fortunas y el poder de la casta dirigente se han amasado en los negocios de la construcción. La colusión entre poder político y poder económico está en el origen del modelo de crecimiento capitalista en España"
(Manuel Cañada)
Continuando con la descripción de cómo se va gestando el capitalismo español, en sus modalidades inmobiliaria y financiera, tenemos que señalar que el uso del excedente producido o recibido (fondos estructurales de la UE) en favor del desarrollo de la construcción en España ha supuesto el hundimiento de la actividad productiva e industrial, que repercute en la creación de un inmenso déficit exterior que llegó a alcanzar en 2007 el 10% del PIB. Este déficit tenía que ser cubierto por medio de la captación de ahorro externo, lo que desembocaba en una especialización cada vez mayor en el sector servicios (turismo principalmente) y en la construcción, patrón económico que sólo podía subsistir por medio de la continuación de una política basada en la desvalorización de la fuerza de trabajo (reformas laborales) y el incremento del uso del suelo y de un modelo energético basado en la sobre oferta (ley del suelo).
Esta forma de expansión y acumulación del capital dota de una función económica específica al sector de la construcción, como sector que permite materializar la alianza de clase que sustenta al bloque hegemónico dentro del capitalismo español: la mantenida entre el sector de la construcción, fracción del capital subalterna y de base nacional, con el sector financiero, fracción del capital social dominante e internacionalizado. Y aparte de la dependencia de la financiación exterior, esta dinámica del capital se sostiene por la aberrante e insaciable apropiación de lo público, sustentada en la creación de una red clientelar, corrupta por propia naturaleza, que mediante una criminal complicidad entre políticos y empresarios, ha permitido el expolio de los presupuestos y del sector público, que se han convertido en auténticas tramas de nepotismo, amiguismo y tráfico de influencias, que han alcanzado al corazón del sistema, incluso de la propia institución monárquica, primera institución del Estado, quedando también impregnada y asociada a los mismos objetivos.
Esta alianza del bloque de poder se sustenta en un objetivo económico y social concreto: la de imponer una dinámica de precios que asegure la rentabilidad de los activos financieros, por medio de la imposición de altos precios del suelo como forma de garantizar la inversión realizada, favorable a los sectores empresariales ligados a actividades de carácter especulativo. De esta forma, bienes de primera necesidad, como la vivienda, se van convirtiendo, al igual que los productos financieros de riesgo, en puros objetivos de la más despiadada especulación, con la grave diferencia entre unos y otros, de que con la vivienda, se juega con un derecho fundamental de las personas. Esta macabra alianza pretende ahora superar las consecuencias de la crisis y del hundimiento del sector de la construcción, por medio de una política que garantice, por un lado los intereses del capital financiero internacional a través de dar prioridad al cobro de la deuda, y por otro lado, lograr la imposición de una política de ajuste salarial y de control directo del presupuesto público, que junto a la apropiación del ahorro de las capas asalariadas, conforman las cuatro grandes medidas del neoliberalismo en España durante este último período: modificación de la Constitución, privatización (bancarización) de las antiguas Cajas de Ahorros, reformas laborales y recortes presupuestarios, que se plasman en recortes de derechos sociales, laborales, e incluso civiles y políticos (éstos últimos, asociados a los recortes sobre las libertades públicas, pretenden impedir la rebelión de las masas ante todas estas medidas).
Al final, estas políticas nos han conducido al progresivo desmantelamiento de los servicios públicos, y en concreto, a la privatización de muchos de ellos, principalmente de la educación y de la sanidad públicas. La reordenación del sistema financiero español emprendido por el PP y el PSOE trae como consecuencia el trasvase masivo de rentas en favor del sector financiero. Política que ha llevado a situación de auténtica estafa y fraude bancario masivo, como son los casos del fraude hipotecario o de las participaciones preferentes, que suponen un verdadero "corralito" impuesto a millones de pequeños ahorradores. Cientos de miles de personas, mayores en su mayoría, se vieron de la noche a la mañana sin posibilidad de acceder a los ahorros que habían depositado en sus oficinas bancarias de confianza, y que habían sido víctimas de crueles engaños masivos, perpetrados para enriquecer vilmente a banqueros sin escrúpulos. Y esta política de conversión de deuda privada convertida por la banca (con la complicidad de los Gobiernos) en deuda pública, supone el desembolso de ingentes recursos públicos en favor de la banca privada, que traen a su vez como consecuencia la implantación de salvajes políticas de ajustes salariales y presupuestarios, bajo la excusa de la crisis, de la obediencia a los mercados, y de la necesidad de reducir el déficit público en un plazo determinado, impuesto por las instituciones europeas.
Hemos entrado a partir de ahí en una espiral diabólica de medidas de recorte social y laboral, contrarias a los intereses de la inmensa mayoría social, y que ha dejado desprotegidos, sobre todo, a las capas más débiles, más humildes y más vulnerables de nuestra sociedad. Y en torno al bloque de poder ya descrito, se ha configurado el modelo económico e institucional desde la Transición. Este desarrollo específico del capitalismo en España dota al paro, a la precariedad laboral y a la falta de políticas sociales, de una funcionalidad económica concreta desde el punto de vista del proceso de acumulación. Mientras el subempleo es el resultado del modelo de crecimiento, el escaso grado de desarrollo alcanzado por nuestro Estado Social es el instrumento que ha permitido financiar al capital privado en nuestro país. Este desarrollo particular del proceso de acumulación capitalista en España, genera una estructura productiva sustentada en la intensificación del trabajo (su continua precarización), la falta de inversión pública (déficit industrial y tecnológico), y el insuficiente desarrollo del Estado Social (subdesarrollo social de España), que marcan el carácter periférico del capitalismo español dentro de la UE, y define los propios límites del sistema, que con la crisis, han aparecido en forma de final de ciclo. Continuaremos en siguientes entregas.