Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Hemos asistido recientemente a una nueva entrega (porque ya van muchas, están en nuestra memoria colectiva) de ataques directos del nacionalismo catalán a Andalucía (y Extremadura), en voz del dirigente de CIU Josep Antoni Duran i LLeida, a propósito del PER y de las políticas de subsidio agrario andaluzas. Más o menos ha venido a decir que "No hay derecho a que mientras un agricultor catalán no puede coger alguna fruta porque no le sale a cuenta, en otros sitios de España, con nuestra contribución, reciben un PER para que pasen el resto de la jornada en el bar de su pueblo". Simplemente intolerable.
Ya han respondido a dicha provocación un montón de líderes políticos, andaluces y no andaluces, y de todas las formaciones políticas y de todo el arco ideológico, que han hecho al dirigente catalán matizar sus palabras, pero el daño ya estaba hecho. Todo ello se enmarca en el discurso de CIU de combatir lo que ellos llaman las "sociedades subsidiadas, que están destinadas al fracaso", sin darse cuenta de que todos no podemos llevar el tren de vida del señor Duran. La respuesta más valiente quizá haya sido la de Manuel Chaves, que ha afirmado que todo ello responde a "planteamientos ideológicos, propios de la derecha, que rozan incluso la xenofobia". Y así lo creemos completamente, porque además de políticas de derecha, la formación a la que el señor Duran representa defiende el catalanismo más acérrimo, trasnochado y rancio de todo el arco parlamentario catalán. Mejor haría en callar y no criticar tanto al gobierno de otras Comunidades Autónomas, cuando de su reciente gobierno de CIU en Cataluña hay tanto que criticar, pues tienen a todo el colectivo sanitario rebelado, ante sus continuos recortes en hospitales, servicios y personal médico.
Pero más allá de todo ello, lo que subsiste debajo de todas estas declaraciones, lo que está en el latido íntimo de estos "nacionalistas catalanes", por mucho que lo quieran disimular, es su gran complejo de superioridad, que viene de su auténtico complejo de inferioridad. Voy a explicarme, queridos lectores, para que quede bien clara mi postura al respecto. Dice un antiguo aforismo chino que "mientras el mono tira cocos desde la copa del árbol al león que está a sus pies dormido, el león ni se molesta en mirar hacia arriba". El aforismo no continúa, pero creo que la interpretación está clara: el león sabe que es más grande, fuerte y poderoso que el mono, por tanto ni siquiera se molesta en demostrarlo. Es una traducción un tanto libre, pero creo que viene a mostrar muy bien cómo somos los andaluces. Somos un poco leones en nuestro comportamiento, es decir, un poco dejados para nosotros mismos, poco reivindicativos en comparación con otros pueblos, pero en nuestro interior conocemos la grandeza de nuestro pueblo, y nos sentimos tan andaluces como los catalanes se puedan sentir catalanes, o los vascos se puedan sentir vascos.
Sin embargo, hay una gran diferencia en nuestro comportamiento: ellos se esfuerzan continuamente en exigir y demostrar lo diferentes que son, y es completamente lícito, pero también podemos aplicar la lectura de que quien necesita estar autoreivindicándose continuamente, quien tiene que demostrar continuamente a los demás lo diferente que es, a lo mejor es porque no se lo cree ni él mismo. Los andaluces nos lo creemos, y quizá por eso no lo tenemos que exigir ni demostrar continuamente al resto de los pueblos. Mientras ellos son como el mono, nosotros somos como el león. Así que cuando los catalanes hablan de las "Comunidades Históricas", refiriéndose sólo a catalanes y vascos, hay que responderles que su historia es completamente ridícula si la comparamos con nuestra historia andaluza, donde ya en el siglo IX éramos centro de cultura y civilización mundiales, cuando ellos ni siquiera existían.
Pero de todas formas, y desde la izquierda (donde propugnamos un Estado Federal y Republicano), no estamos en contra de su total independencia del Estado Español, si ellos así lo desean. Estamos de acuerdo con ellos en que hay que respetar la autodeterminación de los pueblos y su deseo de construir su propio destino, porque además para el que escribe, los catalanes le son tan extranjeros como puedan ser los alemanes, los australianos, los ingleses o los americanos. Quizá cuando obtengan esa independencia que tanto anhelan, cesen las críticas al resto de los demás pueblos de España, y podamos vivir con un poco más de armonía.