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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Perfil psicológico del gran capitalista

"El capital no tiene patria ni amigos, sólo tiene socios"

(Camilo Valqui)

 

 

 

 

 

Al igual que se estudia el perfil psicológico de un asesino en serie, de un psicópata o de un pederasta, puede ser perfectamente estudiado y diseccionado el perfil psicológico de un gran empresario, esto es, de un gran capitalista. Con el desarrollo del capitalismo actual, en su actual fase de declive, cuando se muestra más salvaje, agresivo y depredador que nunca, bajo el marco de la tremenda financiarización de la economía, con la agresividad con que se atacan los derechos sociales y laborales de la clase trabajadora, con la indiferencia con que se privatizan todos los servicios públicos, y se despoja a las personas de sus derechos básicos y fundamentales, dejando a una mayoría social en la pobreza, en la miseria y en la exclusión social, nos parece que el perfil psicológico de estos personajes no es muy difícil de radiografiar.

 

Nos referimos efectivamente a ese 10%, o 5%, incluso 1% de la población, a esos multimillonarios, que poseen un patrimonio personal, tanto en empresas como en activos, que les permite poder dedicarse únicamente a examinar los rendimientos de sus inversiones, pero también nos referimos a esos Presidentes y Directores Generales, altos cargos, Consejeros, Ejecutivos y altos representantes de dichas grandes empresas. Actúan como perros de presa, despiadados mercenarios sociales, aún más criminales que los de las mafias. No acatan reglas, están por encima de las reglas, ni demuestran el más mínimo respeto por los seres humanos. No toleran que les echen en cara sus errores, errores que hunden empresas y a sus empleados en la miseria, cierran fábricas y provocan el desempleo de miles de personas.

 

Profesan una serie de valores, una escala que denota sus auténticas creencias reaccionarias, trasnochadas, despiadadas, valores feudales que pretenden hacer retroceder a la Humanidad a la época de la servidumbre, sólo que ahora, en lugar de poseer esclavos domésticos como en la época romana, se poseen esclavos laborales, ligados a su poder mediante deudas descomunales de la clase trabajadora. Grandes financieros, grandes empresarios, grandes fortunas, grandes accionistas, grandes directivos, hacen que la burguesía se haya bifurcado entre los propietarios del capital y sus gestores, que son los que toman las decisiones y están situados en los escalafones donde fluye el dinero. Su poder es casi total, practican el tráfico de influencias de forma constante, y desprecian las capacidades humanas que se expresen en otra onda que no sea la suya. Aplican el mercantilismo para todas las facetas de la vida, y su mente no es capaz de imaginar que haya cosas, personas o características que no se puedan comprar.

 

Su obsesión es la acumulación acelerada de riquezas, y para conseguir este objetivo son capaces de llevar a la ruina a cualquier persona o entidad que se interponga en su camino. Y de esta forma, continúan obteniendo ganancias descomunales, mientras, aprovechándose de las reformas de sus voceros y serviles gobernantes, contribuyen al empobrecimiento masivo de la mayoría de la población. Son personas sin escrúpulos, sin la más mínima sensibilidad social, sin conciencia sobre el gran daño social que causan. Su retrato social apunta sobre todo a varones blancos, titulados procedentes de Universidades de élite, preparados y concienciados para una competencia feroz, que legitiman el sistema capitalista, y que no poseen ninguna fidelidad a nada que no sean ellos mismos, sus empresas, sus beneficios y sus intereses.

 

Y desde ese punto de vista, lo que más les motiva son los desafíos, la conquista de nuevos logros, los retos permanentes para conseguir más poder. Son capaces de adaptarse rápidamente a cambios geográficos, de entornos, de personal a su cargo, incluso de tipos de negocio y de empresas. No se suelen especializar en una misma actividad, de modo que sus beneficios están cubiertos desde diferentes frentes. Debido a su inmenso poder, tienen diversos privilegios, tales como disponer rápidamente de información reservada, que les permite, por un lado, eludir los controles para su patrimonio y sus negocios, y por otro lado, apropiarse de las innovaciones que nacen en la misma sociedad, ahorrando en inversiones, en infraestructuras y en desarrollo tecnológico. En definitiva, son los mejores representantes y agentes de lo que pudiéramos llamar el "parasitismo social" activo, agresivo, arrasador. Se creen impunes, y se jactan incluso de su propia situación ante los demás. Son una casta que define un modo de actuar, una cultura empresarial despótica, que se manifiesta en los grandes grupos empresariales. Son auténticas plagas decididas a esquilmar a la Humanidad. Lo mejor que podemos hacer el resto de la sociedad es acabar con ellos, porque con las plagas no se puede negociar, se las frena o nos destruyen.

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