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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por un Parlamento más democrático (II)

En el primer artículo de esta serie ya introdujimos el tema, intentando llamar la atención sobre la erosión democrática que padecemos, concretándola en las limitaciones que el PP impone al propio funcionamiento del Parlamento. En esta segunda entrega, abundaremos un poco más en ellas:

 

parlamento4.jpg1.- Abuso de la figura del Decreto-Ley. Mediante el uso abusivo de esta figura, reservada para casos de urgente necesidad, se pretenden imponer una serie de medidas de gran calado político y social eliminando la posibilidad de los debates parlamentarios, por tanto ignorando al Parlamento. Mediante Decreto-Ley se han impuesto por ejemplo medidas que recortan salarios, debilitan la negociación colectiva, facilitan el despido, limitan el derecho a la salud o a la educación, modifican la regulación del sector eléctrico, eliminan competencias de las Comunidades Autónomas o reforman el sistema financiero. Son aspectos que atentan contra los derechos fundamentales, por lo que su tramitación no debería ser, en ningún caso, usando un procedimiento que impida la participación de los demás grupos parlamentarios, en la modificación y mejora de los textos.

 

2.- Limitación de las iniciativas de la oposición. La implantación de unos cupos de presentación de iniciativas en Pleno y Comisión deja reducida al mínimo la posibilidad de presentación de propuestas por parte de los grupos parlamentarios más reducidos. De esta forma, salvo los grupos Popular y Socialista, el resto sólo pueden presentar dos Proposiciones de Ley (PL) y otras dos Proposiciones no de Ley (PNL) en cada período de sesiones. Es decir, cada seis meses sólo es posible llevar a Pleno cuatro iniciativas. Esta restricción se extiende también al trabajo en las Comisiones Parlamentarias. A cada grupo sólo le es posible presentar una PNL por sesión, que suele ser como mucho de carácter mensual. Esto determina en la práctica que los Plenos semanales del Congreso se reduzcan en la mayoría de su tiempo a debates determinados por PP y PSOE (la fuerza del bipartidismo), que pueden presentar una propuesta por Pleno cada uno.

 

3.- Limitación de las preguntas. En lo referente a las preguntas al Presidente del Gobierno o a los miembros del Ejecutivo, mientras PP y PSOE pueden formular hasta 10 preguntas en cada sesión de control, el resto de grupos sólo puede formular una pregunta semanalmente, y de ellas, tan sólo una pregunta de cada tres Plenos puede ser dirigida al Presidente del Gobierno.

 

parlamento5.jpg4.- Bloqueo ejercido por la Mesa del Congreso. Diversos temas han quedado excluídos del debate parlamentario por las decisiones de la Mesa del Congreso, siguiendo la dinámica de anteriores legislaturas. Por ejemplo, quedan bloqueadas sistemáticamente las iniciativas parlamentarias que pretendan dotar de mayor transparencia las actuaciones y responsabilidades de la Casa Real (bajo la excusa de que la Corona queda fuera del control parlamentario), o que busquen un mayor control de las actividades de la Iglesia Católica, una Institución privada pero fuertemente dotada de fondos públicos. Pueden disentir del contenido de estas iniciativas, pero lo que no es de recibo es que impidan, gracias a su mayoría, su tramitación. El mismo papel ejerce también la Junta de Portavoces, que por ejemplo, ha impedido sistemáticamente las peticiones de comparecencia del Presidente del Gobierno.

 

5.- Limitaciones a las Iniciativas Legislativas Populares (ILP). El PP también pone trabas a estos mecanismos, últimos garantes de la intervención soberana de la población en la actividad parlamentaria. Por ejemplo, la Comisión de Peticiones (que debería ser el instrumento más directo de relación de los ciudadanos/as y colectivos sociales con el Congreso, ya que permite a los diputados/as entrar en contacto con los problemas reales de la gente) ha quedado convertida en realidad en un mero trámite con casi nula relevancia en la actividad parlamentaria.

 

parlamento6.jpgEn definitiva, tenemos la foto de un Parlamento limitado, encorsetado por la imposición de una serie de medidas que coartan las capacidades y la actividad de los grupos parlamentarios más pequeños, y que da una casi absoluta primacía a los grupos mayoritarios de PP y PSOE. Si a ello le unimos el hecho de que estos grupos provienen de la injusta distribución de escaños por parte de una imperfecta Ley Electoral que consagra el bipartidismo, llegamos a la explicación final de toda esta situación. Se comprende perfectamente porqué a estos dos grupos mayoritarios nos les interese el cambio de dicha Ley, ya que iría en claro perjuicio de su poder en el Congreso.

 

parlamento7.jpgPero además con el PP en el poder, hemos rizado el rizo de todo ello, con lo cual podemos concluir que los debates y la rendición de cuentas y explicaciones en el Parlamento se han convertido en un estorbo, más que en una exigencia democrática. Y su explicación se centra en que vivimos hoy en día una situación de total entrega de la soberanía nacional (que reside en las Cortes) a toda una serie de Instituciones externas que en realidad no son democráticas, sino que están al servicio de los intereses económicos que representan las instituciones financieras internacionales. Para que todo este andamiaje funcione, se necesitan parlamentos controlables, gobiernos sumisos y una ciudadanía anestesiada, que no se rebele contra todas estas imposiciones, que van restando poco a poco no sólo soberanía y poder popular, sino todo el conjunto de derechos sociales y laborales que nos costaron siglos conseguir.

 

Este Gobierno y el grupo que lo sustenta apuestan por un Congreso de los Diputados muy restrictivo, excluyente, que acentúe la representatividad y el poder del bipartidismo, y que por tanto renuncie a representar la pluralidad política del país. Todo ello, y lo estamos viendo en las calles diariamente, incide en el peligro de agravamiento de separación entre la sociedad y la institución parlamentaria, y que en última instancia, consiga una desafección, descrédito y apatía total, un divorcio completo, entre los supuestos representantes de la soberanía nacional y los propios intereses de la ciudadanía. Continuaremos en siguientes entregas.

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