Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Seguimos planteando, en esta serie de artículos, la necesidad de una revolución popular, surgida del empoderamiento de las clases populares y trabajadoras, para poder derrocar al régimen actual, que cada día que pasa nos recuerda más a un régimen fascista. ¿Las últimas novedades? Pues la Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, diciendo que hay que regular el derecho a la manifestación, o la previsión, dentro de los PGE para 2013, de una "Autoridad Fiscal Independiente", que vigilará los plazos y las posibles desviaciones en el cumplimiento de los objetivos del déficit público. A ello podemos unir, si se quiere, la visita hace pocos días de Olli Rhen, el Vicepresidente de la Comisión Europea, para decirnos, entre otras barbaridades, que debemos aumentar la edad de jubilación (aunque es consciente de las dificultades por las que está pasando la ciudadanía española, pero aún así, aplaude las reformas emprendidas). Éstas son, entre otras muchas, las últimas perlas que nos regala este Gobierno. Tenemos que impedirlo.
¿Lo primero? Hacer pedagogía, pero no para nosotros, sino en la calle, en los centros de trabajo, a nuestros vecinos, a nuestros amigos. Hemos de romper todas las bases ideológicas donde el régimen se quiere apoyar para inculcarnos sus falsas ideas, como por ejemplo, que las causas de la actual crisis vienen del despilfarro, de la corrupción, de la mala administración, etc. Evidentemente, esos son factores negativos que se habrán de corregir, pero la crisis sistémica que vivimos es origen exclusivamente de los excesos de esta fase del capitalismo salvaje que nos ataca. Nos quieren hacer creer que los tiempos pasados no volverán, es decir, que no volverá el trabajo estable, de calidad, las pensiones dignas, o las antiguas prestaciones por desempleo. No podemos consentirlo.
Al momento de escribir este artículo, los sindicatos mayoritarios se están planteando la urgente necesidad de una nueva Huelga General. Pues bien, esta nueva Huelga General debe tener dos características, a mi juicio: por una parte, dejar de ser sólo una huelga obrera, para convertirse en una huelga social. Es decir, ya no deben sólo movilizarse los trabajadores, sino todo el tejido social de este país, todos los movimientos sociales, vecinales, sindicalistas, feministas, organizaciones de consumidores, de usuarios, organizaciones profesionales, no gubernamentales, etc. Junto a ello, tenemos que movilizar también a parados, pensionistas, funcionarios, empleados públicos, mujeres, jóvenes, etc. Es decir, debe ser una movilización masiva de toda la sociedad, en plena actitud de oponerse frontalmente a las políticas que se están practicando.
La segunda característica que debe tener es su continuidad en el tiempo, porque ya no nos basta una Huelga General de un día. Es muy poco significativo un paro general de 24, incluso de 48 horas, tenemos que extenderlo, y tenemos que generalizarlo. Tenemos que planificarlo, por ejemplo por sectores, por fechas, por colectivos, pero no nos podemos quedar en el paro generalizado de 24 horas, porque con esto no conseguimos nada. Ahí tenemos a griegos, portugueses y demás, que llevan muchas más huelgas generales que nosotros, y no han conseguido nada. Hemos de cambiar la estrategia, hemos de ser más contundentes, hemos de perseverar en nuestro estado de manifestación, de rebeldía, de indignación. Sólo así podremos conseguir que se tambalee de verdad el sistema. El Movimiento 15M, la Cumbre Social, la Coordinadora 25S, ATTAC, los sindicatos, FACUA, y todas las demás organizaciones políticas y sociales de este país deben converger en la convocatoria, porque lo que está ocurriendo es un ataque frontal a las clases populares de este país, dirigido a su aniquilación.
A estas alturas, ya sabemos que el Gobierno y las clases dominantes no tienen ninguna solución efectiva a la crisis. Se nos pide que confiemos en que las reformas acometidas en los últimos meses darán sus frutos, pero la verdad es que la economía es una ciencia empírica, no un acto de fe. Para esto ya tenemos a las religiones. Y así nos va. Y por tanto, no creemos, sino que sabemos a ciencia cierta (y nunca mejor dicho) que todas las reformas implantadas no sólo no inciden en una recuperación económica, sino que están condenadas al fracaso. ¿Porqué se imponen, entonces? Pues porque estamos ante la gran estafa del capitalismo, consistente en hacer recaer el peso de la crisis en los hombros de la clase trabajadora, con planes de austeridad permanente, pobreza y desempleo masivo. Aprovechan estas circunstancias, apoyadas por la estrategia del miedo, para destruir las grandes conquistas sociales en las que nunca creyeron, porque supusieron grandes avances en la lucha de clases y en la justicia social, tales como el Estado del Bienestar o el Estatuto de los Trabajadores, con lo que consiguen exacerbar la crisis aún más, y llevar con ello a toda la humanidad hacia la barbarie económica.
Por tanto, sólo queda la salida revolucionaria. Esto lo estamos plasmando, y hemos de entrar todavía en mucho más detalle, en dos procesos generales en secuencia: un Proceso Destituyente (donde consigamos la dimisión del Gobierno en bloque, la disolución del Parlamento y la convocatoria de Elecciones para elegir una Asamblea Ciudadana Constituyente que redactara la nueva Constitución), y un Proceso Constituyente (la aprobación en referéndum de la nueva Constitución y la elección de un nuevo Parlamento), con unos cuantos grandes hitos en el camino, que ya hemos comentado varias veces en anteriores artículos. Quedarían para más adelante otras grandes cuestiones, tales como la forma de Estado y de Gobierno que queremos, o la salida o permanencia en el euro. Pero donde quiero ahora llamar la atención, es en que todo este camino no va a ser un camino de rosas. Estará plagado, como es natural, de episodios de enfrentamiento despiadado del pueblo contra capitalistas extranjeros y locales.
De entrada, las Instituciones Europeas no van a tolerar todos estos cambios (recuérdese la intentona fallida del ex Presidente Papandreu de someter a referéndum las medidas del Memorándum en Grecia), y van a hacer todo lo posible por someterlos a injerencias e interrumpirlos, sobre todo bajo la estrategia del miedo. La famosa Troika se estaría jugando mucho con todo esto, ya que si cunde el mensaje de que con un Gobierno auténtico de izquierdas se puede poner fin a los planes de austeridad, esto llevaría en cascada a un tumultuoso giro a la izquierda que se propagaría de un país a otro. Evidentemente, van a hacer todo lo posible para impedirlo. Por lo cual vamos a tener que soportar como país una gran presión interna y externa. No debemos claudicar ni dejarnos engañar por sus amenazas. Es parte de su estrategia, pero tenemos que ser más fuertes que ellos. Continuaremos en siguientes entregas.