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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por un Proceso Constituyente (II)

Para el próximo 25 de Abril, tenemos convocada una nueva protesta del movimiento del 25-S, aglutinados bajo la Plataforma ¡En Pie!, para rodear de nuevo el Congreso de los Diputados, hasta conseguir la dimisión en bloque del actual Gobierno. Como sabemos, es un movimiento social que pide la apertura de un nuevo Proceso Constituyente, que demanda más democracia, auténtica, completa y real, y que rechaza el capitalismo en todos sus aspectos. Y es que un número cada vez más elevado de personas está reaccionando en contra de la flagrante injusticia que representa el orden existente: el desempleo masivo, que condena a millones de personas a la inactividad forzada; la desigualdad tan elevada, que concentra la riqueza a niveles obscenos sobre unos pocos, y empobrece a la inmensa mayoría; y el deterioro permanente de nuestros derechos sociales, civiles, políticos y laborales, que nos están condenando al abismo y a la barbarie social.

 

proceso_constituyente21.jpgLa lucha de clases se vuelve más cruenta que nunca: el repugnante espectáculo de los banqueros escapando impunemente de la crisis con miles de millones de euros de dinero público, mientras que otros tantos millones de hipotecas no van a poder ser pagadas, y los desempleados, con ridículas prestaciones e incluso sin ningún tipo de ingresos, esperan en largas colas de distribución de los Bancos de Alimentos, o de varias ONG's que se dedican a ayudar a los más necesitados. Personas jóvenes y de mediana edad, con o sin familia, perfectamente formados y cualificados, contemplan con impotencia cómo su vida se trunca, y prácticamente se esfuman todas sus posibilidades de llevar a cabo un proyecto de vida digna. Se alimenta el fuego de la indignación generalizada. El caldo de cultivo para una revolución está siendo abonado. El estallido social está servido.

 

proceso_constituyente22.jpgEl Proceso Constituyente supone esa revolución. Una revolución del pueblo y para el pueblo, capaz de desarmar el actual engranaje del Estado en todas sus vertientes, y de recuperar el control del mismo para la clase trabajadora. Y los motores se van calentando cada vez más. Muchas personas que hasta el momento tuvieron poco o nada que ver con el activismo social o político, incluso que nunca habían participado en manifestaciones, se unen al clamor popular en contra de este despótico sistema que los hunde cada vez más en la miseria. Luchan por la abolición de este orden social y político que se ha vuelto a todas luces intolerable. Por mucho que los dos grandes partidos luchen por conservarla, la degeneración de la Monarquía es palpable, necesitamos una regeneración democrática, que sólo la III República puede venir a conformar. Y el vendaval de corrupción que asola el resto de las Instituciones del Estado, así como al bipartidismo, es de tal magnitud que los mismos que han causado este orden social no pueden venir ahora a ofrecer soluciones.

 

proceso_constituyente23.jpgDicha solución ha de provenir sólo del pueblo, entendido en su más ambiciosa concepción. El enriquecimiento ilícito de los personajes de las élites del régimen contrasta violentamente con el creciente empobrecimiento de la clase trabajadora, que ve con total impotencia cómo los de arriba se forran a su costa, ésos que tanto pregonan la austeridad, y todo ello conduce a una extraña mezcla de sensaciones que van desde la indignación hasta la desafección más absoluta, contemplando este corrupto régimen incapaz de regenerarse. Una situación que se ceba especialmente en la juventud, esa juventud que tildan despectivamente como ni-ni, y que sin esperanzas, futuro ni perspectivas, bate todos los récords de paro juvenil de la UE, sobrepasando el 50%, con uno de los porcentajes más elevados de fracaso escolar, y con los únicos horizontes de la emigración, la dependencia de los padres, o la semi-esclavitud laboral. A estas alturas no se deciden siquiera a implantar una Renta Básica Universal, ni a modificar la Ley Electoral, ni algunos aspectos de la ninguneada Constitución.

 

proceso_constituyente24.jpgAsí que el escenario es asqueante y desolador. La confluencia de todas las facetas de la ya larga crisis que padecemos (económica, política, territorial, social, institucional, ecológica, alimentaria, etc.) está tensando al máximo las riendas de la Monarquía Parlamentaria, y está dejando ver la agonía de un sistema quebrado, injusto, antisocial y corrupto. No hay tiempo que perder para organizar la alternativa democrática ciudadana, para canalizar el estado de máxima rebeldía popular, para dirigir la indignación de la gente de a pie, de los colectivos víctimas de la crisis, hacia un nuevo Proceso Constituyente que dé un completo giro a la situación actual. No hay componendas ni atajos a esta situación. Todo aquéllo que no sea volver a articular un sistema nacido de las cenizas del actual no tendrá legitimidad como poder ciudadano, ni podrá suponer una solución completa a todas las carencias que padecemos actualmente. Adelante. No tenemos ya nada que perder, pero sí todo por ganar.

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