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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por un Proceso Constituyente (IV)

Vamos a continuar con nuestro argumentario para la necesidad del Proceso Constituyente, a ver si difundimos bien el mensaje, y podemos obtener muy pronto una inmensa mayoría social que lo apoye, porque sólo de esta forma, organizado desde abajo y con los de abajo, tendrá mínimas garantías de éxito. Uno de los mejores argumentos que podemos tener es acabar con la precariedad que guía toda nuestra generación, y que se ceba especialmente con la juventud, a la que deja un horizonte de semiesclavismo. Pero también a los que estamos entre los 40 y los 50 años, a pesar de nuestra formación, de nuestros estudios, de nuestras capacidades, el actual sistema nos relega a la precariedad más absoluta, nos deja en desempleo, sin poder llevar a cabo un proyecto de vida digno, y sin poder disfrutar de los derechos fundamentales que todos tenemos reconocidos, tales como el trabajo, la vivienda, la sanidad, la educación, y muchos otros. Generaciones anteriores a la nuestra, como la de nuestros padres, disfrutaron (aunque con otro tipo de limitaciones) de dichos derechos, y aunque por regla general su formación era menor que la nuestra, su vida fue mucho más digna que la que nosotros estamos viviendo.

 

proceso_constituyente41.jpgY no nos sirven para nada los supuestos "consuelos" que sobre todo desde el PSOE nos hacen caer en el derrotismo y en la idea de la aceptación, de la resignación y del conformismo. Ellos nos dicen que asumamos que no hay trabajo, pero que al menos, hemos conseguido (se refieren a los Gobiernos del PSOE) una mínima protección social para las personas, cosa que no teníamos antes. Nos dicen que tenemos una sanidad por si nos ponemos enfermos, una protección por desempleo mientras no podamos encontrar trabajo, una educación para nuestros hijos, etc. En primer lugar, esto ha dejado de ser cierto de un tiempo acá, y a ello han contribuido como siempre las políticas del bipartidismo. Pero incluso aunque fuera así, es que tenemos que rebelarnos ante dicha situación. No hay que aceptar este cruel sistema capitalista que nos ahoga en la desesperanza del desempleo, de la inactividad, de la precariedad. Hay que decir ¡BASTA!, desmontar el sistema y volver a crear otro más justo y humano. La semilla para proceder a este cambio también provendrá del Proceso Constituyente.

 

En chino la palabra crisis también significa oportunidad. Para la clase dominante, la oportunidad de acrecentar sus privilegios, de hacer grandes negocios especulativos, de acumular más riqueza, de imponer las decisiones políticas que más se ajusten a sus intereses. Para las mayorías, también la crisis supone la oportunidad de movilizarse, organizarse y hacer una reflexión crítica y colectiva sobre el sistema político y económico, sobre la participación política, sobre la herencia social que se está dejando a las generaciones futuras. La oportunidad de construir y poner en marcha alternativas que permitan transitar hacia una sociedad más justa, igualitaria y sostenible. Y para todo esto también queremos el Proceso Constituyente. No sólo para poder plantearnos grandes cosas como los debates sobre Monarquía o República, o Estado Federal o de las Autonomías, sino además, para comenzar a dar un giro en las políticas económicas y sociales, que recuperen (al menos algo de) soberanía, para poder comenzar a ejecutar políticas de auténtica redistribución de la riqueza.

 

proceso_constituyente42.jpgPor tanto, convirtamos nosotros también esta inmensa crisis en una oportunidad. Pero una oportunidad con mayúsculas, para erradicar todos los cimientos donde durante estas últimas décadas se ha ido asentando nuestra sociedad. Gritamos en las manifestaciones cosas como que "No nos representan". Muy bien, pues entonces seremos nosotros los que tendremos que crear un poder alternativo, un contrapoder, que sí sea auténticamente representativo de nuestra clase. La actitud pasiva de esperar hasta que la crisis finalice, y comience esa supuesta fase de "crecimiento y creación de empleo" no vendrá si nosotros no la impulsamos, así que no nos dejemos engañar por políticos serviles y demagogos. ¿Vamos a esperar a que este indigno e ilegítimo Gobierno finalice su legislatura? ¿Vamos a quedarnos sentados esperando a que nos lo roben todo? Convirtámonos en su peor pesadilla, rompamos su ritmo, hagamos que el miedo cambie de bando, y pase del miedo a la pérdida del empleo, al deshaucio o a la pobreza, al miedo a desmontar la élite, a expropiar su riqueza, a destruir los paraísos fiscales, a procesar a banqueros y grandes empresarios, a condenarlos y a meterlos en la cárcel, etc. Si conseguimos esto, el camino estará en nuestras manos.

 

proceso_constituyente43.jpgMientras, los medios de comunicación al servicio de los intereses del neoliberalismo y del gran capital nos mentirán, nos insultarán, seguirán voceando que somos unos violentos, porque protestamos, porque pretendemos echar abajo al país. No les hagamos caso. Nosotros sabemos perfectamente que los violentos son ellos, que llevan años disminuyendo los recursos de la clase trabajadora, empoderando a los ricos, a los banqueros, a las grandes fortunas, a las grandes empresas, para que puedan avasallarnos en todos los ámbitos de nuestra vida. No se lo permitamos por más tiempo. Enfrentémonos a ellos con total determinación. Sin prisa, pero sin pausa. En un constante goteo contra su dominación, contra su desprecio hacia la clase trabajadora, contra su cruel e inhumano sistema capitalista. Organicémonos, unámonos, somos más que ellos. El Proceso Constituyente debe aglutinar todos los esfuerzos y reconducirlos en un solo objetivo: echar abajo a este Gobierno, y a todos los que les apoyan. Y volver a levantar un nuevo proyecto de país desde la nueva Asamblea Constituyente, que redacte una nueva Constitución, pero no como un marco teórico de convivencia, ni como un papel mojado de referencia legal, sino como un cambio de sistema que nos lleve a la garantía del cumplimiento de todos nuestros derechos.

 

Si no lo conseguimos, vamos a dejarles a nuestros hijos e hijas un mundo sin futuro, un mundo de los ricos y poderosos, un mundo de precariedad, de esclavismo, de ausencia de derechos, les vamos a dejar una hipoteca, una vida miserable, hospitales privados, escuelas elitistas, en suma, la barbarie social. Está en nuestras manos evitarlo, luchando por un objetivo claro, coherente, valiente, que amenace al poder. Podremos con la fuerza de todos, de todos los colectivos afectados por la crisis. La palabra clave es organización, unión, poder girar en torno a un programa común que la inmensa mayoría social desee, y por el que esté dispuesto a luchar. La historia nos lo demuestra. Los derechos no se regalan, se conquistan luchando. Rindamos honores a todos aquéllos que conquistaron derechos para las generaciones posteriores, que pusieron su granito de arena para poder dibujar un mundo mejor para los más débiles, los más oprimidos, y plantaron cara al poder establecido. Esto es el Proceso Constituyente.

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