Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
La política desarrollada por todas las administraciones, sin excepciones, ha sido beneficiar a las telecomunicaciones sobre lo audiovisual, de tal forma que con unas bases supuestamente técnicas, y autodefinidas como neutrales, se ha producido una privatización creciente a la hora de establecer las condiciones que marcan la digitalización de las redes terrestres, y su consecuente liberalización. De ahí que la derecha y la extrema derecha tengan el práctico monopolio de las concesiones otorgadas por el Gobierno Central y las CC.AA.
Todo este proceso tiene como objetivo la conversión de los ciudadanos/as en sencillos consumidores, que una vez han renovado sus equipos quedan prisioneros de ofertas abiertas o de pago, pero siempre del mismo grupo de empresas, lo cual evidencia como la TDT protege el interés privado y no el público. En definitiva, una evolución desde una economía marcada por el consumo masivo, a otra oferta conscientemente fragmentada por gustos, intereses y capacidades culturales y educativas, pero sobre todo, a la larga, por los ingresos. La TDT y las plataformas digitales de pago tienden, de forma clara, a la creación de monopolios u oligopolios privados. El pluralismo se ve así amenazado, tanto como expresión creativa, como pluralidad ideológica, por los mayores grupos nacionales e internacionales.
Es por ello que la exclusión uno de los mayores riesgos, lo que afecta también al acceso a los contenidos y servicios, que no solventa el pluralismo de las voces y expresiones posibles a las televisiones digitales. La dinámica exclusiva del mercado es incapaz de maximizar las ventajas para toda la sociedad de las nuevas redes, y esto plantea la necesidad de nuevas políticas públicas, así que para garantizar el servicio público, proponemos:
1.- Ante la exclusión: garantizar el derecho de acceso, reconocido en la Constitución, tanto a las nuevas redes, como a sus contenidos y servicios más ricos y socialmente útiles.
2.- Ante la concentración privada: función básica del espacio público, sosteniendo el pluralismo creativo e ideológico.
3.- Ante la globalización: fortalecer la creación nacional y local.
4.- Ante los contenidos alienantes: fomentar el equilibrio entre canales generalistas y temáticos, manteniendo el peso de los primeros en el sector público, pero también en el privado, como garantía de la producción propia de calidad.
IU se compromete con la necesidad de unos medios de comunicación públicos fuertes y preponderantes en el ámbito audiovisual. Por ello, apostamos por las Televisiones Públicas Autonómicas de forma clara e ineludible. Pero el hecho de que una Televisión sea pública no es suficiente, por lo cual proponemos para todas las Televisiones Autonómicas:
1.- La programación responda a la transmisión de los valores democráticos, a la pluralidad y rigurosidad informativas.
2.- Apostar por aumentar la producción propia.
3.- Creación de mecanismos de participación que garanticen una programación con unos contenidos que respondan a las necesidades e inquietudes sociales.