Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
"El espíritu de la Monarquía es la guerra y engrandecimiento; el de la República, la paz y la moderación"
(Montesquieu)
4.- Democracia directa o participativa. La nueva Constitución surgida de la proclamación de la República debe proponer mecanismos para la consecución de este avance en la calidad democrática que significa la democracia directa o participativa. Para profundizar en los diferentes aspectos de profundización democrática donde deberíamos avanzar, véase el artículo "¿Vivimos en una auténtica Democracia?" publicado en este mismo Blog. Entre otros aspectos, hemos de conseguir los siguientes:
4.1.- Que las organizaciones territoriales federadas puedan someter a consulta popular o referéndum decisiones políticas dentro del ámbito de sus competencias.
4.2.- Que sean estas mismas organizaciones territoriales federadas las competentes para autorizar las consultas populares de ámbito local.
4.3.- Que la figura del referéndum tenga carácter vinculante, no meramente consultivo.
4.4.- Que se facilite el ejercicio de las iniciativas populares, bajando el número de firmas exigidas y ampliando las materias susceptibles de ser objeto de las mismas.
4.5.- Que se cree la figura del Diputado 351, es decir, que pueda presentar la iniciativa legislativa popular, y también preguntas de control o iniciativas de impulso a la acción del Gobierno un portavoz de los promotores de aquéllas que vengan avaladas con determinado número de firmas.
4.6.- Presupuestos participativos. Sobre todo en la Administración Local, deberá ser obligatoria la puesta en práctica de los mecanismos que permitan participar directamente a los ciudadanos y ciudadanas en la elaboración de los presupuestos municipales (su Administración más cercana), y en otras decisiones de similar importancia.
4.7.- Garantías de procedimientos parlamentarios participativos. La nueva Constitución que avale la República deberá prohibir la típica Ley de acompañamiento de los presupuestos, y establecer criterios estrictos contra la posible utilización abusiva por parte del Gobierno de turno de las figuras del Decreto y del Decreto-Ley, burlando así el debate parlamentario y la comparecencia de los colectivos y expertos que deban ser escuchados en el trámite legislativo.
Estos puntos son los fundamentales para establecer una dinámica parlamentaria y participativa mínima, pero como decimos, quizá el aporte mayor de la República tenga que venir de aquí, es decir, de una profundización de la Democracia en todos sus aspectos. El déficit democrático que venimos sufriendo en nuestro país es el último responsable de la situación a la que hemos llegado, que básicamente se produce por una inversión de control de los poderes, esto es, el poder político ha pasado a depender del poder económico, en lugar de ser al contrario. Hemos de restaurar dicha situación a la normalidad democrática, y esto es algo que no se consigue de un día para otro. Es algo que no se consigue mediante un Decreto-Ley. Pero está claro que un sistema republicano y una nueva Constitución pueden hacer mucho. De entrada, nuestra actual Constitución consagra el capitalismo como sistema económico, y es algo que hay que anular. Por algo se empieza.
Hemos de declarar, desarrollar y practicar la Democracia participativa, fortaleciendo los cauces de participación de la ciudadanía a través de todo tipo de asociaciones, plataformas y organizaciones cívicas, que representen sus intereses. Hemos de dotar al pueblo del auténtico poder para ser los últimos responsables de las decisiones que se adopten sobre los temas que le afecten. Hemos de desarrollar igualmente las posibilidades de la Democracia decisoria, para que el pueblo pueda manifestarse en convocatorias generales y concretas sobre algunos temas puntuales. Hemos de reconocer y respetar el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos que forman la entidad que hoy llamamos "España", y que ya comienza a ser una anacronía.
Hemos de potenciar igualmente la Democracia revocatoria, mediante la cual el pueblo pueda ejercer su derecho a la revocación de cualesquiera cargos públicos electos, ante la ocurrencia de hechos de cierta gravedad o impacto social. Casos de corrupción e incumplimientos electorales son los casos más típicos donde este tipo de democracia puede ser ejercida. Por último, pero no menos importante, debemos ir dejando entrar a la Democracia económica, esto es, la democracia en las empresas, en los centros de trabajo, para que la clase trabajadora sea también parte activa en las relaciones laborales, multiplicando sus mecanismos de representación y participación, y contribuyendo a la toma democrática de las decisiones en el ámbito económico. Todo ello deberá quedar garantizado en la III República. Continuaremos en siguientes entregas.