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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Sobre la legislación de la eutanasia (II)

Como decíamos en el artículo anterior, la sociedad española es aún, en general, bastante reaccionaria en relación al tema de la eutanasia, baste decir que nuestra Organización Médica Colegial no acepta ni siquiera la distinción terminológica entre eutanasia "activa" y "pasiva". Consideran que estas prácticas son siempre y en todo momento deontológicamente condenables, aunque dejan fuera el hecho de que algún facultativo pueda suspender en un momento dado, durante el transcurso de una enfermedad, un tratamiento o medicación inútil para el paciente. No obstante, sí existen muchos avances en medicina paliativa, que son utilizados y recomendados por la OMC española. Pero como regla general, en nuestro país no se respeta lo que pudiéramos denominar como la "voluntad inequívoca que querer morir", así como ningún procedimiento, acción u omisión que la provoque.

 

Y como en otros muchos temas, los argumentos religiosos se entrecruzan con los de otro tipo en relación a las diversas variantes de eutanasia (que ahora referiremos), reclamando la vía determinista, en el sentido de proclamar que lo único que puede hacer el ser humano es aceptar con resignación la muerte cuando llega. Según estos argumentos, la muerte digna consiste únicamente en la muerte con todos los alivios médicos adecuados, y con todos los consuelos humanos posibles. La muerte digna para los religiosos proviene de la grandeza de ánimo de quien se ha de enfrentar con ella, y no tiene nada que ver con elegir la forma o el momento de la muerte, sino con poder disponer de toda la ayuda necesaria cuando llega. Hemos de partir de la base de que, bajo los argumentos religiosos, la vida es un "Don de Dios", y la muerte, por tanto, es un hecho determinista y divino con el cual no podemos enfrentarnos, ni cambiar sus "destinos" naturales. Pero continuemos, para abordar el tema desde todos sus puntos de vista, con las distintas "variantes" o conceptos relacionados con la eutanasia.

 

En primer lugar, podríamos distinguir entre eutanasia directa e indirecta. La primera se refiere en general al hecho o posibilidad de adelantar el momento de la muerte de un paciente en caso de padecimiento de una enfermedad incurable, mientras que la segunda es la que se verifica cuando se efectúan, con intención terapéutica, procedimientos que pueden producir la muerte como efecto secundario. Por ejemplo, la administración de analgésicos narcóticos para calmar el dolor. Los mismos, como efecto colateral o indirecto (es decir, no buscado ni provocado), generan una disminución del estado de consciencia en el paciente, y el posible recorte del período de su vida. En estos casos, la intención del facultativo, sin duda, no es acortar la vida sino aliviar el sufrimiento, y lo que se provoca es una consecuencia previsible, pero no perseguida. Por su parte, la eutanasia directa podemos clasificarla a su vez en eutanasia activa y eutanasia pasiva.

 

La eutanasia activa consiste en provocar la muerte en modo directo. Por ejemplo, recurriendo a diversos fármacos que, administrados en sobredosis, provocan efectos mortíferos. Por su parte, la eutansia (directa) pasiva consiste en omitir o suspender el tratamiento de un proceso nosológico determinado, o la alimentación del paciente por cualquier vía, precipitando de esta forma el fin de la vida. Es una provocación de la muerte por omisión. Existen autores, como Víctor Pérez Varela, que ponen el dedo en la llaga, cuando afirman que, al renunciar a estos procedimientos, más que prolongar el vivir, se prolonga el morir. Es un distinción, como vemos, más filosófica que médica. Vamos a comentar también, siguiendo de nuevo a la Wikipedia, y para que no haya confusión en los términos, algunas otras variantes que tienen que ver, en mayor o menor medida, con algún tipo de eutanasia. Son las siguientes:

 

1.- Suicidio asistido: implica proporcionar de forma intencionada y con conocimiento a una persona los medios o procedimientos (o ambos) necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de ciertos medicamentos, la prescripción de dichos medicamentos letales, o su suministro directo o indirecto. El suicidio asistido se plantea siempre como un deseo expreso de extinción, de muerte inminente, porque la vida para el paciente ya ha perdido toda razón de ser o se ha vuelto dolorosamente desesperanzada. Cabe destacar que, en estos casos, es el paciente quien voluntaria y activamente termina con su vida. Recientemente, acabamos de tener noticia de un caso de este tipo en una chica norteamericana, ya que algunos Estados de USA permiten legalmente estas técnicas.

 

2.- Cacotanasia: Es la eutanasia que se impone sin el consentimiento del paciente. El prefijo (kakos: malo), apunta hacia la dispensación de una muerte mala.

 

3.- Ortotanasia: Consiste en dejar morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y extraordinarios para el mantenimiento de la vida. Este concepto se ha sustituido en la terminología práctica por la expresión "muerte digna", para centrar la atención sobre la condición (dignidad) del enfermo terminal, más que en la propia voluntad de morir.

 

4.- Distanasia: Consiste en el encarnizamiento o ensañamiento terapéutico, mediante el cual se procura posponer el momento de la muerte recurriendo a cualquier medio artificial, pese a que haya seguridad de que no hay opción alguna de recuperar la salud, con el fin de prolongar artificialmente la vida del enfermo a toda costa, llegando incluso a la muerte en condiciones inhumanas. Normalmente se practica en función de los deseos de terceras personas (médicos, familiares) y no según el verdadero bien e interés del paciente.

 

5.- Adistanasia o Antidistanasia: Se refiere a la cesación de la prolongación artificial de la vida, dejando que el proceso patológico termine con la existencia del enfermo. Es la variante que guarda más relación con lo que pudiéramos calificar como la eutanasia "por omisión".

 

6.- Medicina Paliativa: Por último, la Medicina o los Cuidados Paliativos se refieren a todas las prácticas y técnicas que reafirman la importancia de la vida, y consideran la muerte como la etapa final de un proceso normal. La atención que brindan al paciente estos cuidados no aceleran ni posponen la muerte, sino que simplemente proporcionan alivio del dolor y de otros síntomas angustiosos, e integran además los aspectos psicológicos en el tratamiento del enfermo. De esta forma, la medicina paliativa ofrece apoyo al paciente, de modo que pueda llevar una vida lo más activa y feliz posible hasta el momento de la muerte, tanto al paciente como a su familia, para que puedan hacer frente a la enfermedad de su ser querido, y poder enfrentarse al proceso de la muerte con entereza y equilibrio mentales. Continuaremos en siguientes entregas.

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