Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
No es la primera vez que abordo en este Blog el tema del fútbol, ya lo hice en el artículo titulado "Sobre el fenómeno del Fútbol", hace algunas fechas. A él me remito, para que los lectores conozcan mi opinión general sobre este tema y todos sus temas colaterales, esto es, mi postura contraria al fútbol no sólo como deporte hegemónico, sino también como fenómeno social de masas, y su imperante poderío en muchos aspectos de nuestra vida. Bien, no es mi sentimiento antifutbolero lo que me guía a la escritura de estas líneas, sino el más simple de los sentidos: el sentido común. Y para que no se me interprete mal, declaro de entrada mi gran satisfacción por la victoria del equipo español en la reciente EuroCopa. Lo cortés no quita lo valiente.
Comenzaré por las cosas que puedo comprender: puedo comprender que el fútbol sea el deporte rey de nuestra sociedad, que existan millones de aficionados, que tengamos la mejor Selección Nacional del mundo, que nuestros jugadores sean estupendos, que hayan conseguido una hazaña poco menos que irrepetible, y que, incluso, los más entusiastas de todo esto salgan a las calles a celebrarlo. Empiezo ya a comprender menos una serie de afirmaciones que se hacen, que tienden a supervalorar el hecho deportivo, para extrapolarlo a hecho social, económico, e incluso político. Por ejemplo, no puedo comprender ni compartir que los dos Jefes de Gobierno de los dos países que llegaron a la final (España e Italia, Mariano Rajoy y Mario Monti) asistan a dicho encuentro (menos todavía cuando había serias recomendaciones en contra, por la protesta contra la situación de la ex líder ucraniana, Julia Timoshenko). Además y en el caso de Mariano Rajoy, acompañado también por el Príncipe Felipe. Aprovecho también para decir que, por lo visto, la auténtica beneficiada de esta victoria va a ser la Federación Española de Fútbol, que tras ganar la EuroCopa, ha duplicado el caché de España, y ya pide 4,5 millones de euros por jugar un partido amistoso.
Pero centrándonos en lo importante, no puedo estar de acuerdo (ni por tanto fomentar) las hipótesis que ligan la victoria de España con una especie de antídoto social contra el mal estado de ánimo, con una buena dosis de autoestima nacional, con una supuesta necesidad de "alegría colectiva", y mucho menos con aquéllas opiniones que sostienen que un acontecimiento de estas características mejora la imagen externa de nuestro país, fomentando el turismo, e incidiendo en la mejora de la situación de nuestras empresas en el exterior. Me opongo rotundamente desde aquí a la aceptación de todo este "placebo nacional" que supone una victoria futbolística, por muy heroica que sea, y hago un llamamiento a la cordura y a la sensatez, a ver si conseguimos aliviar estos ataques de estupidez colectiva que tan frecuentemente sufrimos. No me parece normal poner a la Selección Nacional de Fútbol como ejemplo de trabajo en equipo, de afán de superación, y de espejo donde se han de mirar el resto de equipos de trabajo. Como tampoco me parece justo que hayamos tenido ese ataque de "orgullo nacional" cuando Argentina ha nacionalizado YPF, la filial de Repsol Ibérica en dicho país. Todos ellos son síntomas de una sociedad que tergiversa sus auténticos valores, pues no nos debe importar tanto, por ejemplo, que tengamos los mejores récords en Atletismo, como que nuestra población practique deporte de una manera constante y generalizada.
Y el fútbol es un deporte, por mucho que queramos que sea otra cosa, y si estamos en una sociedad que lo ha convertido en otra cosa, reniego de esta sociedad. No me gusta una sociedad que basa sus valores en acontecimientos de este tipo, ni que asciende a la categoría social de auténticos héroes a unos meros deportistas, por buenos que sean en lo suyo (que lo son, no lo dudamos en ningún momento). Una sociedad sana, libre e inteligente es aquélla que coloca la importancia de los hechos en su justa medida, que calibra la trascendencia de los mismos en su justo término, y que no prostituye ni fundamenta una conciencia ni un sentimiento colectivo, como identidad con cualquier equipo deportivo. Debemos alegrarnos de este hecho al igual que si tuviéramos el mejor equipo nacional de tenis de mesa, de taekwondo o de natación sincronizada. Se me podrá argumentar que el fútbol ha rebasado la categoría de todos los demás deportes (al menos en España), a lo que se me ocurre argumentar que entonces ha dejado de ser deporte para convertirse en otra cosa, en una especie de dosis anestesiante de nuestra cruda realidad, y no podemos consentirlo. La magnificación de cualquier actividad humana a estos niveles sólo es síntoma de una sociedad decadente y manipulada.
Pero dicho todo lo cual, mi sentimiento crítico se transforma en sentimiento de perplejidad y de tristeza, pues eso es exactamente lo que me produce contemplar el recibimiento de la Selección Nacional, calculado, sólo en la ciudad de Madrid, en más de un millón de personas. Voy a repetirlo, por si algún lector se ha despistado, y para comprobar que no hay ninguna errata: MÁS DE UN MILLÓN DE PERSONAS se tiraron a las calles, plazas y avenidas madrileñas al paso del autobús de dos pisos donde venía la Selección. Y estuvieron allí, celebrándolo, hasta altas horas de la madrugada. Mientras, el día anterior, al día siguiente, hoy, tenemos un montón de razones para salir a la calle, las tenemos desde hace muchos meses, quizá diríamos años, pero cada día que pasa tenemos nuevas razones, y más poderosas para salir a la calle por otros motivos...¡¡pero no salimos!! Tenemos razones para salir a la calle a protestar por los parados, por los deshauciados, por los que ya están en los niveles de pobreza, por los que no pueden mantener a su familia, por los pequeños empresarios y familias a los que los bancos no conceden créditos, mientras sus Directivos cobran pensiones e indemnizaciones multimillonarias, por los jóvenes sin futuro, por la precariedad laboral, por los recortes en Educación, en Sanidad, por la exclusión de medicamentos de la Seguridad Social, por la subida de tasas universitarias, y de autobuses, y de metro, y por el copago farmacéutico, y por las constantes rebajas de sueldo a los empleados públicos, y...y voy a ir terminando, porque sería interminable la lista de motivos.
A lo más que se llega es a una jornada de paro o de huelga general, y asisten unos cuantos miles de personas, cuando nos sobran razones para inundar, por esto sí, nuestras calles de una Marea Roja, pero no para recibir a nuestra Selección Nacional de Fútbol, sino para protestar y hacer valer nuestra fuerza en los temas que son realmente importantes. Decididamente, nos falta esa conciencia de que tenemos el poder, y de que podemos ejercerlo, de que podemos usar nuestra fuerza como clases populares, trabajadoras, y de que podemos romper cualquier medida, sistema o modo de vida que quieran imponernos. Está claro que no empezarán a cambiar las cosas hasta que no plantemos cara de verdad al sistema, hasta que no hagamos ver nuestra fuerza, y esto significa, hasta que no seamos capaces de tirarnos a la calle en movilizaciones salvajes, continuadas, y con millones de personas, en todas las ciudades españolas, y que no paremos hasta no comprobar resultados. Ya sé que son dos tipos de movilización muy distinta, y que la deportiva no tiene (al menos en principio) matices políticos, representando a la propia nación en sí misma, pero comparemos la importancia, valoremos los resultados, seamos conscientes de nuestra fuerza, y empleémosla en cosas realmente importantes, en cosas que de verdad pueden marcar nuestra vida y nuestro futuro como país.