Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Continuando desde el anterior artículo de esta serie, no debemos confundir prostitución con corrupción, porque en ésta última, que sí que es delito siempre, hay un afán de enriquecimiento personal, en patrimonio real, de quien la practica. Por ejemplo, si un cargo público cobra comisiones a ciertas empresas por la recalificación de terrenos, es un intercambio ilícito, que además va dirigido al enriquecimiento personal de quien lo practica. Esto es corrupción. Esto es un delito, que luego viene ya tipificado en el Código Penal en cualquiera de sus formas y manifestaciones: Fraude, Apropiación Indebida, Falsedad Documental, Blanqueo de Capitales, Estafa en Documento Público, etc. Pero siempre es un delito. Como también es delito el Tráfico ilegal de Personas, que es lo que practican las mafias que son dueñas en todo el mundo del negocio de la prostitución (sexual) a gran escala.
Luego por tanto la prostitución no puede ni debe ser perseguida como tal, ilegalizada en sí misma, pero sí las organizaciones (delictivas, criminales) que las organizan, es decir, que trafican con personas, que las esclavizan, que las engañan, que las presionan, que las explotan, para enriquecerse a través del negocio de la prostitución a gran escala. Lo que los Gobiernos deben hacer es perseguir, tomar medidas y endurecer la legislación en torno a los delitos de estas organizaciones, pero no en torno a la prostitución en sí misma, entendida como un intercambio consentido entre dos personas adultas. Básicamente, el delito se encuentra en estas mafias porque hay prostituidores (los que obligan a los demás a prostituirse) y prostituidos (las víctimas, los que son obligados a la prostitución).
Pero dicho todo esto, nos interesan más para nuestro artículo los otros tipos de prostitución, los que se prostituyen a sí mismos, libremente, simplemente por un ejercicio de cobardía, de ceder a las presiones de terceros, o a sus consejos o recomendaciones, por entender que eso es lo que les conviene; efectivamente, muchas personas se prostituyen diariamente en el ambiente conyugal, en el ámbito laboral, en el mundo político, sin darse cuenta de que renuncian a su honor, a su dignidad. Arcaicas palabras éstas que ya parecen usarse muy poco, pero que para los que seguimos creyendo en ellas, pensamos que son los valores que nos hacen realmente personas.
Y ahí es donde podremos encontrar los diversos tipos de prostitución que la gente practica, en multitud de situaciones, pero que la sociedad no les tilda bajo ese nombre, sino que los comprende, los justifica, y ataca únicamente a la prostitución sexual, por entenderla vejatoria, sin darse cuenta de que lo que realmente nos veja y nos humilla es la anulación de la capacidad de pensar libremente, de poder opinar, de poder creer, de poder sentir, y de poder realizarnos como personas. Síntomas evidentes de una sociedad con una escala de valores, a mi juicio, totalmente distorsionada.
Seamos por tanto muy críticos siempre con los temas relativos a la prostitución, porque por supuesto que ejerce la prostitución la chica que trabaja en el club de alterne, pero también la ejerce la abnegada esposa que se casa con el magnate para que la mantenga siempre provista de todo lo que le haga falta, y pueda llevar un tren de vida escandaloso, y también la ejerce en el mundo laboral toda aquélla persona que se deja avasallar y renuncia a sus principios o a sus derechos ante el chantaje de la empresa, o bien para obtener un mejor puesto, más remunerado, o con más poder e influencias, pero también la ejerce por ejemplo el líder político que sucumbe ante las presiones y renuncia a sus ideales para votar a favor o en contra de cierta propuesta, o aliarse con otro partido (los famosos tránsfugas), o renuncia a practicar la política que predica ante las presiones de otros sectores. La lista de situaciones y comportamientos sería interminable. Los calificativos también, pero todos ellos son ejemplos de prostitución.