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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Una política para las personas (VIII)

Nos reafirmamos, visto todo lo visto, en que otro mundo es posible, en que es factible modificar la trayectoria de los procesos sociales, y cambiar así la historia para construir otro mundo y una sociedad distinta. La historia es precisamente la mejor muestra de que somos los seres humanos quienes podemos agilizar los cambios, y por supuesto, determinar en qué dirección pueden y deben orientarse las grandes y las pequeñas tendencias que la mueven. Y pueden cambiarse, y dar lugar tanto a los acontecimientos que abren en un momento dado horizontes antes impensables, como a las minúsculas transformaciones que operan con gran lentitud y a veces de modo imperceptible. Una política hecha y pensada para las personas no es tan difícil o utópica como pudiera pensarse, pero exige, ya lo hemos dicho, una gran dosis de valentía, para romper toda una serie de principios, de montajes, de engranajes del funcionamiento actual de nuestra sociedad.

 

politica_personas81.jpgPero está claro que hay alternativas, y que hay que intervenir para hacerlas posible. Lo que ocurre es que los cambios sociales necesitan siempre fuerza social, el empeño político de la ciudadanía, ideas y voluntad para hacerlos efectivos, decisión y un proyecto capaz de encantar a muchos más de quienes inicialmente lo suscriben, y sobre todo, una visibilización nítida en toda la sociedad, que no puede ser sino la expresión de la movilización continuada, la plasmación de ese deseo de cambio colectivo. Todo esto debe plasmarse en una estructura social fuerte y poderosa, una sociedad civil tremendamente organizada y participativa, que no poseemos todavía. Desde la izquierda lo llamamos el "Estado Social Participativo". Hemos llegado a un punto donde esto es muy difícil, porque los resortes del mundo económico y político en la actualidad han llegado a un grado de implantación tal que hace que para la inmensa mayoría parezca que no son posibles los cambios. Pero nada más alejado de la realidad. Tenemos el mundo que hemos permitido tener. Tenemos los políticos que hemos permitido tener, y tenemos la economía que nos hemos permitido tener.

 

politica_personas82.jpgPor tanto, las medidas que proponemos desde la izquierda son totalmente viables, y mucho más realistas que hacer que funcionen, como defienden los neoliberales, mercados de competencia perfecta en medio de un universo de intereses oligopólicos y de grupos de poder sumamente concentrados, o economías con cientos de miles de personas pasando necesidad a base de reducir de manera constante sus ingresos. Necesitan, aunque eso no es poco, la asunción ciudadana, su apoyo y la movilización que las haga imprescindibles porque las desee la mayoría de la sociedad. Y para ello tenemos que romper tópicos que todavía sufre la izquierda en este país, tópicos que las clases dominantes han distribuido sobre nosotros, haciendo creer a la mayoría que nuestras propuestas no son realistas, que son poco menos que disparatadas. No nos dejemos engañar. Eso es lo a ellos les ha interesado vender sobre las propuestas de izquierdas, sobre el comunismo y sobre el socialismo. Pero no sólo son propuestas realistas y viables, sino que si se implantaran gradualmente, redundarían en un mayor crecimiento sostenible, y en una mayor redistribución de la riqueza, y por tanto en una mayor justicia social.

 

politica_personas83.jpgPara que llegue a ser posible todo esto es preciso romper las inercias y las imposiciones de los poderes actuales basadas en el poder del dinero, en la competitividad, en la manipulación informativa, en el pensamiento único y en la centralización de los procesos de decisión, desarrollando otro sistema completamente distinto, plural, libre y realmente democrático fundado en la franca deliberación, en la información libre, en la convivencia plural, en el reparto, en la tolerancia y en el respeto a cualquier manifestación de diversidad. Frente al poder de unos pocos, que ha hecho de nuestra economía una fuente de frustraciones y de perturbaciones constantes, de crisis y de desequilibrios ya casi irresolubles, deberíamos ser capaces de construir sociedades de contrapoderes en las plazas públicas, pero sobre todo en los centros de trabajo, en los barrios y también en la vida personal y diaria, donde tan a menudo esta sociedad reproduce la esclavitud y la discriminación, por ejemplo en el caso de las mujeres.

 

politica_personas84.jpgY un gran puntal de una política dedicada y pensada para las personas es la transparencia. Para explicar esto con total rotundidad y que se entienda, vamos a poner como ejemplo una serie de acontecimientos ocurridos hace muy poco tiempo, como son las negociaciones para el rescate bancario de España por parte de la Unión Europea. Vamos primero a relatar a grosso modo cómo se ha hecho, y luego propondremos cómo se debería haber hecho, respetando los principios de transparencia y de democracia. Las negociaciones sobre el rescate bancario primero se negaron (mentir), después se celebraron durante varios días con total secretismo (ocultación de información), y luego se anunciaron a bombo y platillo en el sentido de que era beneficioso para España (de nuevo mentir), y todo ello sin el beneplácito de la sociedad española (ausencia de participación). Pues bien, suponiendo que esta situación se tuviera que haber dado (cosa que es muy discutible), en primer lugar se debe comunicar a la ciudadanía que se van a establecer negociaciones (claridad y transparencia), después de las mismas informar a la sociedad sobre los acuerdos, sus ventajas e inconvenientes (sin ocultación de información), y por último, celebrar un referéndum para que dicho acuerdo sea o no ratificado por el pueblo (participación y democracia). Sirva este ejemplo para demostrar lo lejos que están las prácticas políticas actuales de las deseadas.

 

politica_personas85.jpgPero claro, hacer las cosas de esta forma pudiera atentar contra los intereses de esa clase dominante que nos gobierna (en España y en Europa), por lo que quienes se están aprovechando de una forma tan privilegiada del modo en que ahora funcionan las cosas en el mundo económico nunca van a reconocer que sean factibles cualesquiera de las medidas que proponemos, y que evidentemente coartarían su grado de influencia, de poder, y cómo no, sus ingresos. Pero es que el modo en que queramos que sea el mundo no depende sólo de su deseo, sino del deseo de todos, porque a la hora de decidir qué política económica poner en pie, debe valer tanto la preferencia del más rico de los banqueros, como la del ser más humilde. Y es justamente a éste a quien creemos que ha llegado ya la hora de darle la palabra, no sólo para que cada cuatro años elija cada vez más inútilmente entre quienes luego no tienen capacidad de hacer efectivas sus promesas, sino en los espacios abiertos del debate y de la movilización social, para crear un poder ciudadano que se imponga frente a quienes ahora deciden todo tras las tramoyas del mercado. Finalizaremos en la siguiente entrega, que será ya el último artículo de esta serie.

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